DOMINGO DE PASCUA  6  CICLO C

 

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            EL ESPIRITU SANTO CON EL CONCILIO DE JERUSALEN    

 

         1. La Iglesia es divina y es humana. Está integrada por santos y por pecadores, pero sobre todo, está dirigida por el Espíritu Santo. El Papa Juan XXIII, desvelado en la cama una noche preocupado por los problemas de la Iglesia, se incorporó, y se hizo a sí mismo esta pregunta: "Angelo, ¿quién guía la Iglesia tú, o el Espíritu Santo?. Pues si la guía el Espíritu Santo, no tienes por qué preocuparte". Y así se durmió.

 

         2. Cierto que los momentos eran cruciales para el crecimiento de la comunidad cristiana. Nadie tiene por qué escandalizarse de que, como integrada por hombres de distintas culturas y con distintos pareceres, sensibilidades y criterios, a la vez que tributarios de las razones del corazón, ante realidades concretas, haya manifestado sus discrepancias.

        

         3. El judaísmo tenía raíces profundas. En él había dogmas y problemas pastorales, hijos de las situaciones diversas.  Después de la Resurrección y Ascensión de Jesús, algunos querían mantener a ultranza toda y completa la ley y las costumbres y ritos, aun en principios que no eran objeto de fe. Los innovadores veían en ciertas prácticas judías una barrera para la conversión de los paganos y, acertadamente pensaban que la mayoría no aceptaría el evangelio por ellas.

 

         4. Pablo vivía el problema en Antioquía, en Asia meridional. Unos judíos conservadores que fueron allí, inquietaron a los gentiles-cristianos, que siguiendo el criterio de Pablo y Bernabé, no habían sido circuncidados. Les dijeron: "Si no os circuncidáis, no podéis salvaros". Se produjo un altercado fuerte. Hay que acudir a la Iglesia de Jerusalén. Está ya actuando el Espíritu, porque en vez de enconar el pleito, tuvieron sabiduría para someterlo al juicio de la Iglesia Madre. El problema era de envergadura y de consecuencias trascendentales para el porvenir del evangelio. El Concilio de Jerusalén fue una gran confrontación de pareceres. Para unos, la fe en Cristo no es suficiente para la salvación, es necesaria la circuncisión. Para otros, la ley había encaminado como pedagoga, a Cristo. Llegado Cristo, él solo basta. Y el Concilio dijo: "Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables". Es una fórmula repleta de fe y de sensatez, que a mí siempre me ha conmovido Hechos 15, 1.

 

         5. El conflicto en la Iglesia entre distintas apreciaciones, tiene solución en la unidad de la doctrina del magisterio, infalible en lo tocante a la fe y costumbres, aunque discutible en lo pastoral y cambiante. Hace falta fe, sensatez y discernimiento.

 

         6. Lo importante y fundamental es que "todos los pueblos alaben al Señor" Salmo 66.

 

         7. Jesús nos recuerda en el evangelio que "el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo". Para el primer concilio y para todas las decisiones importantes, el Espíritu iluminará a su Iglesia, la familia de Dios en la tierra, construida con una muralla grande, custodiada por doce puertas, que son los Apóstoles del Cordero, iluminada por Dios, cuya lámpara es el Cordero Apocalipsis 21, 10.

 

         8. Caminamos hacia ella, en medio de problemas y dificultades, sustentados también por los consuelos de Dios. Si guardamos la palabra de Jesús, que se resume en el amor, seremos amados por el Padre, que quiere hacer su morada en nosotros. "No estamos huecas por dentro", decía Teresa de Jesús. Su libro "Las moradas del castillo interior", describen minuciosamente y con inmensa sabiduría, las siete moradas donde el rey habita. Estamos inhabitados por la Trinidad Santa. Dios termina así su larga búsqueda del hombre. La puerta del paraíso perdido y cerrado, custodiada por los ángeles, ha sido abierta de nuevo. Después del pecado, Adán y Eva no vivían ya bajo el mismo techo de Dios. Cuando Dios se revela en el Sinaí, el pueblo permanece apartado. Lo mismo ocurre con el Sancta Sanctorum del Templo. Pero Dios poco a poco va acercándose a los hombres. Los profetas intuyen que algún día se reencontrarán: "No temas, el Señor tu Dios está en medio de ti" (Sofonías). "Mi casa estará en medio de ellos" (Ezequiel). "Vengo a morar en tí" (Zacarías). Juan afirma que Dios nunca será el acusador del hombre, sino su Defensor, su Consolador.

 

         9  El Apocalipsis anuncia el retorno de la paz al echar fuera al diablo: "El dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero y sus ángeles fueron precipitados con él". En adelante, la humanidad puede reintegrarse en la Trinidad, con un Hombre: Jesús. Ya puede reiniciarse la vida en común: "Vendremos a él y haremos morada en él". La Trinidad es la causa de la paz admirable que Cristo nos ofrece, diferente de la paz del mundo. Esta sólo acalla las armas y las bombas y las intrigas de la guerra fría. La de Jesús, sólo la comprende quien la vive. Es ciencia incomunicable, aunque sus efectos son constatables. Apresurémonos a decir, que también esa paz tiene grados, como las moradas, y equivalentes a ellas Juan 14, 23.

 

         10. Paz que encontramos en los sacramentos pascuales, por los que ofrecemos al Padre la obra de su amor como culto vivo, propiciatorio y expiatorio, fuente de confianza en la resurrección de Cristo.

 

P. JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es