
BEATA MARIANA DE JESÚS NAVARRO
RELIGIOSA MERCEDARIA
Abril 17
Martirologio
Romano: En Madrid, en España, beata María Ana de Jesús Navarro de
Guevara, virgen, la cual, después de superar la oposición de su padre, recibió
el hábito de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, dedicándose a la vida de
oración, penitencia y ayuda a pobres y afligidos (1624)
La extática y maravillosa virgen
Maria Ana de Jesús, nació en Madrid el 21 de enero de 1565, de muy noble e
ilustre linaje. Su padre Luis Navarro Ladrón de Guevara servia en la
corte del rey don Felipe III.
Cuando llevaban en brazos a la iglesia aquella santa niña, notaban que al
tiempo de alzar la Hostia y el Cáliz se que daba arrobada; y cuando apenas
sabía andar por sus pies, buscaba algún lugar recogido de su casa; y allí la
veían puesta en oración delante de una imagen de nuestro Señor crucificado,
bañados los ojos en lágrimas o cercado su rostro de resplandores.
Gozaba de la presencia visible de su Ángel custodio; y platicaba de la
beatísima Trinidad, de la Encarnación del Verbo, y de la adorable Eucaristía,
que son los más inefables Misterios de nuestra divina Religión, como de cosas
que más parecía entenderlas que creerlas.
Recibió la primera comunión en edad muy temprana, y cada vez que tomaba el Pan
de los ángeles, parecía transformarse en un ángel que gozaba de Dios. Mas, ¿quién
no se espantará ahora de las durísimas pruebas por que hubo de pasar esta alma
angelical?.
Muy presto tuvo en lugar de madre una madrastra de condición asperísima, que la
afligía sobremanera, y no le iba el padre a la mano tanto como debiera, especialmente
cuando la santa doncella hizo voto de perpetua virginidad, contra la voluntad
del padre que quería casarla.
Era ella, de gentil disposición y muy hermosa. Se cortó un día con las tijeras
la rubia cabellera, pensando que así se entibiaría el amor del que la
pretendiera por esposa. Entonces fue cuando su padre y su madrastra salieron de
sí y cargaron sobre ella una tempestad de injurias y golpes, con tanto enojo y
crueldad, como si fueran verdugos de su hija mártir. Cuando cesaron los malos
tratos, Dios permitió que su sierva se viese todo los instantes del día
fieramente atormentada por torpísimas imaginaciones y tentaciones las cuales le
duraron once años, y a todo esto se añadían penosísimas enfermedades y
agudísimos dolores, que acrisolaron como el oro su invencible paciencia.
Dejó al fin la casa de sus padres, y con la aprobación del venerable Fray Juan
Bautista, que era su confesor, y fue el fundador de los Mercedarios descalzos,
se labró una celdilla junto a la ermita de santa Bárbara, y recibió después el
hábito de nuestra Señora de la Merced de manos del Maestro general de la orden:
y en aquella pobrísima casa la visitaban hasta los príncipes, porque era muy
grande la fama de sus arrobamientos, milagros y profecías.
Finalmente, después de una vida llena de trabajos y celestiales consuelos, en
un éxtasis suavísimo entregó su alma al Señor a los cincuenta y nueve años de
su edad. Era el 17 de abril de 1624.
El Papa Pío VI la proclamó beata el 25 de mayo de 1784.