DOMINGO 31 CICLO C

LA GLORIA DE DIOS ESTA EN PERDONAR
1. El pueblo de Israel ha experimentado en su historia el perdón de Dios en diversas circunstancias que ha cantado en los salmos. El libro de la Sabiduría que hoy leemos, hace una reflexión sobre lo que le cuesta a Dios castigar y cómo goza perdonando, incluso al mismo pueblo que persiguió a su pueblo, al que cuando castiga, pudiéndolo exterminar de raíz, porque no sólo Egipto, sino "el mundo entero es ante Dios como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra", y "puede ser aventado por su soplo poderoso", lo hace "con peso, número y medida". Y la razón de esta moderación divina en el castigo, es su amor y su poder: "Te compadeces de todos, porque todo lo puedes, y cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan" Sabiduría 11, 23.
2. Había dicho ya por boca de Oseas: "No cederé al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios y no hombre, el Santo en medio de ti, y no enemigo devastador". Y por Ezequiel: "Juro que no quiero la muerte del malvado, sino que cambie de conducta y viva. Convertíos, cambiad de conducta, malvados, y no moriréis, casa de Israel". Dios ama y por eso crea, "envías tu aliento y los creas, y repueblas la faz de la tierra". Si dejara de amar, dejarían los hombres y todas las criaturas de existir: "Escondes tu rostro y se espantan; les retiras el aliento y expiran, y vuelven a ser polvo". Esta es la razón de la moderación de Dios cuando castiga.
3. Ante esta experiencia de la bondad y de la misericordia de Dios, el pueblo de Israel canta con el salmista: "El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad, es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas" Salmo 144.
4. La bondad infinita de Dios llega a su manifestación plena en Jesús, para quien perdonar es una delicia. ¡Cuántas veces ha pronunciado la palabra "te perdono" en el transcurso de su vida! Hoy es un jefe de publicanos a quien le toca la lotería del perdón salvador y creador de Dios. La fama de Jesús era popular. La etapa de su viaje a Jerusalén toca a su fin. Si sube por la ribera del Jordán, Jericó era la última ciudad. Después atravesará el desierto de Judá para llegar a Jerusalén, término de su viaje y su Pascua.
5. Al entrar en Jericó ha curado a un pobre ciego. Socialmente no había problema con él. Pero otro cantar será el del hombre que se presenta ante su misericordia hoy. Es Zaqueo. Socialmente odiado, envidiado y marginado. La gente, ni el saludo le dirigía. La soledad de este hombre en una ciudad relativamente pequeña como Jericó, debía de ser una continua amargura, que ni siquiera su gran riqueza mitigaba. Muchas veces los ricos pagan un precio muy alto por su posición y por su opulencia. Tratan de deslumbrar con sus derroches, como forma de esconder la tristeza de no ser queridos. Buscan ser amados a base de comprar el afecto, que sí parece que lo consiguen, es ficticio. Y en el fondo lo saben.
6. Si Jesús al menos le comprendiera. ¿Cómo poder verlo? La calle estaba llena de gente. El tampoco quería ser muy visto, pero era un hombre pequeñín, el mucho dinero no le había podido añadir un palmo a su estatura. Con rapidez de reflejos, se subió a una higuera y desde allí creyó que podría ver sin ser visto. Pasó Jesús. Levantó los ojos, le miró y le dijo: "Zaqueo, baja rápido, ves preparando la cena, que hoy voy a hospedarme en tu casa" Lucas 19, 1. Un relámpago de gozo le recorrió todo el cuerpo a Zaqueo. No se lo podía creer. Vale la pena ser invitados por Jesús por la gran alegría que trae consigo y contagia. Es la alegría del Dios feliz, que está por sobre todo, incluso sobre las murmuraciones. El cuchicheo que se desencadenó entre la gente de la ciudad al oír cómo, contra todas las normas de educación, Jesús, como si fuera el señor de la casa de Zaqueo, se ha invitado a cenar, fue general: "Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador". La soberana libertad de Jesús quedó puesta de manifiesto. No le importa la reacción de la gente cuando se trata de la conversión de una sola alma.
7. Hemos visto que la curación de un ciego no envolvía contradicciones, porque en su pobreza a nadie había podido perjudicar. Pero ahora es un rico quien hospeda a Jesús. Y del contacto de los ricos con Jesús se conocían experiencias tristes. Un día había invitado a un rico, y se había ido triste, y Jesús dijo que era más difícil que un rico entre en el reino de los cielos, que un camello pase por el agujero de una aguja. Otro día, había expuesto la parábola del rico epulón, insensible ante Lázaro enfermo a la puerta de su casa, y sepultado en el infierno. ¿Qué pasará hoy -se preguntaban-, con este rico sanguijuela, que sacaba los hígados a los pobres, y además colaboracionista con el poder dominador?
8. Iluminado por la gracia de Jesús, fascinado por sus palabras y seducido por la generosidad de su amor, que se traslucía en todo él y manaba de su persona, Zaqueo promete solemnemente que "dará a los pobres la mitad de sus bienes, y si de alguno se ha aprovechado le restituirá cuatro veces más". Eso es una conversión eficaz y real. "La muralla" de Calvo Sotelo, está formada por la familia que no quería quedarse en la miseria, si él, jefe de la familia, restituía la suculenta finca robada, "El Tomillar". La familia cerró el cerco en la muralla, acorraló al pobre hombre que quería salvarse y no le dejaban, ni su esposa ni sus hijos, ni su suegra; le repitió el ataque y murió sin poder cumplir su voluntad de restituir.
9. Zaqueo pasó por todo y experimentó que seguir a Jesús, no es un problema que se despeja sólo en el interior de la conciencia individual, sino que tiene consecuencias familiares y sociales. Pero, dice Lucas, que Jesús contestó a la decisión de Zaqueo: "Hoy ha sido la salvación de esta casa". Si han sido solidarios en la privación, lo son igualmente todos en la salvación. La salvación de Dios compromete una respuesta del hombre.
10. Y Jesús está esperando ahora nuestra decisión ante su palabra viva y vivificante, pero cortante como espada de dos filos. Sin nuestra decisión de emplear nuestros bienes ayudando a nuestros hermanos, sería estéril la invitación que Jesús nos ha hecho a su banquete de la palabra y de la Eucaristía, como hubiera quedado el hospedaje de Zaqueo en agua de borrajas, si él no hubiera dado una respuesta positiva, cambiando por dentro y por fuera, contando con la gracia del perdón generoso de Dios ofrecido por Jesús.
P. JESUS MARTI BALLESTER
jmartib@planalfa.es