DOMINGO 3 DE PASCUA  CICLO C

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LA ACCION Y LA CONTEMPLACION

 

            1. Igual que los Apóstoles prolongan la acción de Jesús,  cosechan las enemistades que él concitó. Liberados "por un ángel del Señor, que les abrió por la noche las puertas de la cárcel y les dijo que fueran al templo a anunciar con valentía todas las palabras de esta Vida", se pusieron a enseñar. Denunciados ante el Sanedrín, hoy los vemos interrogados y acusados por el Pontífice de dos culpas: de haber llenado Jerusalén con su enseñanza, siendo que les habían prohibido "enseñar en nombre de ese"; y de cargar sobre ellos la responsabilidad de "la sangre de ese hombre" Hechos 5, 27.

 

            2. Pedro, que claudicó ante la voz de una criada, y los Apóstoles que huyeron, se mantienen ahora enteros ante la suprema autoridad religiosa de Jerusalén. La sangre de Jesús y la fuerza del Espíritu les han cambiado totalmente, y los han convertido en hombres fuertes, audaces y valerosos: "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres". Y de paso, le anuncian el "kerigma" que tanto le tenía que doler, porque tiene que oír reproducido lo que están predicando al pueblo: "Jesús, a quien vosotros matasteis colgándolo de un madero, ha sido resucitado por el Dios de nuestros padres". Pone en juego a quien es la razón de ser de los judíos, "el Dios de nuestros padres", que es quien ha elegido por amor al pueblo, le ha sacado de la esclavitud de Egipto y de todas las otras deportaciones, y sin el cual, ni el sacerdocio del pontífice, ni la ley, ni los profetas, ni el templo, ni los sacrificios, ni los ritos, tienen sentido. Le ponen en la disyuntiva: O la historia de Israel es una farsa, o tenéis que aceptar a Jesús, a quien "la diestra de Dios ha exaltado, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados". Pero ellos tenían el corazón endurecido, y les azotaron, lo que llenó de alegría el corazón de los Apóstoles Hechos 5, 27.

 

            3. Los Apóstoles y el grupo de los creyentes, que han experimentado la liberación de la esclavitud de sus vidas, pueden cantar y ensalzar al Señor y nosotros asociarnos a ellos, "porque nos ha librado"; y debemos "darle gracias siempre" porque con su bondad que dura de por vida "ha cambiado nuestro luto en danzas" Salmo 129.

 

            4. Constatamos en la narración anterior que la unión de los Apóstoles está presidida por Pedro. En el relato evangélico figura también la misma unión con Pedro como protagonista: El, ejerciendo de jefe, "Tú eres Pedro", toma la iniciativa de ir a pescar: "Yo os haré pescadores de hombres"; los otros siete que están con él, y que Juan nombra, significan toda la comunidad, que ejercita la obediencia: "Vamos también nosotros contigo". En esta escena resalta el carácter del primado de Pedro, combatido hoy desde fuera y desde dentro, como nunca. Cuando las críticas vienen de dentro de la misma Iglesia se retrasa la unidad, según un obispo oriental y un pastor protestante confiaron a De Lubac.

 

            5  Salieron, se embarcaron y no cogieron nada Juan 21, 1. El episodio es emblemático. No pescan porque la pesca la ha de dar Jesús. Es que Jesús no estaba con ellos y "sin mí, no podéis hacer nada". Estructuras, reuniones, viajes, visitas, papeles...Todo es nada. Es Dios el que salva. Si nosotros nos empeñamos en estar empleados en las obras de Dios, pero prescindimos de su Persona, no cogemos nada. Amanecía: "Muchachos, ¿tenéis pescado?. -<No>. Jesús, como el máximo responsable de la pesca, da la orientación del trabajo: "Echad las redes a la derecha". Es Jesús quien orienta, quien da luz, en el trato y en la audiencia y comunicación con él. Por eso, hay que estar a la escucha. "Y no tenían fuerza para sacar la red".  Pedro, es el que arrastra hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres, número simbólico de totalidad. -"<Vamos, comed>", les dice Jesús. La Iglesia que come el pan del resucitado, que es su fuerza, comienza la obra nueva por la que serán azotados, pero "contentos de haber recibido aquel ultraje por el nombre de Jesús", comprueba en el consuelo que "no has dejado que mis enemigos se rían de mí". Todo ha sido en virtud de la fuerza "del Cordero degollado que vive por los siglos de los siglos" Apocalipsis 5,11.

           

            6  Y después, Jesús demanda a Pedro su profesión triple de amor, para curarlo de las tres negaciones, restableciendo así ante él y ante la comunidad, representada en los siete que han salido a pescar con él, el primado prometido de ser piedra sobre la que edificará su Iglesia, y la entrega de las llaves. Y a Pedro, por tres veces le ordena Jesús: "Apacienta mis corderos y mis ovejas", no tuyas, sino mis ovejas. No son tuyas las ovejas, Pedro, sino del Señor. Procura apacentar, dar pastos abundantes, que coman bien para que lleguen robustas al Padre.

           

7. En la noche de la cena, Jesús había respondido a la pregunta de Pedro: "Señor, a dónde vas?"; "Adonde yo voy, no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde". Ha llegado la hora de la llamada: "Sígueme". Entonces Pedro había dicho: "Daré mi vida por tí". Ya puedes, Pedro, comenzar a dar la vida, porque "el buen pastor da la vida por sus ovejas". Y las ovejas de Cristo, te han sido confiadas ahora. Sólo con mucho amor podrás cumplir tu misión, por eso te han examinado de amor. El amor, ha sido tu tesis doctoral, la que figura en tu "Ficha". Y Jesús le predice que al fin morirá extendiendo las manos. Pero el amor le dará fuerza para sufrir.

 

            8  Pedro, el activo, se echa al agua para salir al encuentro de Jesús, que estaba en la orilla. Pero aunque ha hecho tantos esfuerzos para sacar la red repleta de peces, no ha conocido al Señor. Nos ocurre lo mismo en medio de los afanes del mundo. No descubrimos al Señor presente a nuestro lado. Lo imaginamos demasiado lejano, demasiado celeste. Recuerdo una frase de Líster, el marxista: "El marxismo está más lejos que Dios". Pero Jesús está a la orilla de cada actividad, de cada trabajo o empresa, de cada fracaso, de cada penalidad y disgusto y contradicción y de cada murmuración y de cada traición, para darnos su pan, alimento para cada día y para la vida eterna, y para examinarnos de amor. Más importante que dedicarse a las actividades de Dios es dedicarse a la persona de Cristo.

 

            9. Es Juan, el contemplativo, el que reconoce a Jesús y le insinúa a Pedro su presencia. Pedro escucha atenta y dócilmente, como debe hacer todo pescador, todo pastor. La Iglesia petrina y la joanea gozan carismas complementarios, pero no debe existir la una sin la otra. Para reconocer a Jesús es necesaria la contemplación. "La Iglesia ha de vivir entregada a la acción y dada a la contemplación" (Vaticano II). Nadie duda que la fe cristiana se halla actualmente en período de relativo retroceso. Se han propuesto y ensayado muchos y variados remedios para recuperar el terreno perdido. Pero el único remedio al que nuestro Señor coronar con el éxito no ha sido aplicado seriamente: la oración. (Trueman Dicken).

 

            10  Pero dos motivos hacen sufrir a la Iglesia: porque la persiguen, la azotan, como hemos visto en la primera lectura; y porque no pesca, porque no es escuchada, no acuden los peces, están entretenidos en baratijas. Lo importante, no obstante, no es la red llena, sino la unidad en la virtud y en la santidad.

 

            11 Señor, porque sin ti no podemos nada, venimos a tí; porque nos abruma el peso, nos acercamos a tu mesa. Porque te hemos oído decir: "Venid a mí todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro", venimos a ti, como quienes están seguros de que tu poder multiplica la eficacia del hombre, y crece cada día entre tus manos la fuerza de sus manos. Venimos a ti porque tú eres quien seca las lágrimas de nuestros ojos, y nos llenas del gozo del Espíritu Santo. 

 

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es