DOMINGO 32  CICLO C

 

CRISTO RESUCITADO

PRIMICIA DE LOS QUE HEMOS DE RESUCITAR

 

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         1. Cuando aún resuena el eco de la Fiesta de Todos los Santos y del Día de los Difuntos, nos ofrece la Liturgia de este Domingo el tema de la RESURRECCION. El cuarto de los hermanos macabeos, después de haber sido torturado, a punto de morir, confiesa: "Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará" 2 Macabeos 7, 1.

 

         2. Y con el salmista hemos repetido que "Al despertar me saciaré de tu semblante" Salmo 16. Despertar tiene sentido de resucitar.

 

         3. El hombre desea sobrevivirse a sí mismo: o en sus obras o en sus hijos. La fe de los Macabeos, menos clara y firme en tiempos de Moisés, origina la Ley del Levirato: La mujer que no le dio hijos al esposo muerto, debe casarse con su hermano, para  que los hijos de la viuda mantengan vivo el recuerdo del muerto. Esta viuda se casa con siete hermanos y de ninguno tuvo hijos. Cuando llegue la resurrección (lo decían los saduceos con ironía), ¿de cuál de los siete maridos será la mujer?       

         4. Jesús responde remontándose a Moisés en el episodio: No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos". O viven en su presencia. "En esta vida hombres y mujeres se casan. En la resurrección no se casarán. Porque ya no pueden morir". Y ¿cómo viven? "Son como ángeles; son hijos de Dios = de su misma naturaleza; porque participan en la resurrección" Lucas 20, 27. La luz de la resurrección les traspasa y penetra y los posee totalmente. Con esta catequesis extraordinaria, Jesús pone la base de la teología de la divinización. La vida humana del alma y del cuerpo no se perderá, sino que será transformada, divinizada, convertida en realidad divina. Los resucitados serán elevados a vivir la misma vida divina. Cuerpo y alma resucitarán. Nosotros creemos en la resurrección porque creemos que Jesús ha resucitado. Somos su cuerpo en el mundo y hemos de participar de su misma suerte. Hemos de afirmar nuestra fe en medio de un mundo que niega teórica o prácticamente la Resurrección.

 

         5  "Lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano de trigo o de otro cereal... Así es la resurrección de los muertos: Se siembra en corrupción, se levantará en incorrupción; se siembra en vergüenza, se levantará con gloria; se siembra en flaqueza, se levantará en potencia; se siembra un cuerpo animal, resucitará un cuerpo espiritual".

 

         6. La Resurrección de Cristo es como la erupción primera de un volcán que demuestra que en el centro del mundo arde ya el fuego de Dios, que un día abrasará todas las cosas en el incendio feliz de su fuego y de su luz. En el corazón del mundo, a donde Cristo con su muerte descendió, están actuando ya las fuerzas nuevas del mundo glorificado. El pecado y la muerte están ya vencidos en el interior de todas las realidades. Sólo falta que se cumpla la historia después de Cristo para que aparezca por todas partes, y no sólo en el cuerpo de Jesús, lo que en realidad ya ha acontecido.

 

         7. Nosotros, seres superficiales, como no hemos visto que la Resurrección haya comenzado a curar, salvar y transfigurar al mundo en los síntomas de la superficie, creemos que no ha ocurrido nada tras la Resurrección. Como vemos que las aguas del dolor y del pecado fluyen y se estancan aquí donde nosotros estamos, nos cuesta creer que sus fuentes profundas ya están secas. Porque vemos que el mal sigue abriendo surcos en la faz de la tierra, pensamos que en lo más hondo de la realidad está muerto el amor. ¡Pero sólo lo está aparentemente! Sin embargo las apariencias no son la realidad de la vida. Cristo resucitó, y conquistó y redimió para siempre por su muerte el núcleo más intimo de todo lo terreno. Y lo conserva resucitado. Cristo resucitado está ya en medio de todas las pobres cosas de la tierra.

 

         8. Para que nuestra felicidad sea completa sólo falta que la acción de Cristo haga también saltar en pedazos el sepulcro de nuestro corazón. También en el centro de nuestro ser, donde ya vive como fuerza y como promesa, tiene que resucitar Jesús. Ahí está aún de camino. Ahí es todavía Sábado Santo hasta el último día, en que se celebrará la pascua universal del cosmos. En la Resurrección no serán anuladas las amistades, ni perdidos los amores, ni olvidadas las fidelidades; serán transfigurados y elevados a nivel divino. ¡Felices nosotros si vivimos ya como resucitados anunciando el Reino! (Rahner).

 

         9. En el sacrificio de la Misa, extendemos las raices de resurrección que ya actúan y se filtran en todas las hendiduras del cosmos hasta llegar al centro del universo, por la acción del Espíritu Santo y la colaboración de nuestro ofertorio, y las regamos con la sangre divina de Cristo al participar en la Pascua del Señor, que siembra en nuestro corazón las semillas fecundas de resurrección. "Que Jesucristo Nuestro Señor, el primogénito de entre los muertos Apocalipsis 1,5 y Dios nuestro Padre, que nos ha amado tanto, os consuele internamente y os de fuerza para toda clase de palabras y obras buenas", con esta esperanza 2 Tesalonicenses 2, 16. Amén.

 

         10  Vamos ahora a proclamar nuestra fe en la resurrección. Y después a comer el cuerpo de Cristo que nos guarda para la vida eterna.

 

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es