
JOSÉ OTÍN AQUILUÉ * HUESCA, 22.12.1901. CANTÓ MISA EN 1928. EDUCADOR MUY APRECIADO EN ALCOY. MARTIRIZADO en Valencia, noviembre de 1936.
TESTIMONIO DE JORDI ALBERTI
Jordi Albertí, investigador de la persecución religiosa durante la Guerra Civil
"Había que matar a los curas más buenos, por más dañinos"
LA VANGUARDIA
Tengo 58 años. Nací en Cassà de la Selva y vivo en Maçanet de la Selva. Soy filólogo e investigador
de la literatura e historia contemporánea. Estoy casado y tengo cuatro hijos treintañeros.
Soy socialdemócrata confederalista. Soy católico y estoy en las antípodas del integrismo
VÍCTOR-M. AMELA -
¿Cuántos religiosos fueron ejecutados durante la guerra civil española?
De los 50.000 ciudadanos
ejecutados o asesinados en la España republicana, 7.000 eran
eclesiásticos: ¡el 14%! Y de estos, 4.221 fueron eliminados en Catalunya.
Aquí la retaguardia fue más larga...
Pero el 95% de la matanza fue
entre julio de 1936 y mayo de 1937.
¿Por religiosos o por derechistas?
Fue una persecución religiosa:
ser sacerdote, fraile o monja entrañaba peligro de muerte. Hoy lo asimilaríamos
a un genocidio.
¿Dónde están sus cuerpos?
Unos desaparecidos, algunos en
fosas... y muchos exhumados como "mártires" de su
"cruzada": ¡han sido doblemente víctimas! Merecen ser recordados con
dignidad.
Alguno sí sería franquista...
Casi ninguno de los pobres
eclesiásticos asesinados hizo proclamas políticas.
¿Quién mató a esos 7.000 eclesiásticos que vivían en el bando republicano?
Anarquistas de la FAI,
principalmente. Para socialistas o comunistas, ser cura sumaba un punto en
contra de alguien, pero no justificaba matarle si no apoyaba a los fascistas.
En cambio, para los fascístas, ¡un cura o una monja era un enemigo mortal
en sí mismo!
¿Por qué tanta inquina?
La FAI había teorizado que para culminar su revolución debía suprimirse el
Ejército, el Capital y la Iglesia. De estas tres dianas, ¿cuál era la
más accesible y vulnerable?
¿Curitas y monjitas?
Sí, y al estallar la guerra pudieron "hacer productivo el caos", como
planificaron en 1933. Tocaba quemar iglesias y matar curas: de entrada, a los
más caritativos y buenos.
¿Por qué?
Por lógica: como la religión era un engaño, los curas más santos y buenos eran
los más eficaces engañando al pueblo; por tanto, los más dañinos. Y con algunos
se ensañaban.
¿Cómo?
Antes de matarlos, a muchos les amputaban brazos, les arrancaban los ojos, la
lengua, los testículos..., y se los metían en la boca. ¡La muerte simbólica
precedía a la literal! Hubo verdaderas cacerías del hombre por calles y campos,
pero esto es ya materia de estudio para un antropólogo cultural...
¿Qué hacían Azaña y Companys para impedir estos crímenes?
Poco, presos de su discurso izquierdista: ser de izquierdas implicaba ser
anticlerical, eso era ser buen republicano... Companys fue más allá:
manifestó admiración por los fascistas, que eran dueños armados de las calles.
¿Nadie se atrevió a frenarlos?
Autoridades como el conseller Ventura i Gassol se jugaron
la vida expatriando a mucha gente amenazada por la guadaña faísta...,
hasta que él mismo huyó para salvarse. A mediados de 1937, el gobierno de Catalunya sí
detuvo a 175 personas. A un cabecilla le juzgaron ¡por estafa!, por quedarse el
dinero del rescate pagado por 45 maristas a los que, tras cobrarles, mandó
fusilar.
¿Sabían de esta persecución religiosa fuera de España?
Tanto desmán erosionó muchísimo el prestigio de la República ante Europa.
¿Diría que la cuestión religiosa fue el gran talón de Aquiles de la República?
"¡Dios salve a la República!". Con esta proclama recibieron
muchos católicos a la República..., pero la anticlerical Constitución de
1931 los ahogó. ¡Qué difícil se hacía ser católico y republicano, ser de
derechas y republicano! Aquella intolerancia lastró la viabilidad de la
República, fue un grave error.
¿En qué abono se enraizaba aquel anticlericalismo?
Desde el siglo XIX muchos veían a la Iglesia como siempre aliada al
poder, a los explotadores de la gente más humilde...
¿Desaparecieron muchos bienes de la Iglesia en la República en
guerra?
Arrastraron, cuartearon, ahorcaron, torturaron, fusilaron y quemaron miles de
imágenes: fue una oleada de fobia figurativa, catártica, contra todo lo que
había sido sagrado. Profanaron tumbas, expusieron momias de monjas, incineraron
libros parroquiales, incendiaron templos y los convirtieron en almacenes...
¡Comenzaba un mundo nuevo!
¿Algún caso le parece muy crudo?
El padre Crescenci Soler fue quemado vivo en el Camp de la
Bota. El padre Francesc Güell, fusilado y arrojado a un
barranco, sobrevivió: unos payeses le llevaron al hospital de Igualada, y ya
curado... le fusilaron de nuevo. Al párroco de Bellestar, Rafael Eixarch,
desnudo, le pincharon con un cuchillo por todo el cuerpo, le cortaron los genitales,
le ataron una piedra al cuello y le tiraron al río Ebro: logró salir a
nado y volvieron a tirarlo, su cadáver jamás se recuperó...
Esta era la guerra de carne y hueso...
Y la tragedia de tantas personas que no osaron oponerse al asesinato de su pariente,
su amigo, su vecino, por cobardía: es muy humano, pero vivir con eso encima es
duro.
Es natural que prefieras olvidar...
¡Ojalá nos impregnemos de todo ese dolor para no perder el sentido de vida
en común!
¿Es útil lo de la memoria histórica?
Sólo si asumimos los crímenes de la persecución religiosa como parte de nuestra
historia.
"Usted váyase"
"¿Dónde queréis que os matemos?", preguntaban los milicianos a los curas en Menàrguens (Noguera), en agosto de 1936. ¡Tiempo de exterminio en impunidad bajo una Generalitat impotente, en unaCatalunya durante nueve meses dominada por místicos de la violencia redentorista! "Usted váyase. A este vamos a matarle porque es cura", despachaban los milicianos a dos detenidos en Cabacés(Priorat)... Todo lo documenta Albertí en La Iglesia en llamas (Destino), que prueba la estrategia exterminadora. Un trabajo tan incómodo como imprescindible en este tiempo de memoria histórica: la memoria de nuestra guerra y posguerra sólo será terapéutica si no olvidamos nada ni a nadie.