DOMINGO 22  CICLO C

 

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"EL QUE SE ENSALZA SERA HUMILLADO

Y EL QUE SE HUMILLA SERA ENSALZADO"

 

         1. Las lecturas de hoy tienen la virtud de la humildad, fundamento del Reino, como quicio. Nos la recomienda el Eclesiástico, y Jesús toma una de sus parábolas de los Proverbios: "Más vale escuchar "Sube acá" que ser humillado ante los nobles". En el hombre hay un instinto que le hace aspirar siempre a grandezas; se lo pide el alma, que siente una irresistible inclinación a alcanzar un ideal, un algo superior y más alto. Para conseguirlo se le ofrecen dos caminos, el de la soberbia, que es el que siguieron los ángeles rebeldes, Adán, y los filósofos paganos, que "pretendiendo ser sabios, resultaron unos necios", y también escogieron los hombres, que por querer situarse más alto de lo que les correspondía, y pretendiendo sobresalir sobre los demás, y arrastrados por el orgullo, cayeron en un estado miserable. El verdadero camino de la auténtica elevación es el camino de la humildad, que es el que siguió Cristo y los santos y que conduce a la gloria.

 

         2. No consiste la humildad en negar las propias cualidades, que son dones divinos que hay que hacer fructificar, como nos enseña Jesús en la parábola de los talentos; ni tampoco en negarse a aspirar a hacer cosas grandes, que suele camuflar pereza, ni en hablar mal de sí mismo, o en fingir que se tienen tantos y tantos defectos, sino en un conocimiento verdaderísimo de sí mismo, por el cual el hombre desprecia su maldad, como dice San Bernardo. Santa Teresa del Niño Jesús fue reprendida como soberbia por un confesor, a quien manifestó sus deseos de ser una gran santa. Lo que no es humildad es aspirar inmoderadamente a cosas grandes (Santo Tomás). Santa Teresa dice que la "humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende anda en mentira". El humilde no lo es porque se compara con los demás, sino con Dios, y ve que es nada ante él, pues ve la diferencia infinita que hay entre su pequeñez humana y la grandeza de Dios.

 

         3. La humildad es el fundamento de la vida cristiana, pues Dios resiste a los soberbios. Y ella conserva los frutos de las demás virtudes que dan muy buen olor. La actitud del hombre humilde, que no se supervalora, atrae más a Dios y a los hombres, que la generosidad: "Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios, que revela sus secretos a los humildes" Eclesiástico 3, 17. Tanto más acepto a Dios será el hombre, cuanto más se humille ante él. Así obró Abraham cuando intercedió por Sodoma, y mereció que Dios compartiera con él,  el plan de la destrucción de Sodoma: "Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza"? .

 

         4. Porque él "ha preparado su casa a los desvalidos; él es padre de huérfanos, protector de viudas, alivió la tierra extenuada con la lluvia copiosa, y su rebaño habitó en la tierra, que su bondad preparó para los pobres" Salmo 67.

 

         5. Un sábado Jesús había sido invitado a comer en casa de un fariseo importante y, como era un fino observador, vio con qué descaro escogían los primeros puestos. Aprovechó la situación   para dar su mensaje, pues él no va a las bodas por otra razón. Siempre está a punto para entregar el regalo de su palabra de vida: "Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú, y te digan: <Cédele el puesto a éste>. Se trata de una actitud ante la vida humana: subir el primero, aunque sea en el autobús de corto recorrido, buscar y halagar a quien nos pueda subir más alto, sin reparar en empujones, ni en intentos de soborno adulador, aunque se prive del puesto a otros con más méritos o más cualidades, con detrimento de la propia sociedad, que al ambicioso poco le importa. Es una enseñanza tan oportuna ésta de Jesús que si se cumpliera en el mundo, todo mejoraría. Que, por otra parte, quien no la cumple, se expone a quedar en ridículo ante los invitados, si llega otro de más categoría.

 

         6. También es antievangélico invitar, obsequiar, a los que te puedan corresponder. Jesús nos dice que los hombres no deben obrar según la ley del intercambio interesado: "te doy para que me des", te invito para que me invites, te ayudo para que me ayudes, para que me lo agradezcas y dependas de mí, para que me encumbres. Los discípulos de Jesús no deben convertir la vida en un negocio. Jesús les enseña a vivir la gratuidad, como la de su amor que ofrece sin esperar recompensa. La enseñanza de Jesús y su proceder es buscar a los pobres, y a los ciegos, y a los cojos e invitarlos a su banquete. Esos no te pueden pagar, y tu recibirás tu paga el día de la resurrección. Así te convertirás en discípulo de Jesús, y del Padre que hace salir el sol sobre los buenos y los malos

 y da la vida, la gracia y el cielo gratuitamente. Así entregó él su cuerpo a a la muerte por nosotros y lo recuperó en la resurrección.

 

         7. Jesús estaba curando a aquellos fariseos llenos de suficiencia, que les impedía abrirse a la palabra, y nos está ahora curando a nosotros, que hemos sido invitados a este banquete de la Eucaristía sin méritos propios, por sólo su amor de predilección. Agradezcamos su invitación sirviendo a los que "no nos pueden pagar; te pagarán cuando resuciten los justos" Lucas 14, 7.

 

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es