DOMINGO 29  CICLO C

 

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DOMUND

LA PERSEVERANCIA EN LA ORACIÓN

 

         1. Hemos comenzado la Eucaristía orando con la antífona de entrada: "Inclina el oído y escucha mis palabras, guárdame como a las niñas de tus ojos; a la sombra de tus alas escóndeme"  Salmo 16, 6. Pidiéndole a Dios que nos guarde con el cuidado y la delicadeza con que conservamos las pupilas de nuestros propios ojos.

 

         Comenzamos orando en el día de la ORACION.

 

         Cuando Amalec atacó a los israelitas en Rafidín, Moisés mandó a Josué que con unos hombres de Israel le atacara, mientras él permanecía en la cima del monte con el bastón maravilloso en la mano. Mientras Moisés tenía la mano con el bastón en alto, vencía Israel. Si la bajaba, vencía Amalec. Aarón y Jur colocaron una piedra para que Moisés se sentara, mientras uno y otro le sostenían los brazos en alto Éxodo 17, 8. Escena emocionante que nos alienta a ayudar a los hombres y a las mujeres a quienes Dios ha llamado para que oren por el pueblo, para facilitarles su misión imprescindible si queremos que el mundo no perezca.

 

         2. Moisés orante es figura de la Iglesia en acto de súplica. La Iglesia debe orar. El ministerio de intercesión de la Iglesia es insustituible. Si la Iglesia deja de orar el mundo perderá el equilibrio, irá cayendo y va cayendo. Porque así como Moisés es figura de la Iglesia, del pueblo de Dios salvado, Amalec es la figura del mal, de la injusticia, de la opresión de los pobres, de la esclavitud de todas las libertades.

 

         3. Amalec es el juez injusto, que ni teme a Dios ni a los hombres, vencido por la oración constante de la pobre viuda, que porque era pobre, no podía sobornar al juez, a quien no le importaba la justicia, sino su provecho y medro personal. Pero lo que no pudo por su desvalimiento, lo consiguió con su insistencia.

        

         4. De todas las opresiones del mundo es en parte, responsable la Iglesia, desde el Papa hasta el último niño candoroso de primera comunión. En lugar preeminente, la oración de los hombres de Dios, de Moisés, de los consagrados, las consagradas. Pero también de las familias. La oración en familia, al comienzo del trabajo, antes y después de comer. A veces se siente vergüenza de hacerlo, porque nos parece que eso indica debilidad, y como menos hombría y, sobre todo, menos modernidad.

 

         5. Pero no basta rezar, hay que rezar con fe, "si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a este monte: Vete de aquí allá y se trasladaría; nada os sería imposible". "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?" Lucas 18, 1. Jesús veía lo difícil que es mantener esa fe viva, esa confianza en Dios Padre que vela por nosotros, y por eso enseñó esta parábola, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse. La oración pues, está en función de la fe. Orar para tener fe. Y tener fe para orar. Lo importante es la fe, que respira por la oración. Si la fe no respira, se muere. La crisis de la oración es consecuencia de la crisis de fe, y la falta de fe produce el decaimiento en la oración.

 

         6. En el día del DOMUND, además de la limosna y, por encima de la limosna, la "oración al Dueño de la mies que envíe operarios a su mies", para que el Evangelio sea predicado a todas las criaturas, y de todas las naciones se forme y desarrolle un solo pueblo, una sola familia consagrada a su nombre.

 

         7. Cuando me pregunto quién vendrá a ayudarme en la tribulación, escucho al salmista: "Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?, el auxilio me viene del Señor, que es un guardián que no duerme ni reposa, y no permitirá que resbalen nuestros pies" Salmo 120.

 

         8. Después de haber sido enseñados por la sagrada Escritura, reprendidos, corregidos y educados por ella 2 Timoteo 3, 14, como Palabra de Dios viva y eficaz, que juzga los deseos e intenciones del corazón Hebreos 4, 12, ofreceremos el santo Sacrificio de la muerte y resurrección de Jesús al Padre, y comeremos su cuerpo para su glorificación y nuestro provecho y de toda la santa Iglesia.

 

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es