
Beata María Teresa de Soubiran La Louvière
20
OCTUBRE
SU FAMLIA
La familia Soubiran pertenecía a la antigua nobleza. Sus orígenes
datan por lo menos del siglo XIII, y entre sus antecesores indirectos se
cuentan San Luis de Francia, San Eleazar de Sabran y su esposa Santa Delfina, la Beata
Rosalina de Villeneuve, Santa Isabel de Hungría y buena parte de
las familias reales de Europa. En el segundo cuarto del siglo XIX, el jefe de
la familia Soubiran era José de Soubiran la Louviere, quien vivía en
Castelnaudary, cerca de Carcasona. José se casó con Noemí de Gélis de l'Isle
d'Albi. Sofía Teresa Agustina María, segunda hija de este matrimonio, nació el
16 de mayo de 1835.
LA VOCACIÓN Y LAS BEGUINAS DE DON LUIS
Los Soubiran mantenían las tradiciones religiosas de la familia,
aunque con más severidad que alegría. Sofía, dirigida por su tío, el canónigo
Luis de Soubiran, se sintió pronto llamada a la vida religiosa. En la
congregación mariana bajo la dirección del canónigo, había otras jóvenes que se
sentían también llamadas por Dios. Cuando Sofía tenía diecinueve años, Don Luis
determinó fundar una comunidad de "beguinas", mujeres en comunidad
con votos temporales de castidad y obediencia. Pero Sofía no creía que ésa
fuese su vocación, pues las "beguinas" gozaban de mucha libertad y
podían volver al mundo cuando lo deseasen. Ella se sentía inclinada a la
austeridad del Carmelo. Pero se plegó a los deseos de su tío. Se trasladó a
Gante para estudiar el género de vida de las "beguinas" y, a su
vuelta, fue nombrada superiora de la comunidad de Castelnaudary, que entonces
inauguró su tío el canónigo en 1854.
FORMA NUEVA DE LOS BEGUINATOS
La nueva fundación prosperó, aunque en una forma diferente a la de
los "beguinatos" belgas, pues Sofía y sus compañeras renunciaron a
sus propiedades, establecieron un orfelinato y practicaron, la adoración
nocturna al Santísimo Sacramento. A pesar de los progresos, fue aquélla una
época tan difícil para la comunidad y su superiora, que la casa en que
habitaban la llamaron "el convento del sufrimiento". En 1863, la
madre Sofía consultó acerca de su vocación a la superiora del convento de
Nuestra Señora de la Caridad, en Toulouse y le aconsejó que hiciese los
Ejercicios de San Ignacio. Los hizo bajo la dirección del jesuita, P. Pablo
Ginhac.
FUNDADORA
Dios le manifestó entonces claramente que debía fundar la
congregación de María Auxiliadora para practicar la vida religiosa en toda su
plenitud y trabajar en "la empresa más divina y más humana de la salvación
de las almas". Ningún trabajo debería parecer demasiado grande ni
demasiado pequeño. El canónigo de Soubiran aceptó los deseos de su sobrina. La
madre Maria Teresa, así se llama Sofía, y unas cuantas hermanas se mudaron al
convento de la Rue des Buchers de Toulouse, que iba a ser la residencia de la
nueva congregación. Por los escritos de la beata podemos seguir su evolución
interior hasta su muerte.
Las nuevas religiosas se dedicaron al cuidado de los huérfanos y a la
instrucción de los niños pobres e inauguraron en Toulouse la primera casa de
huéspedes para jóvenes trabajadoras. Practicaban diariamente la adoración
nocturna. La madre Teresa calcó las constituciones de su congregación sobre las
de la Compañía de Jesús, que el P. Ginhac revisó y aprobó. En 1867, el
arzobispo de Toulouse las aprobó y la Santa Sede publicó, en 1868, el Decretum
Laudis. En 1869, se inauguraron los conventos de Amiens y de Lyon. Durante la
guerra franco-prusiana, las religiosas de los tres conventos se refugiaron
primero en Southwark y después, en Brompton, donde los padres oratorianos las
ayudaron mucho. Más tarde, establecieron una "casa de familia" en
Kenington, que fue la primera fundación inglesa de las Congregación.
LA MADRE MARIA FRANCISCA
En 1868, ingresó en la congregación una novicia que tres años
después fue elegida consejera y asistenta de la Madre General. La madre Maria
Francisca era una mujer muy hábil e inteligente, cinco años mayor que la madre
María Teresa de Soubiran. La madre María Francisca presentó un proyecto sobre
el desarrollo de la congregación; con "el brillo de sus discursos, la
fuerza y claridad de sus argumentos, la precisión de sus juicios, su tacto, su
habilidad el manejo de los negocios y su fe ardiente y avasalladora",
consiguió que fuese aprobado.
MARIA FRANCISCA LA TRAICIONA
Desgraciadamente, la beata no se dio cuenta de que la madre
Francisca, como el tiempo había de probar, era una traidora. El hecho fue que
la congregación se desarrolló demasiado rápidamente y se abrieron nuevas casas
sin recursos suficientes. Al principios, la madre María Francisca declaró que
la situación económica de la congregación era desesperada.
La madre María Francisca se echó a sí misma la culpa; pero pronto empezó a
atacar a la madre María Teresa, acusándola de ser orgullosa, débil, vacilante y
de poco espíritu religioso. Y empezó a correr por todos los conventos de la
congregación el rumor de que el mal estado de cosas se debía a la fundadora. La
madre María Teresa recordó entonces que el Señor le decía: "Tu misión ha
terminado, dentro de poco no habrá sitio para ti en tu Congregación. Pero mi
poder mi bondad estarán contigo." Ella había respondido: "Amén".
CONSULTA A SU DIRECTOR
Desde entonces estuvo dispuesta a repetir nuevamente su
"amén", pero antes quiso consultar al P. Ginhac. Este llamó a la
madre María Francisca, quien le expuso a su modo la situación. Entonces, el
Padre aconsejó a la madre María Teresa que renunciara. Su consejera fue
nombrada Superiora General. La casa madre de la Congregación era entonces la de
Bourges. La nueva Superiora General no quiso que su predecesora retornase ni
residiese en ninguno de los conventos de la congregación. Y la madre María
Teresa tuvo que retirarse al convento de las Hermanas de la Caridad de Clermont
hasta que la madre María Francisca determinara su destino. Dictó medidas para
evitar que la madre María Teresa reconquistase su influencia y su autoridad
hasta determinar la expulsión de la fundadora de la congregación. Nos recuerda
a San Alfonso de Ligorio y a San José de Calasanz. La beata tuvo que abandonar
el convento de Clermont y el hábito religioso. La madre María Teresa, fundadora
de la Compañía de María Auxiliadora, volvió a ser Sofía de Soubiran la
Louviere.
VEINTE AÑOS ESPERANDO
Sofía estuvo veinte años en el convento de la Caridad de Clermont
y tuvo que empezar una nueva vida. En vano solicitó ser admitida en la
congregación de la Visitación y en la orden del Carmelo, "su primer
amor". Entonces, pidió su admisión entre sus antiguas amigas del convento
de Nuestra Señora de la Caridad en Toulouse, que se dedicaban a rescatar
mujeres perdidas. Aquellas religiosas no le cerraron las puertas y
comprendieron su deseo de ingresar en el convento de París. Por dificultades
canónicas y una enfermedad que casi le costó la vida, hizo la profesión en
1877, a los cuarenta y dos años de edad. Su diario nos dice que entró entonces
en un período de gran serenidad espiritual y que el poder y la bondad del Señor
estaban con ella. El P. Hamon, su director espiritual, escribió: "La
abnegación de la madre de Soubiran era tan extraordinaria, que consiguió
olvidar completamente a su antigua familia religiosa, confiándola enteramente a
la Providencia. La generosidad de ese sacrificio rayaba en el heroísmo."
La madre María Francisca no permitía
ningún trato,
Ni epistolar ni personal, entre sus religiosas y la fundadora de
la Congregación. Sin embargo, al cabo de ocho años, se restableció el contacto
de manera aciaga. La madre María Francisca despidió de la congregación a la
madre María Javier, hermana de la fundadora, pues temía que su presencia
conservase vivo el recuerdo de la madre María Teresa. La madre María Javier
ingresó también en el convento de Nuestra Señora de la Caridad de París y dio a
su hermana noticias muy tristes sobre el estado de la congregación de María
Auxiliadora. La madre María Teresa escribió por entonces: "Ahora sí que
estoy segura de que esa pequeña compañía que Dios quiere tanto, sobre la cual
ha velado tan amorosamente y en la cual había tantas almas fervorosas y
verdaderamente virtuosas está moralmente muerta, su fin, su forma y sus métodos
han cesado de existir. Acepto amorosamente los planes de Dios, pues soy nada
ante su santa e incomprensible voluntad."
SU PROFECÍA
Dado que la fundación forma parte de la vida de un fundador, la
Congregación que fundó la madre Soubiran, las cosas iban a cambiar totalmente
uno o dos años después de su muerte. Su profecía se verificó.
La congregación estaba muy descontenta del gobierno de la madre
María Francisca, y varias casas habían sido clausuradas. La inestabilidad administrativa
se hizo intolerable. En menos de cinco años, la sede del noviciado cambió siete
veces. La crisis estalló cuando el Capítulo General se negó a ratificar los
nuevos cambios que la superiora proyectaba. 16 años después de la expulsión de
la fundadora, la madre María Francisca dejó ser superiora y salió de la
congregación.
CAMBIO DE SUPERIORA
El cardenal Richard, arzobispo de París, nombró a la madre Maria
Isabel de Luppé superiora general. Bajo su gobierno, se hizo luz acerca de la
verdadera historia de la fundadora, la madre María Javier ingresó nuevamente en
la congregación y la Compañía de María Auxiliadora recobró su forma original y
empezó a adquirir las características que le han merecido el sitio tan
distinguido que ocupa actualmente en la Iglesia. La historia de la Beata María
Teresa de Soubiran fue realmente extraordinaria.
“EL FRACASO MALOGRA A LOS TRAIDORES” (Salmo 24)
La madre María Francisca murió en 1921 cuando la causa de
beatificación de la madre María Teresa ya estaba introducida. Después de su
muerte, se descubrió que era casada y que para entrar en la congregación de
María Auxiliadora había abandonado a su esposo. Como su marido vivía aún y ella
lo sabía, María Francisca no pudo hacer votos válidos, de suerte que su
generalato fue también inválido y, por consiguiente, todos sus actos fueron
nulos. Por la misma razón, la madre María Teresa no dejó nunca de pertenecer,
canónicamente, a la congregación que había fundado. Nada sabemos acerca de los
últimos treinta años de la vida de María Francisca; según parece, poseía una
fortuna personal y vivió sola en París.
MUERTE EDIFICANTE Y BEATIFICACION
La Beata María Teresa había contraído la tuberculosis. La larga
enfermedad la obligó a pasar en la enfermería los últimos siete meses de su
vida. Murió el 7 de junio de 1889, recitando estas palabras: "Ven, Señor
Jesús". Trató de hacer la señal de la cruz, pero no llegó a signarse. Fue
sepultada en el cementerio de Montparnase, en la cripta del convento de Nuestra
Señora de la Caridad. Actualmente, sus reliquias se hallan en la casa madre de
las Auxiliadoras en París. La madre María Teresa de Soubiran fue beatificada en
1946 por el Papa Pío XII. La síntesis de su espíritu queda expresada en esta
carta: "Como podéis imaginaros, todo ello me ha hecho sufrir enormemente.
Sólo Dios es capaz de medir la intensidad y la profundidad de mi dolor y sabe
hasta qué punto esa pena se ha convertido en una fuente de fe, esperanza y
caridad. La gran verdad de que Dios es todo y el resto nada, se va convirtiendo
en la vida de mi alma y, sobre esa verdad me puedo apoyar con seguridad, en
medio de los incomprensibles misterios de este mundo. Es éste un bien superior
a todos los bienes de la tierra, porque en el Amor Omnipotente podemos confiar
durante la vida y por toda la eternidad. No sé si hubiese podido aprender esa
gran lección sin pasar por tantas angustias. El tiempo pasa y pasa de prisa;
pronto veremos la razón de tantas cosas que sorprenden y desconciertan a
nuestra inteligencia débil y miope."