DOMINGO 2 DE PASCUA CICLO C

 

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"SEÑOR MIO Y DIOS MIO"

         1. Igual que durante los domingos de Cuaresma, meditando los libros del Éxodo y Josué hemos acompañado al pueblo de Israel caminando hacia la tierra prometida hasta la celebración de la Pascua en Guilgal, en los domingos de pascua seguiremos a la Iglesia, prolongación del viejo Israel, y nacida en la Pascua, guiados por los Hechos de los Apóstoles.

 

         2. Han comenzado los Hechos narrándonos que el día de la Pascua, Pedro ya predica y da testimonio de Jesús de Nazaret, muerto y resucitado al tercer día por Dios, anunciando que "los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados". Hoy continúa la narración de la historia de la Iglesia recién nacida, contándonos que los Apóstoles, presididos por Pedro, actualizaban los signos del Reino en medio del pueblo. El Espíritu Santo, protagonista del libro de los Hechos, vivifica interiormente a la pequeña comunidad, que va creciendo: "Crecía el número de creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor" Hechos 5, 12.

         3. Como el grupo de los creyentes tenían el mismo corazón y todos pensaban igual, había entre ellos comunicación de bienes, y lo que era de uno era de todos. Imitando al chipriota Bernabé, que había vendido su campo entregando su importe a la disposición de los Apóstoles, Ananías y Safira vendieron también una propiedad reservándose parte del producto de la venta, mintiendo a Pedro. "No has mentido a los hombres, sino a Dios", dijo Pedro a Ananías, que cayó muerto en su presencia. Igualmente le ocurrió a Safira, su mujer. "La comunidad entera quedó espantada, y lo mismo todos los que se enteraron". De una parte, los milagros numerosos de Pedro y de los demás Apóstoles; de otra, la noticia del castigo fulminante de los dos esposos que mintieron, creaba un ambiente de temor y de respeto hacia el grupo, que facilitaba y hacía resplandecer su predicación. Ellos se reunían en el pórtico del Templo de Salomón.

 

         4. La Iglesia va dando los primeros pasos, facilitados por el Espíritu, que llena con sus dones el interior de los discípulos inundándolos de alegría irradiante y comunicativa, fuerza enorme para seguir creciendo.

 

         5. Jesús, "la piedra desechada por los arquitectos, ha sido puesto por el Espíritu como piedra angular", y sobre ella se va construyendo el edificio. Por eso la casa de Israel y de Aarón dicen: "Este el día en que actuó el Señor, causa de nuestra alegría y de nuestro gozo. Señor, danos prosperidad" Salmo 117.

 

         6. "Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos" Juan 20, 19. Jesús resucitado, al anochecer, a la hora en que los pastores reúnen en el redil a sus ovejas, ha venido en busca de las suyas, "porque son suyas y las conoce por sus nombres". Y para curar el miedo que les domina, les da la paz: "Paz a vosotros". Es una comunicación de amor, de espíritu de Dios, de riqueza mesiánica, de gozo y de libertad.

 

         7. Y en seguida, la misión: No hay tiempo que perder, "como el Padre me ha enviado, os envío yo también". Les constituye continuadores de su obra y de su acción, pero no les envía ni solos ni desprovistos: "Sopló sobre ellos y les dijo: <Recibid el Espíritu Santo: a quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados>".

 

         8. El día de la creación del primer hombre, sopló el Señor Dios en el hombre hecho de arcilla su aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. Hoy, sopla sobre los discípulos para crear la humanidad nueva, destruyendo el pecado,  causa de la muerte de la vida de Dios, por el Espíritu Santo que les da.

 

         9. Pero Tomás no estaba aquella noche con los condiscípulos. Cuando le contaron que había venido Jesús, no les creyó. Hoy estamos recordando que Jesús, a los ocho días, llegó otra vez, donde estaban reunidos, y ahora sí que estaba Tomás y se dirige a él: "Aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado". -"¡Señor mío y Dios mío"!

 

         10. Necesitaba la Iglesia y el mundo a Tomás, con su tozudez empirista y su incredulidad que necesita ver y tocar para creer. Lo necesitaba, sí; y nos ayuda más el testimonio del Tomás incrédulo y su confesión de fe tan humilde y tan perfecta, que el de los demás creyentes. Su situación nos enseña que el lugar de la fe es la comunidad. La unanimidad que hemos observado en la comunidad de los Hechos, es la misma que encontramos en la narración de Juan.   

 

         11. Con Pedro allá, predican y hacen milagros, y la unidad de los discípulos irradia paz y los otros carismas mesiánicos, que hacen resplandecer el rostro de la comunidad como prolongación del Resucitado. Con Pedro los otros acá reunidos, expresan su unión con el Señor que se les manifiesta y les reconforta; y de tal manera aparece la necesidad de la unidad, que el que se aleja de la comunidad, como Tomás, no sólo la disminuye recortando la presencia de Jesús, sino que se le dificulta creer y crecer en la fe. La resurrección se hace creíble en la comunidad y por la comunidad. La comunidad creyente es el fundamento de la fe pascual. El Señor vive y está en la comunidad, que tiene el deber de tansparentar y hacer visible en sí misma la presencia del Señor, como la primera comunidad de Jerusalén. Esta reunión dominical tiene un sentido indicativo: Aquí está el Señor. De ahí la importancia de que nuestras actitudes y gestos sean comunitarios y homogéneos. No celebramos a nuestra manera, sino a la de la comunidad.

 

         12. En medio de la comunidad de los creyentes se hace presente Jesús a quien, en vez de exigirle ver las llagas de sus manos y de su costado, le mostramos nuestras heridas, para que las cure. Porque él nos dice: "Yo soy el que vive. Estaba muerto, y ya ves, vivo por los siglos de los siglos" Apocalipsis 1, 9.

 

         13. En Jesús resucitado no han desaparecido las llagas. Santa Teresa de Jesús le vio repetidas veces con ellas. Las nuestras, físicas o morales, serán también en nuestra resurrección, cicatrices gloriosas y embellecidas, y motivos de glorificación del Señor y de acción de gracias porque su amor  las ha curado.

 

         14  Y al comulgar vamos a tocar al Señor crucificado y resucitado y glorioso para formar un solo cuerpo con él: "Ya no son dos sino una sola carne", como signo de la Iglesia. Jesús sigue ofreciendo a los hombres su cuerpo en la Iglesia para que le toquen y crean y digan, como Tomás: "Señor mío y Dios mío". Y nos dice: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". Recibid el Espíritu Santo". Miles de Tomás que desean ver y tocar a Cristo a través de nosotros, nos rodean.     

 

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es