DOMINGO 10  CICLO C

 

porta10ord13.jpg

 

EL DIOS DE LA VIDA CARA A CARA CON LA MUERTE

 

         1. El Dios de la vida es más poderoso que Baal, dios de los cananeos, considerado señor y esposo de la tierra, que fertilizaba campos, ganados y familias, y robaba a Yavé su gloria. Infiltrado en Israel, reino escindido de Judá, su fanatismo y su culto en el siglo IX antes de Cristo, era causa del paganismo progresivo, que Elías combatirá con todas sus fuerzas y su dolor. El punto fuerte de la predicación de Elías era restablecer la soberanía de Yavé. Perseguido por haber profetizado que en tres años no llovería, y hasta se secó el torrente Querit, tuvo que huir de Israel y emigrar a Sarepta, situada en la costa fenicia entre Tiro y Sidón, donde lo hospedó, una mujer viuda.

 

         2. Cuando los israelitas rechazan al profeta de Yavé, le recibe una extranjera pagana. Murió el hijo de esta viuda y a Elías se le ofreció la ocasión de demostrar que el Dios de la vida no es Baal, sino Yavé. La viuda atribuye la muerte de su hijo a sus pecados: "¡No quiero nada contigo, profeta! ¿Has venido a mi casa a recordar mis culpas y matar a mi hijo?".

          

         3. Aquella mujer viuda, como todos los que sienten fuertemente la presencia del Señor o de sus profetas, experimentó la conmoción de sus pecados. Oró Elías a su Dios, autor y fuente de la vida: "Señor, Dios mío, ¿también a esta viuda que me hospeda en su casa la vas a castigar haciéndole morir al hijo? ¡Que resucite este niño!". -"Aquí tienes a tu hijo vivo".

 

         4. El milagro causa en la desolada madre viuda la profesión de fe en la palabra de Elías, el hombre del Dios de la vida, por cuya oración termina el dolor desconsolado y comienza un nuevo amanecer para aquella pobre mujer que se había visto de golpe sola y abandonada 1 Reyes 17,17.

 

         5. El Señor "ha cambiado su luto en danzas, y ha hecho revivir a su hijo amado cuando estaba a punto de ser bajado a la fosa" Salmo 29.

 

         6. Cuando las palabras predicadas van unidas a la acción, se evangeliza con fruto y eficacia. Ese será el modo con que Jesús, como dueño y señor de la vida anunciará el reino, cumpliendo su respuesta a Juan: "los muertos resucitan".

          

         7. Caminaba la alegre comitiva de Jesús con sus discípulos hacia la ciudad de Naim, al mismo tiempo que salía camino del cementerio el entierro con mucho acompañamiento, de un joven, hijo de una viuda. Cuando Jesús vio tanta gente y a su madre tan profundamente desgarrada con llantos tan penetrantes, se conmovió. Y con una ternura infinita, le dijo a la madre: "No llores".

 

         8. A Jesús le duele la humanidad, siente lástima por ella. ¿Cómo podrá soportar ese corazón tan sensible, tan lleno de ternura y delicado, tanto dolor acumulado sobre él? Había cantado Jeremías el dolor de la ciudad de Jerusalén: "Se ha quedado viuda la primera de la naciones. Pasa la noche llorando, le corren las lágrimas por las mejillas, los caminos de Sión están de luto. Los que pasáis por el camino, mirad si hay dolor como el mío". Poco antes de su muerte, llorará Jesús sobre su ciudad santa, que había querido cobijar debajo de sus alas, y no había querido dejarse amar. Quizá pensando que dentro de poco, su madre va a llorar amargamente al pie de la cruz en el Calvario a su hijo con tanta crueldad muerto, de una manera sencilla pero impresionante, llama al joven y le manda: "¡Escúchame muchacho, levántate!". Se incorporó el muerto y empezó a hablar.

 

         9. El pasmo que se apoderó de toda la gente fue sobrecogedor, la alegría honda de la madre viuda indescriptible. ¡Aquí está el Dios de la vida! ¡El vive y quiere que todos vivan! El Dios de la vida no quiere la muerte. Ha venido a destruir la muerte para crear la vida. Ha venido a darnos vida, vida en abundancia, su vida eterna y feliz, que costosamente nos comprará con su sangre y maravillosamente nos participará en su resurrección. "Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo" Lucas 7, 11. Ya no es Elías quien nos anuncia la palabra, sino Jesús, la palabra, que nos devuelve la Vida.

 

         10. Y está aquí con nosotros, en la comunidad, en la persona del sacerdote celebrante y dentro de un momento en la Eucaristía, memorial de su muerte y resurrección. Su propia resurrección que había anunciado resucitando a aquel joven, que rota su vida, había dejado a su madre viuda desamparada.

 

         11. A cada uno nos dice hoy Jesús Resucitado, vencedor de la muerte: "¡Levántate!". Sal del sepulcro donde tu egoísmo te tiene encerrado, ábrete a la vida del resucitado, y proclama que Dios te ha visitado. Recupera la alegría de una vida abierta a tus hermanos, sobre todo los más necesitados de apoyo, de ayuda, de consuelo. Esfuérzate por comprender que cuando todos los caminos se cierran por la vejez, la enfermedad, la marginación y la muerte, se abre el camino de la resurrección por nuestro Señor Jesucristo. No es necesario salir de la tierra para encontrar a Dios. Ya aquí, contribuyendo a la extensión del reino de los resucitados, tenemos nuestro puesto y nuestra misión, lo encontramos.

 

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es