DOMINGO 26  CICLO C

 

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NECESIDAD DE LA SOLIDARIDAD HUMANA

        

         1. "Os acostáis en lechos de marfil, tumbados sobre las camas, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo, os ungís con los mejores perfumes, y no os doléis de los desastres de José" Amos 6, 1; es decir, que a sus orgías dionisíacas y lascivas unen el abandono del pueblo de José. Amós denuncia a los poderosos, ciegos que no se dan cuenta de que conducen a su país a la catástrofe, malos pastores que explotan a su rebaño, sólo pensando en derrochar. ¿Hablo el profeta de otra época o está anticipando nuestra historia?

 

         2. "Había un hombre rico que se vestía de púrpura y banqueteaba espléndidamente" Lucas 16, 19. Jesús no da nombre al rico, o mejor, su nombre es "rico", lo que posee. En realidad este hombre no existe. Es poseído, vivido por las riquezas. "Y un mendigo llamado Lázaro, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba". Este pobre podría haber roto el caparazón egoísta del rico, si hubiera conseguido la comunicación de bienes. El rico no compartió, y ahora ya no se puede hacer nada.

 

         3. En Amós hay una amenaza: "Por eso irán al destierro. Se acabó la orgía de los disolutos".

 

         4. En Lucas, la amenaza se ha cumplido: El rico va al infierno: "El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos... y trastorna el camino de los malvados" Salmo 145.

 

         5. La suerte final del rico y la de Lázaro son opuestas: Lázaro está en el seno de Abraham, donde se cumplen las promesas. El rico está en el infierno, en medio de los tormentos. Encerrado en su interés, riqueza, codicia y ambición, cuando ha llegado a la luz de Dos, que es don de amor, se encuentra vacío, condenado, frustrado.

 

         6. El final de un hombre que había elegido una forma de existencia contraria al misterio de Dios y de la vida, es la condenación. Se ha quedado sin la gracia de Dios que salva: "Hijo, le contestó Abraham, recuerda que recibiste tus bienes en vida". Su egoísmo había cerrado la puerta a Dios en el hermano Lázaro. Encerrado en sí mismo y en el disfrute de sus riquezas, era incapaz de salir al encuentro de amor hacia los otros. Ni siquiera había visto a Lázaro echado en su portal, cubierto de llagas y hambriento.

 

         7. El rico no ha recibido la vida como un don, sino como algo propio, y por eso no ha ofrecido su ayuda al pobre enfermo y hambriento, que estaba allí, a su puerta. El rico no le ha robado nada a Lázaro, pero no ha compartido con él lo que creía que era suyo propio. Lázaro, por el contrario, se salva, no porque era pobre y desgraciado, eso le ayudó, sino porque estaba abierto a Dios y había aceptado la fuerza de su amor y de su gracia. "Los ángeles lo llevaron al seno de Abraham". Los ángeles son signos del amor de Dios, de su palabra y de sus influencias e inspiraciones buenas en nuestra vida.

 

         8. La riqueza en sí misma no es pecado. El pecado está en lo que permite que los hombres mueran sin ser socorridos por sus propios hermanos. En la insolidaridad entre los hombres que consiente que unos derrochen, mientras otros se consumen de hambre y de miseria. No tienen sentimientos.

 

         9. Estoy seguro de que si ahora pudiéramos dialogar sobre la situación de nuestro mundo, cada uno de vosotros encontraríais datos, hechos, realidades y noticias, que podrían ser denunciados hoy por el Profeta, y que tendrían una semejanza tal con la parábola, que la harían actualísima. Todos los que son o han sido algo en nuestro pueblo, o casi todos, parecen destinados a pasar por las manos de la justicia. Se les ha terminado la hora del poder y han caído o van a caer en manos de los jueces y de fiscales. Se denuncian nuevas corrupciones cada día, se roba al pueblo, ¿pero oímos que alguien restituya lo que se le ha robado al pueblo?

 

         10  "Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen". Todo se nos ha dicho ya en la palabra. La palabra está ahora resonando en el secreto de nuestro corazón. Se nos pedirá cuenta de cómo la hemos escuchado, de cómo la hemos puesto en práctica, porque no basta con decir: "Señor, Señor"; es necesario cumplir la palabra, que es capaz de construir un mundo nuevo en el que no haya ni epulones que derrochen a veces lo que roban a los pobres, ni Lázaros, que se mueran de hambre y de miseria. Los pobres están en manos de sus hermanos, en manos de la sociedad, al cuidado de la Iglesia.

 

         11. Puesto que hemos pecado, pidamos a Dios que nos trate, y que trate con misericordia a nuestro mundo, y que cambie nuestro corazón para que estemos dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos, "practicando la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza" Timoteo 4,11.

 

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es