JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO 34 CICLO C
REINAR EN EL CORAZON DE LOS HOMBRES

1. Con esta solemnidad de Jesucristo Rey culmina cada año la Iglesia el curso litúrgico seguido en torno a Jesús, para significar que él es el centro y la vida, "el alfa y la omega, el principio y el fin" (Ap 21,6), el revelador del Padre, por ser la imagen visible de Dios invisible, el primogénito de entre los muertos, la Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia, el primero en todo, el receptáculo de toda la plenitud y el reconciliador y pacificador de todo, por la sangre de su cruz Colosenses 1, 12. Pero conviene aclarar que es Rey no como los de este mundo, ni de este mundo, por tanto no viene a competir con ningún rey de la tierra.
2. Cuando el Señor rechazó a Saúl como rey de Israel, mandó a Samuel a buscar a David para ungirle rey (1 Sam 16,1): "Tomó Samuel el cuerno del aceite y ungió a David. El Espíritu del Señor se apoderó de él" (1 Sam 16,13). "Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón en presencia del Señor, ellos ungieron a David como rey de Israel" 2 Samuel 5,1. Jesús, como David, fue ungido por el Espíritu Santo. Jesús, el Hijo de David, fue ungido=Cristo, en griego y Mesías, en hebreo y arameo. El Espíritu Santo descendió sobre él en forma de paloma en el Bautismo (Lc 3,21), y así lo testificó Pedro en casa de Cornelio (He 10,34). David, el Ungido del Señor, convertido en Pastor-Rey de pueblos el que era pastor de ovejas, es el prototipo de Jesucristo. Quien, a la vez, es el Hijo de David, que hereda su reino, y por eso es profetizado Pastor-Rey por Ezequiel (Ez 34,23).
El mismo Jesús se proclamó Pastor Rey, pues los reyes se consideraban Pastores del pueblo: "Yo soy el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas" (Jn 10,11). La proclamación de Jesús como Rey "nos llena de alegría sabiendo que vamos a la casa del Señor", que es su reino, donde celebraremos su nombre y su victoria Salmo 121.
3. Será necesaria una larga evolución en la teología de Israel para pasar de una visión terrestre y humana de mesianismo triunfalista, a la visión del Reino de Dios, que culminará en la cruz, en el más rotundo y clamoroso fracaso. Extenuado, le quedan pocos momentos de vida, ya no es peligroso para sus adversarios. Le piden que baje de la cruz, como el diablo en el desierto que se tire del pináculo del Templo (Mt 4,5). Jesús no accede. Acepta el plan del Padre: el mesianismo doliente y crucificado; a los insultos responde con el silencio (Mt 27,14). Le provocan furiosos los ladrones (Mt 27,44). Pero hay un ladrón que increpa a su compañero, "lo nuestro es justo, pero éste no ha hecho ningún mal"...Su compasión y sentido de la justicia le hacen lanzar un grito de confianza: "Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino". Jesús, reuniendo sus fuerzas: "Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso" Lucas 23,35.
4. Yo quiero penetrar en el corazón de cada uno de los dos: del ladrón, reconciliado, aceptando su muerte, pacificado, lleno de esperanza, transfigurado su rostro, antes alterado. Había observado a Jesús, y le había convencido y convertido su paciencia, su bondad, su amor. Y quiero entrar en el Corazón de Jesús que en medio de los tormentos, ve a su lado crecida una espiga de la cosecha. Ha comenzado a manifestarse la eficacia de la Sangre derramada. He ahí dos crucificados en la paz de Dios. Son amigos. Los dos van a morir en el amor. Los dos van a ser recibidos por los brazos del Padre. El buen ladrón ha descubierto el mundo de la gracia, en medio de la justicia y de la injusticia, la de Jesús y la suya. Ha sabido reconocer en la muerte de Jesús el camino de la vida y ha pasado de la muerte a la vida.
5. Dejémonos nosotros invadir por el amor de Jesús para pasar también de nuestra muerte a la vida, por la Eucaristía. Porque El ha venido para reinar dentro de nosotros, y nos ha hecho, por el Bautismo, reyes y sacerdotes para su Padre, y para que le ayudemos a instaurar en el mundo su Reino, de la verdad y de la vida, de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.
P. JESUS MARTI BALLESTER
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