SAN
CIRILO de JERUSALÉN
Obispo y Doctor de la Iglesia
(315-386)
HOMBRE SERENO Y PACIFICO
San Cirilo de Jerusalén era un hombre lleno de paz y mansedumbre en medio de las agitaciones de su tiempo. Nació en Jerusalén el año 315. Tal vez pasó su juventud en la vida monástica, entregado al estudio y a la oración. A los treinta años San Máximo de Jerusalén lo ordenó sacerdote.
SUS TAREAS EPISCOPALES
Elegido obispo, de Jerusalén, instruía al pueblo, atraía a los alejados y socorría a los pobres. Con motivo de una gran hambre, lo socorrió vendiendo los tesoros de la Iglesia.
LUCHAS TEOLOGICAS
Los Concilios intentarán poner cauce y límite en las grandes luchas teológicas, no en vano este siglo IV es el siglo de las polémicas. Los doctores escriben, argumentan, se atacan en medio de una gran efervescencia. En medio de las discusiones y los libros polémicos, surge un hombre conciliador, Cirilo, y un libro sereno y reposado, sus Catequesis. Hilario y Atanasio le apoyaban.
SUFRIMIENTO PASTORAL
Cirilo sufría al ver las luchas fratricidas de los obispos. El pueblo fiel se desconcertaba. Cirilo buscaba la moderación y el compromiso, pero reprobaba los errores, como el arrianismo, que negaba la divinidad de Jesucristo, y el sabelianismo, que negaba la distinción de personas en la Trinidad.
PERSEGUIDO POR LOS ARRIANOS
Los arrianos se volvieron violentamente contra él. Le acusaron y lograron que fuera depuesto y expulsado de su Sede, la Iglesia de Jerusalén. Tres veces fue desterrado, y tuvo que vivir durante once años entre las lauras de los anacoretas. Asistió al Concilio I de Constantinopla, ecuménico II, tuvo el consuelo de ver el triunfo de sus ideas y de contemplar con gozo que iba renaciendo la concordia en el pueblo de Dios.
INSTRUIR BIEN A SUS FIELES
La tarea principal de San Cirilo era la tranquila instrucción de su pueblo sobre todos los misterios de nuestra fe, empezando por la preparación de los catecúmenos para la recepción del bautismo. Sus Catequesis son un modelo de sencillez y profundidad. Son catequesis mistagógicas, porque introducían a sus oyentes en el misterio. Las predicaba incansablemente y muchas veces lo hacía en la misma capilla del Santo Sepulcro.
PULULABAN LOS ERRORES SOBRE LA TRINIDAD
En un tiempo de tantos errores trinitarios, exponía la verdadera doctrina claramente. «Nuestra esperanza está en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo. No predicamos tres dioses. ¡Callen los marcionistas! No admitimos en la Trinidad ni confusión, como Sabelio, ni separación, como los arrianos.
LA PRESENCIA REAL EN LA EUCARISTIA
Uno de los misterios que trata con más precisión es el de la presencia real. Dice a los neófitos: «Bajo la figura del pan recibís el Cuerpo de Cristo, y bajo las apariencias de vino recibís su Sangre, y esa recepción hace de vosotros un solo cuerpo y una sola sangre con Él».Luego explica cómo acercarse los fieles a la sagrada mesa: «Haced de vuestra mano izquierda como un trono en que se apoye la mano derecha, que ha de recibir al Rey. Santificad luego vuestros ojos con el contacto del Cuerpo divino y comulgad. No perdáis la menor partícula. Decidme: Si os entregasen pajuelas de oro ¿no las guardaríais con el mayor cuidado? Pues más preciosas que el oro y la pedrería son las especies sacramentales».
ECUANIME Y MODERADO
Hombre prudente y moderado, no quería entrar en controversias, ni usar términos discutibles. Prefería servirse de fórmulas ya consagradas, que no molestaran a nadie. Es más catequista que teólogo, que instruye piadosamente y con sencillez a sus fieles y así lo la honrado siempre la Iglesia como “príncipe de los catequistas”. Pudo ver su sueño de ver apaciguados los espíritus a punto de florecer y poder contemplar la cosecha, por lo que tanto había luchado. Así entregó su alma a Cristo, por quien tanto había sufrido.
P. JESÚS MARTÍ BALLESTER