
BEATO SALVADOR MOLLAR VENTURA
FRANCISCANO MARTIR
27 OCTUBRE
El 27 de
marzo de 1896 nació en Manises, pueblo que dista unos 6 Km de
Valencia, el cuarto de los siete hijos que tuvieron Bautista Mollar y María
Ventura. Formaban un hogar de gente pobre y trabajadora, a la vez que humilde y
sencilla, honrada y cristiana. Dos días después de su nacimiento, bautizaron a
su hijo en la parroquial de San Juan Bautista, y le llamaron como a su padre.
Dada la situación económica familiar, Bautista estudió sólo la enseñanza
primaria en las escuelas nacionales del pueblo, y muy pronto tuvo que empezar a
trabajar a fin de ayudar a los suyos.
Hasta su ingreso en la Orden franciscana, estuvo muy vinculado a la Parroquia.
Los domingos enseñaba el catecismo a los niños y recitaba con ellos el rosario.
Siendo ya mayorcito, el joven Bautista se retiraba todos los años, durante unos
días, al monasterio franciscano de Santo Espíritu del Monte (Gilet-Valencia).
Sin duda, aquel contacto con los religiosos fomentó en él la vocación
franciscana. El 20 de enero de 1921, vistió allí mismo el hábito de San
Francisco como hermano no clérigo, cambiando el nombre de pila por el de
Salvador, y, terminado el noviciado, emitió su profesión religiosa el 22 de
enero de 1922, a la edad de 25 años. Alguna persona recomendó a su
madre que no permitiera al hijo irse de fraile por la merma que supondría en
los ingresos familiares; pero la madre respondió: «Estoy contenta de que siga
su vocación, pues él será como una lámpara encendida que arderá siempre ante el
Sagrario».
Los quince años de vida religiosa de fray Salvador se desarrollaron
entre los conventos de Santo Espíritu y de Benissa, y una estancia de tres
años (1930-33) en San Francisco el Grande de Madrid. Siempre desempeñó el
oficio de sacristán, y lo hizo con gran esmero y pulcritud, no menos que con
espíritu de piedad y devoción; su tarea principal no le impedía ocuparse
también de otros menesteres del convento, o de salir de limosnero por las casas
y campos para sustento de los niños y jóvenes del seminario menor franciscano.
El comportamiento devoto y virtuoso que ya de seglar observaba fray Salvador
se afianzó y acrecentó en el claustro. Era humilde, obediente y sacrificado. De
carácter alegre, jovial y optimista.
Al estallar la guerra civil española fray Salvador buscó refugio en Manises,
en casa de su hermana. Allí permaneció fray Salvador haciendo vida
retirada, ayudando a sus familiares en los trabajos domésticos, sin descuidar
sus prácticas piadosas y ejercicios espirituales. Según declaran los testigos,
presentía su martirio, para el que se preparaba en la plena aceptación de la
voluntad de Dios.
El 13 de octubre de 1936 se presentaron unos milicianos en casa de la hermana
de fray Salvador con el pretexto de hacer un registro. Fue encerrado
hasta el día 27 de octubre de 1936.
Lo fusilaron la noche del 27 de octubre de 1936 en el tristemente célebre
«Picadero de Paterna». Tenía entonces fray Salvador 40 años de edad y
15 de hábito franciscano.
Se había distinguido por su sencillez, honradez y dedicación al trabajo, sin
manifestación ni implicación alguna en el campo social o político, etc., no
pudo haber otro motivo para su asesinato que su condición de religioso. Además,
no fue juzgado, sino que directamente lo llevaron al «Picadero» por odio a la
fe y por el mero hecho de ser fraile.
Del mismo fray Salvador conservamos un testimonio de inestimable
valor sobre su preparación para el martirio, su firmeza en la fe, su actitud de
perdón de los verdugos y sus deseos de cielo
En 1939, terminada la guerra civil, los restos fueron trasladados a Manises,
allí recibidos en el patio del monasterio de las religiosas carmelitas
descalzas, donde había estado encerrado fray Salvador y de donde
salió para su inmolación, y finalmente inhumados en el cementerio local junto a
otros mártires.
Beatificados por Juan Pablo II, el 11-3-2001. Del grupo de los 233 mártires de
Valencia. Fiesta el 8 de septiembre.