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BEATO MANUEL GONZALEZ GARCIA 4 de Enero |
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MIS RECUERDOS DE DON MANUEL. Era yo muy jovencito cuando conocí a Don Manuel. Os
cuento: De los 36 niños que habíamos ingresado en el seminario en el
curso 1932-33, regresamos al seminario 2, al terminar LO QUE PUEDE UN CURA HOY Su libro LO QUE PUEDE UN CURA HOY, resultó un
punto de referencia para los sacerdotes de la primera mitad del siglo XX. Ya
sacerdote, lo leí de cabo a rabo y muchas de mis actuaciones primerizas
venían inspiradas en dicho libro. Aquel consejo de que la iglesia parroquial
abriera sus puertas antes que las otras casas de la parroquia, lo cumplía con
el consiguiente madrugón y el asombro de los feligreses. FIGURA SEÑERA Don Manuel nació en Sevilla en 1877, en una familia
humilde y profundamente religiosa. Su padre, Martín González Lara, era
carpintero, su madre, Antonia, se ocupaba del hogar. En este ambiente Manuel
creció serenamente. Dejó huella en su corazón haber formado parte de los
famosos «seises» de la catedral de Sevilla, que bailaban y cantaban en las
solemnidades del Corpus y de AL SEMINARIO Sin avisar a sus padres se presentó al examen
de ingreso al seminario. Sus buenos padres acogieron la sorpresa considerando
como manifestación de los caminos de Dios y aceptándolos como tales.
Costeó sus estudios trabajando como fámulo. El 21 de septiembre de 1901, le
confirió el sagrado presbiterado el hoy beato cardenal Marcelo Spínola. PALOMARES DEL RIO SU PRIMER DESTINO En 1902 fue enviado a dar una misión en Palomares del
Río. Él mismo nos describe esta experiencia. Escuchó las desalentadoras
perspectivas que le presentó el sacristán, y dice: «Fuime
derecho al Sagrario... y ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Qué esfuerzos tuvieron que
hacer allí mi fe y mi valor para no salir corriendo para mi casa! Pero, no
huí. Allí de rodillas... mi fe veía a un Jesús tan callado, tan paciente, tan
bueno, que me miraba... que me decía mucho y me pedía más, una mirada en la
que se reflejaba todo lo triste del Evangelio... La mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no
se olvida nunca. Vino a ser para mí como punto de partida para ver, entender
y sentir todo mi ministerio sacerdotal». Esta gracia irá madurando en su
corazón.
El arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola
y Maestre, había vivido en sus años jóvenes en Huelva, ejerciendo de abogado,
y seguía, como arzobispo, con gran preocupación, su vida eclesial, que
ofrecía, en sus pastores y en sus fieles, un panorama poco esperanzador. Y tomó una decisión arriesgada. D. Manuel
González, recién ordenado, había ya dado muestras de extraordinarias dotes
intelectuales y apostólicas, pero todavía no había cumplido 28 años. El
sacerdote, que consideraba como fundamental la virtud de la obediencia, nos
relata la entrevista: «Llamado una mañana- cuenta - por mi santo Arzobispo,
Pastor a lo Buen Pastor y, a fue de tal, de una delicadeza suma en todos sus procederes, me dice sonriente: -¿Quiere Vd. ir a Huelva? - Yo voy volando a donde me mande mi prelado. - No; yo no le mando ir a Huelva; aquello está tan
mal, y, lo que es peor, tan dividido entre los pocos buenos... Estoy tan
harto de probar procedimientos para mejorarlo sin obtenerlo, que me he
acordado de Vd. como última tentativa; al fin y al cabo Vd. es joven y, si se
estrella en Huelva, como lo temo, el mismo que lo lleva lo puede traer. Pero,
repito, esto no es un mandato sino un deseo. -Señor, los deseos de mi prelado son para mí órdenes,
¿cuando quiere que me vaya? -No, no; ahora se va Vd. a su casa y, durante tres
días y con completa reserva de esta conversación, madure este deseo mío
delante de su Sagrario y vuelva después con su decisión. -Espero, con la gracia de Dios, que dentro de tres
días vendré aquí a decir a V. E. lo mismo que ahora le digo. Me despedí y ¡qué tres días pasé! ¡Sin apenas dormir
ni comer y con esfuerzos sobrehumanos para conservar la buena cara y el buen
humor! ¡Había oído hablar en todos los años de mis estudios
tan mal de la situación religiosa en Huelva...! Llegado el tercer día, me presenté de nuevo al señor
Arzobispo. -Sr., aquí me tiene para repetirle lo que le dije el
otro día; ¿Cuando quiere que me vaya a Huelva? -Pero, ¿así? ¿tan decidido? -Sí, señor; completamente decidido. Ahora, que, como
a mi Prelado debo hablar como al Jesús de mí Sagrario, debo decirle que me
voy a Huelva tan decidido en mi voluntad como contrariado en mi gusto. -Me lo explico y no me extraña; espero que ese
desprecio de su gusto, para abrazarse a la voluntad del Prelado le ayudará
mucho en su misión en Huelva. Sé que es Vd. muy joven para un Arciprestazgo
tan importante y para lo malo que está aquello; yo he vivido allí y lo
conozco, pero ¡no importa! Vaya, pruebe y si no le va bien, se viene. La puertas de este palacio siempre estarán abiertas
para Vd.; y en mí siempre tiene un Padre a quien le puede contar todo, que lo
recibirá con los brazos abiertos ». ARCIPRESTE DE HUELVA «El 1 de marzo de 1905, fui nombrado Cura Ecónomo de
san Pedro de Huelva; tomé posesión el día 9. El 16 de junio fui nombrado
arcipreste». Fue nombrado Cura ecónomo o regente porque el Cura
propio, D. Manuel García Viejo, vivía aún, aunque ya muy anciano y achacoso. Al dar cuenta el Arzobispo a unos católicos onubenses
del nombramiento que acababa de hacer, les dijo: «Envío a Vds. una alhajita». SU PROGRAMA Lo decisivo para él, al llegar a Huelva no era
hacerse presente en la sociedad onubense de cualquier manera, sino hacerse
presente con la fuerza salvadora de Jesús, que brota de la Eucaristía. ¿Por dónde empezar? Se propuso hacer de la Eucaristía
celebrada y adorada, la cumbre y la fuente de toda su actividad. Así se
anticipó al Concilio Vaticano II: «La sagrada liturgia no agota toda la
actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la
liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a FAMILIAS Y ESCUELAS Se preocupó también de la situación de las familias
necesitadas y de los niños, para los que fundó escuelas. Tanto la biología
como la experiencia nos demuestran la existencia de gemelos biológicos
lo que podemos comprobar en la vida, en la sociedad familiar y en la
relación de cada día. También la historia nos demuestra la existencia de
personas gemelas no biológicas, unas veces de carácter y trayectoria, ya sean
estadistas, como Kennedy y Lincoln; educadores, como D. Manuel González
García, Arcipreste de Huelva y Obispo de Málaga y D. Manuel Siurot, a quien don Manuel llamaba su alter ego y que
colaboró en la educación creando y dirigiendo escuelas, tanto en Huelva como
en Málaga. MARIAS DE LOS SAGRARIOS ABANDONADOS El 4 de marzo de 1910, ante un grupo de
colaboradoras, derramó el gran anhelo de su corazón. Así nos lo narra:
«Permitidme que, yo que invoco muchas veces la solicitud de vuestra caridad
en favor de los niños pobres y de todos los pobres abandonados, invoque hoy
vuestra atención y vuestra cooperación en favor del más abandonado de todos
los pobres: el Santísimo Sacramento. Os pido una limosna de cariño para
Jesucristo Sacramentado... os pido por el amor de María Inmaculada y por el
amor de ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de esos
Sagrarios abandonados». Así nació MISIONEROS EUCARISTICOS Funda los sacerdotes Misioneros Eucarísticos en 1918;
la congregación religiosa de Misioneras Eucarísticas de Nazaret en 1921, en
colaboración con su hermana María Antonia, la institución de Misioneras
Auxiliares Nazarenas en 1932, y RÁPIDA PROPAGACIÓN La rápida propagación de la Obra en otras diócesis de
España y América, a través de la revista «El Granito de Arena», le impulsó a
solicitar la aprobación del Papa. Don Manuel llegó a Roma en 1912, y el 28 de
noviembre fue recibido por el Papa San Pío X, a quien fue presentado como «el
apóstol de la Eucaristía». San Pío X se interesó por toda su actividad
apostólica y bendijo la Obra. OBISPO AUXILIAR DE MALAGA El Papa Benedicto XV le nombra obispo auxiliar de
Málaga y recibe la ordenación episcopal en 1916 y en 1920 fue nombrado obispo
residencial, acontecimiento que decidió celebrar dando un banquete a los
niños pobres, en vez de a las autoridades; que, junto con los sacerdotes y seminaristas,
sirvieron la comida a los tres mil niños. COMO EN HUELVA Como pastor de la diócesis malagueña, inició su
misión tomando contacto con su grey para
conocer sus necesidades. Como en Huelva, potenció las escuelas y catequesis
parroquiales, practicó la predicación callejera conversando con todo el que
se encontraba de camino... y descubrió que la necesidad más urgente era la de
sacerdotes. Este problema debía afrontarse desde la situación del seminario,
la cual era lamentable. UN NUEVO SEMINARIO Con una confianza sin límites en la mano providente
del Corazón de Jesús, emprendió la construcción de un nuevo seminario que
reuniese las condiciones necesarias para formar sacerdotes sanos humanos,
espiritual, pastoral e intelectualmente. Sueña y proyecta «un seminario
sustancialmente eucarístico. En el que la Eucaristía fuera: en el orden
pedagógico, el más eficaz estímulo; en el científico, el primer maestro y la
primera asignatura; en el disciplinar el más vigilante inspector; en el
ascético el modelo más vivo; en el económico la gran providencia; y en el
arquitectónico la piedra angular».
A sus sacerdotes, y a los miembros de las diversas
fundaciones que realizó, les propondrá como camino de santidad «llegar a ser
hostia en unión de la Hostia consagrada», que significa «dar y darse a Dios y
en favor del prójimo del modo más absoluto e irrevocable». Manuel González no
escatima esfuerzos para mejorar la situación humana y espiritual de su
diócesis. Su ingente actividad hace que no pase desapercibido, y con la
llegada de la República a España su situación se hace delicada. LLAMAS EN EL PALACIO EPISCOPAL El 11 de mayo de 1931 el ataque es directo, le
incendian el palacio episcopal y ha de trasladarse a Gibraltar para no poner
en peligro la vida de quienes lo acogen. Al salir de su palacio incendiado,
le preguntarán los milicianos, a dónde quiere que lo lleven y contestó.
¿Ustedes creen que me dedico por las noches a dormir fuera de mi casa? Y
cuando ya encuentra refugio les dice a las monjitas que con él habían
sumido las hostias consagradas del sagrario: “Hermanas, ya tienes ustedes
cosas que contar para cuando sean viejas”. Desde 1932 rige su diócesis
desde Madrid, y el 5 de agosto de 1935 el Papa Pío XI lo nombra obispo de
Palencia. En el discurso de entrada se emocionó mucho y dijo: “Necesitaba
llorar de alegría después de haber llorado tantos años de amargura”. “Me
duele el corazón de tanto amar”. Con estilo ágil, lleno de gracia andaluza y de
unción, transmitió el amor a la Eucaristía, introdujo en la oración, formó
catequistas, guió a los sacerdotes. Entre sus libros, destacamos: "El
abandono de los Sagrarios acompañados", "Oremos en el Sagrario como
se oraba en el Evangelio", "Artes para ser apóstol", "La
gracia en la educación", "Arte y liturgia", etc. Escritos que
por su gran difusión se han recopilado en la edición de sus Obras Completas. ENFERMO Los últimos años su salud empeora notablemente,
prueba que vive de modo heroico, sin perder la sonrisa de su rostro siempre
amable y acogedor, y la aceptación de los designios del Padre. Al salir de
Palencia para Madrid, desde la camilla ante el sagrario de su capilla, le
dijo al Señor: "Si quieres que vuelva, bendito seas, si no quieres que
vuelva, bendito seas". En la clínica pide que le situen
cerca de la ventana para ver la luz: "Hermana, le dice a la religiosa
enfermera, soy andaluz". El 4 de enero de 1940 entregó su alma al Señor.
Fue enterrado en la catedral de Palencia, donde podemos leer el epitafio que
él mismo escribió: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis
huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre
diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis
abandonado!». He tenido el regalo de poder orar en esa capilla de la Catedral
de Palencia ante su lápida a los pies del sagrario. Juan Pablo II declaró sus
virtudes heroicas el 6 de abril de 1998, y aprobó el milagro atribuido a su
intercesión el 20 de diciembre de 1999. Manuel González García, obispo de
Málaga y de Palencia, fue una figura significativa y relevante de la Iglesia
española durante la primera mitad del siglo XX. PALABRAS DE JUAN PABLO II EN LA BEATIFICACION “Esa fue la gran pasión del nuevo beato Manuel
González García, obispo de Málaga y después de Palencia. La experiencia
vivida en Palomares del Río ante un sagrario abandonado le marcó para toda su
vida, dedicándose desde entonces a propagar la devoción a la Eucaristía, y
proclamando la frase que después quiso que fuera su epitafio: “¡Ahí está
Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!". Fundador de las Misioneras
Eucarísticas de Nazaret, el beato Manuel González es un modelo de fe
eucarística, cuyo ejemplo sigue hablando a la Iglesia de hoy”. JESUS MARTI BALLESTER |
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JESUS MARTI BALLESTER |