BEATA MARIA DOLORES RODRIGUEZ SOPEÑA
Autor: Jesús Marti Ballester


10 de Enero

EN BOCAIRENTE

Era en agosto de 1972. Las Damas Catequistas, así se llamaban entonces, habían recibido un campo en las montañas de Bocairente, donde descansaban en verano y allí me invitaron a predicarles unos retiros. Así es como Dios me dio la oportunidad de ponerme en contacto con otra santa más, de las muchas que colecciono en mi devocionario. Y como fray Luís de León dijo de Santa Teresa que no había conocido a la Madre personalmente, sino en sus libros y en sus hijas, puedo yo decir, que he conocido a Dolores Sopeña en sus hijas sencillas, cultas y colmadas de caridad, allá, en las montañas de Bocairente, aquellos días de verano del año memorable para mí de 1972. Conozcamos ahora algunas pinceladas de su vida.

María Dolores Rodríguez Sopeña nace en Vélez Rubio, provincia de Almería, en 1848, Sus padres, Tomás Rodríguez Sopeña e Nicolasa Ortega Salomón, castellanos, se habían trasladado allá desde Madrid. Como Don Tomás había terminado su carrera judicial demasiado joven, y  no podía ejercer, consiguió un empleo como administrador de las fincas de los marqueses de Vélez.

EN LAS ALPUJARRAS

La infancia y adolescencia de Dolores los vive en distintos pueblos de las Alpujarras donde su padre ejerce ya como magistrado. Para María Dolores esta etapa de su vida es un «lago de tranquilidad». Cuando su padre es nombrado Fiscal de la Audiencia de Almería, Dolores tiene 17 años. No le gustaban ni las fiestas ni la vida social; sólo deseaba hacer bien a los demás. En Almería tiene sus primeras experiencias apostólicas: atiende, material y espiritualmente, a dos hermanas enfermas de tifus y a un leproso, a escondidas por miedo a que se lo prohibiesen sus padres. Visita a los pobres de la Conferencia de San Vicente de Paúl con su madre. Su padre es trasladado a la Audiencia de Puerto Rico, donde viaja con uno de sus hijos y el resto de la familia se instala en Madrid. Dolores elige un director espiritual y colabora enseñando la doctrina en la cárcel de mujeres, en el hospital de la Princesa y en las Escuelas Dominicales.

PUERTO RICO

En 1872, la familia se reúne en Puerto Rico. Dolores tiene 23 años y permanecerá en América hasta los 28. El P. Goicoechea dirige espiritualmente su alma. Funda la Asociación de Hijas de María y Escuelas para las personas de color donde alfabetiza y enseña el catecismo. Su padre es nombrado Fiscal de la Audiencia de Santiago de Cuba. Estalla un cisma religioso en la isla y su acción se reduce a visitar a los enfermos del hospital militar. Quiere ingresar en las Hermanas de la Caridad, pero no la aceptan por su falta de vista, dolencia que la acompañará toda la vida, por una intervención quirúrgica desafortunada.

CENTROS DE INSTRUCCIÓN

Al terminar el cisma empieza a trabajar en los barrios marginales y funda los «Centros de Instrucción», donde enseña el catecismo y cultura general y también se da asistencia médica. La ayudan en esta obra muchas colaboradoras. En Cuba muere su madre, su padre se jubila y vuelven a Madrid en 1877, donde se dedica al cuidado de la casa y de su padre, al apostolado y al cultivo de su vida espiritual: elige director espiritual y empieza a hacer cada año los Ejercicios Espirituales de san Ignacio. En 1883 muere su padre y se reavivan sus luchas de su vocación.

EN EL MONASTERIO DE LAS SALESAS

El P. López Soldado jesuita la orienta hacia las Salesas, aunque ella nunca se había planteado una vida contemplativa. A los diez días sale pues comprobó que no era esa su vocación. Al salir se dedica con más intensidad al apostolado. Abre una «Casa Social» donde tramita los asuntos que le presentan sus visitas al hospital y a la cárcel. Al visitar a una de las presas que acababa de quedar en libertad, conoce el Barrio de las Injurias. Es el año 1885. Dolores tiene 36 años.

OBRA DE LAS DOCTRINAS. MOVIMIENTO DE LAICOS SOPEÑA

Al ver la situación moral, material y espiritual de la gente, empieza a visitar el barrio todas las semanas e invita a muchas de sus amigas. Ahí empezará la «Obra de las Doctrinas», antecedente de sus «Centros Obreros». El obispo de Madrid, D. Ciríaco Sancha, le sugiere en 1892 fundar una Asociación de Apostolado Seglar, que hoy es el «Movimiento de Laicos Sopeña», que será aprobado por el Ministerio de Justicia. La Obra se extiende en 8 barrios de la capital.

EXTENSION DE LA OBRA

En 1896 empieza su actividad fuera de Madrid. Funda la Obra en Sevilla. Dimite como Presidenta en Madrid y se establece en Sevilla. En sólo cuatro años realiza 199 viajes por toda España para establecer y consolidar la Obra de las Doctrinas. A su vez, acompaña al valenciano P. Tarín, otro santo, en algunas misiones por Andalucía. En el año 1900 participa en una peregrinación a Roma en el Año Santo. Hace un día de retiro en el sepulcro de San Pedro y allí recibe la confirmación de fundar un Instituto Religioso que diera continuidad a la Obra de las Doctrinas y que ayudara a sostener espiritualmente a la Asociación laical. El Cardenal Sancha, ya arzobispo de Toledo, le propone fundar allí.

Instituto Catequista Dolores Sopeña

El 24 de septiembre de 1901, en Loyola, después de unos Ejercicios Espirituales practicados junto con ocho compañeras, se levanta acta de fundación del «Instituto de Damas Catequistas», hoy «Instituto Catequista Dolores Sopeña», aunque la fundación oficial fue el 31 de octubre en Toledo. Una de sus grandes intuiciones fue fundar, al mismo tiempo, una Asociación civil, hoy llamada «Obra Social y Cultural Sopeña - OSCUS», que, en 1902, consigue el reconocimiento del gobierno. En 1905 recibe de la Santa Sede el Decretum laudis y, el 21 de noviembre de 1907, la aprobación de las Constituciones concedida directamente por San Pío X.

INVASION LAICISTA

Sus «Doctrinas» se fueron transformando en «Centros Obreros de Instrucción», a los que asistían obreros fuertemente influenciados por el anticlericalismo y no se podía dar enseñanza de religión directamente. Esto también determina que las religiosas de este Instituto no lleven hábito ni un signo religioso externo, entonces gran novedad. Cambia sus medios y sus métodos para poder conseguir acercarse a los obreros «alejados de la Iglesia», que no habían podido recibir instrucción cultural, moral ni religiosa y unir a los «distanciados socialmente», entonces, «la clase obrera y del pueblo» con la «alta y acomodada». Esto lo resume en dos líneas: dignificar al trabajador y crear fraternidad.

VIDA PROFUNDA

En la raíz de su entrega al servicio de los demás hay una fe profunda y auténtica, una rica espiritualidad un ansia en amores inflamada, que diría San Juan de la Cruz. Su compromiso por la dignidad de la persona brota de su experiencia de un Dios Padre de todos, que nos ama con una ternura infinita y desea que vivamos como hijos y hermanos. De ahí nace su gran deseo de «Hacer de todos una sola familia en Cristo Jesús.» Su gran unión con Dios le permite descubrirlo presente en todo y en todos, especialmente en los más necesitados de dignidad y afecto.

PIONERA Y RELEGIDA SUPERIORA GENERAL

Salir al encuentro de cada persona en su situación, introducirse en los barrios marginales de la época, era inconcebible para una mujer a finales del siglo XIX. El secreto de su audacia es su fe, su confianza sin límites, que reconoce como su mayor tesoro y que la hace sentirse instrumento en manos de Dios, instrumento al servicio de la fraternidad, del amor, de la misericordia, de la igualdad, de la dignidad, de la justicia, de la paz... En pocos años, establece comunidades y Centros en las ciudades más industrializadas de entonces. En 1910 se celebra el primer Capítulo General y es reelegida Superiora General. En 1914 funda en Roma y en 1917 viajan las primeras Catequistas para abrir la primera casa en América, concretamente en Chile.

EL GRANO DE TRIGO QUE CAE Y DA MUCHO FRUTO

El 10 de enero de 1918, Dolores Sopeña muere en Madrid con fama de santidad. El día 11 de julio de 1992, Juan Pablo II declara heroicas sus virtudes y el 23 de abril de 2002 se promulgó el Decreto de Aprobación del milagro que ha dado paso a su Beatificación. Actualmente la Familia Sopeña, formada por las tres instituciones que dejó fundadas, el Instituto Catequistas Dolores Sopeña, el Movimiento de la Laicos Sopeña y la Obra Social y Cultural Sopeña, trabaja en España, Italia, Argentina, Colombia, Cuba, Chile, Ecuador, México y República Dominicana.

JESUS MARTI BALLESTER

 

Jesús Marti Ballester

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