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JUANA
FRANCISCA FREMYOT DE CHANTAL FUNDADORA DE LA VISITACION
Por
Jesús Martí Ballester
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12
agosto
¿QUIÉN
ES JUANA FREMYOT DE CHANTAL?
Ella misma
se nos presenta: "Soy Juana Francisca Frémyot, natural de Dijón,
capital de Borgoña, hija del señor Frémyot, presidente del
Parlamento de Dijón, y de la señora Margarita de Barbisey." Es
por tanto, compatricia de San Bernardo de Claraval, nacidos ambos en
la misma Dijon, sólo que Bernardo en su castillo a dos kilómetros y
Juana, en el centro de la ciudad. A los veinte años casó con el
barón de Chantal, y pasó a ser la baronesa de Chantal por lo tanto,
cuya familia descendía de la familia de San Bernardo. Su estatura
física alta, noble y porte majestuoso, hermosa sin fingimientos ni
coqueterías; y temperamento jovial y abierto. Piadosa sin presagiar
la grandeza de su futura santidad. Enamorada impetuosamente de su
marido y correspondida con el mismo amor.
INCERTIDUMBRE
Cuando no
veía al señor de Chantal -dice ella-, empezaba a sentir en su
corazón grandes atractivos de pertenecer a Dios totalmente; pero
todos estos pensamientos los concentraba en la conversación y en la
vuelta del Señor de Chantal." Es el síntoma de las inquietudes
y angustias con que Dios orilla sus llamadas, sobre todo, las de
aquellas que han de tener resonancias sociales mundiales y
eclesiales. Habría que preguntarle a San Ignacio y a San
Enrique de Ossó y, no digamos a Santa Teresa de Jesús, que casi
perdió la vida en la lucha. “Mis pensamientos no son vuestros
pensamientos” Nosotros actuaríamos de distinta manera. Iríamos más
directamente. Quiero preparar una fundadora, primero que permanezca
soltera lo que facilitará después mi propósito y, sobre todo, que no
llegue a formar una familia, pues esto complicará más mis planes. Y
también haríamos sufrir menos a la candidata, ¿qué sentido tiene que
maten a su esposo, mejor no haberlo tenido? ¿Medimos el dolor de
aquella esposa, madre, que ve a sus cuatro hijos huérfanos? Todo se
va a complicar. Pero nosotros vemos el bordado del revés, desde la
parte inferior del bastidor. El que ve el bordado correctamente
desde el sitio del bordador, contempla armonía en la combinación de
los colores, en la belleza del dibujo, en la obra de arte que
contemplamos.
OTRA
VEZ EL MUNDO
Cuando el
barón regresaba y estaba presente, volvía ella también a su vida
ordinaria de fiestas, de cacerías, de visitas y de toda suerte de
distracciones. Es natural, esos son los frutos de la naturaleza que
está tratando de torpedear la gracia con sus trazas y caminos
inextricables, inverosímiles, que sólo cuando en la luz de Dios
veamos la trama, comprenderemos la magnificencia del bordado. A
todos los hilos les veremos razón, santidad y belleza, como obra del
Supremo Artista La vida de los dos esposos fue un idilio de
diez años, que terminó con una tragedia. Un día el barón fue herido
involuntariamente por uno de sus mejores amigos en una cacería.
Juana corrió hacia él, temblorosa, y escuchó: "Amiga mía, la
sentencia del Cielo es justa; hay que amarla y morir." "No, no
–replicó ella-, es preciso que te cures." Y añadía: "Señor, tomad
todo lo que tengo en el mundo, pero dejadme a mi esposo." A los ocho
días el barón expiraba, dejando a Juana Francisca el cuidado de sus
cuatro hijos. Ella le lloró "con diluvios de lágrimas
incomparables". Su único consuelo era estar sola y llorar. Su
castillo le parecía poco desierto; y se iba a deshacerse en
llanto en un bosquecillo cercano. Cuando se dieron cuenta de que
pasaba las noches de rodillas, rezando y llorando, empezaron a
vigilarla para conseguir que se acostase. A los cuatro meses se
había convertido en un esqueleto."
EMBATES DE
DIOS
Brusquedad,
a veces de los asaltos de Dios a las almas escogidas. Llegaba un
amor nuevo, que reina en la noche, y asoma su luz deslumbrante a
momentos. Dios ocupa el puesto del hombre sin dejarse ver ni tocar,
aunque deja efectos comprobables de su presencia. Juana es madre:
sus hijos la vuelven a ver sonriente como antes; los enfermos, los
pobres la encuentran más humana; los familiares, los íntimos, se
admiran de su cambio y de su presencia de ánimo por el que se
sobrepone a sí misma y reanudar su vida cotidiana. Sólo le resultaba
imposible, oír nombrar al asesino del barón. Siete años más tarde,
aún resistirá a las insinuaciones del obispo de Ginebra, deseoso de
la reconciliación.
TINIEBLAS
Por fuera
claridad aparente; por dentro, la noche Al más profundo dolor se
juntan las tinieblas de la tentación. Cortó las soliciles del mundo
e hizo voto de castidad; pero los asaltos a la fe eran cada día más
terribles. Necesita un director que la saque de la oscuridad, y un
sentimiento sobrenatural le dice que no tardará en llegar. Ávida de
dirección, pero ignorante de las cosas divinas, acepta el yugo de un
fraile petulante y tiránico, que la ata con las promesas
absurdas. La ingenua candidez de la baronesa durante dos años se
llenó de escrúpulos, cargó con acciones indiscretas y torturantes.
Comprendía que no era aquél el camino, pero seguía los menores
consejos del pastor con docilidad de mansa cordera.
SE ACERCA
EL DIRECTOR NECESARIO Y PREPARADO
En la
cuaresma de 1604, Juana Francisca, sabe que Francisco de Sales;
Obispo de Ginebra, viene a predicar a Dijón y comenzó a oír
sus sermones. Empezaron a conocerse: él, con lentitud prudente;
ella, sin titubeos. "Desde que tuve la dicha de conocerle-dirá más
tarde-, le llamé santo desde el fondo de mi corazón." Mientras duró
la Cuaresma, la baronesa se sentaba frente al predicador para verIe
y oírle mejor. El santo empezó pronto a fijarse en aquella viuda,
que escuchaba con tanta atención, preguntó al obispo de Bourges,
justamente hermano de la baronesa: "¿Quién es esa señora joven de
tez morena clara, que viste de viuda y se coloca en frente de la
cátedra del predicador?" Después Juana y Francisco se entrevistaron
repetidas veces en la casa del presidente Fremyot, que celebraba
viendo en su mesa al obispo de Ginebra. Juana "le seguía a todas
partes, siempre que podía."
PRUDENTE
OBSERVACION
En su
conversación, San Francisco de Sales, que nunca termina cuando
escribe, era reservado y parco en palabras, más amigo de observar
que de hablar. Observaba a la señora de Chantal, y la joven viuda
"morena clara" se le presentaba como un enigma. Seria y jovial,
concentrada y fácil, tímida y ardiente, sencilla y elegante, nada
parecía indicar en ella la actividad de su vida interior. Sus labios
estaban cerrados a toda confidencia. "A nadie comunicaba nada -dice
ella- sino con gran temor, aunque la bondad del obispo me
invitaba a hacerla, y yo me moría de ganas de hablar." El obispo se
esforzaba por echar la sonda, incluso llegó a preguntarle si tenía
intención de casarse, Y respondió que no. "Entonces sería bueno
arriar la bandera." Ella comprendió, y al día siguiente arrinconó
todas sus galas y apareció en público con un vestido di una
sencillez extremada, con sólo un pequeño encaje de seda. El obispo
quedó encantado de aquella docilidad. -"Señora -le dijo-, ¿estaríais
menos bien si esos encajes no figurasen ahí?" Ella se levantó
inmediatamente y arrancó aquellos adornos con su propia
mano.
POR
FIN
Un
miércoles santo, Juana se decidió a abrir su alma con timidez al
obispo. Salió tan confortada de la entrevista que le parecía que
había hablado con un ángel. Francisco no se apresura a recibir
aquella alma que se entrega a su dirección y que lleva en la frente
y en los ojos el sello del heroísmo. Como si tuviera miedo ante la
riqueza de sus dones naturales y los efectos maravillosos que la
gracia estaba empezando a producir en ella. Pasan largos meses
de incertidumbre en Francisco él y de crisis en Juana; hasta que un
día de agosto de 1604 se encuentran en Annecy, a medio camino entre
Borgoña y Saboya. Con el obispo están su madre, su hermana y sus
amigos. La baronesa trae también su séquito. Hechas las
presentaciones, el obispo pasa diestramente el cortejo a su madre,
"y tomando aparte a su querida hija espiritual, hizo que le contase
todo lo que había pasado en ella; y ella habló con tal claridad,
sencillez y candor, que no olvidó el menor detalle. El santo prelado
escuchó muy atentamente, y sin decirle una sola palabra, se
separaron. Y Francisco escribe a Juana: “Nunca me distraigo en la
misa, pero desde que os conozco, sobre todo en la misa, vuestra
imagen y recuerdo no se separa de mi mente.
DECISION
Un día,
muy temprano, fue en su busca. Estaba muy cansado y abatido.
"Sentémonos -le dijo-; estoy: fatigado, y pensando toda la noche en
vuestro asunto, no he podido dormir. Veo claro que la voluntad de
Dios es que me encargue de vuestra dirección espiritual y que sigáis
mis consejos Después permaneció un poco en silencio, y
levantando los ojos al cielo, continuó: "Señora, ¿os lo diré? Debo
decirlo, puesto que es la voluntad de Dios. No os extrañéis de que
haya tardado en resolverme: quería conocer bien la voluntad de
Dios, para que no haya en este asunto más que la intervención suya."
SANTA
LIBERTAD
"Aquella
misma mañana dice el: relato biográfico- Juana Francisca hizo su
confesión general con el obispo. Hay una palabra que resume el
método que siguió San Francisco en la dirección de Santa Chantal: la
palabra libertad. Me quejaba -dice ella- de que no me mandaba
bastante." Pero al mismo tiempo experimentaba que acababa de salir
de una cautividad interior. Francisco, atento a la acción de Dios en
las almas, no quería entorpecer esa acción con la suya. Es prudente,
además, porque no está bien seguro de las posibilidades que
aquella naturaleza de mujer tan excepcional y, elegida. Pero la
tarea que él sueña también necesita gestos sublimes y fortaleza
varonil.
INFLUENCIA
DE SANTA TERESA
Aún no
hace un cuarto de siglo que Santa Teresa ha muerto. Había dejado
sembrados dieciocho monasterios en España. Cuando va a actuar
Francisco de Sales, las carmelitas ya han penetrado en Lisboa,
Portugal, con María de San José y el padre Gracián de la Madre de
Dios. Ahora las carmelitas de Santa Teresa, acaban de ser
introducidas en Francia por Ana de Jesús, “la capitana de las
prioras”, como la llamaba Santa Teresa y la predilecta de San Juan
de la Cruz, aunque alguna vez había opinado mal de la designación de
San Juan llamando hija suya a Santa Teresa y replicaría,”que lo es
muy de verdad de mi alma. A estas alturas ya se han
establecido en Dijón. Juana ya se relaciona con ellas. Francisco no
impide su relación con las monjas españolas, cosa de competencias
desgraciadamente tan corriente por los celos humanos, sino que la
favorece, y goza viendo a Juana envuelta en aquella brisa mística
que llega de Avila. La mística y los modos teresianos dejarán un
rescoldo fecundo en la vida espiritual de la baronesa, que imprimirá
una huella en la espiritualidad de Santa Juana, Así lo testifican
sus propias confesiones: “De campestre que era, la hicieron
ciudadana de la mística. Eso le alentó a ascender de los primeros
grados de la oración y la liberó de la sumisión excesiva a los
métodos de la oración ordinaria. A los asiduos a los monasterios de
la Visitación les resultará familiar el verbo latino ”cucurri”.
Forma parte de un salmo latino que reza así: “Mandata tua cucurri,
cum dilatasti cor meum”, “guardé gozosamente tus mandamientos uando
ensanchaste mi corazón” Se refiere la frase la delicia que
siente un alma cuando es conducida por el Espíritu Santo por la vía
mística, que se goza por los Dones del Espíritu santo y no por las
virtudes. Juan Francisca estaba en disposición de empezar su obra.
FUNDADORA
En la
primavera de 1607 la baronesa volvía a Annecy para conocer lo que su
director pensaba hacer respecto a ella. "Fui en su busca -nos dice
ella misma- con la mayor indiferencia que pude." Francisco escucha,
observa y calla. Durante una semana entera examina la voluntad de
Dios en un silencio solemne y dramático. "Pero el día siguiente a la
fiesta de Pentecostés -dice una discípula de la santa-, habiéndola
llamado después de la misa, con un semblante grave y serio, y de una
manera que indicaba al hombre absorto en Dios, le dijo: "Bueno, hija
mía, ya he resuelto lo que voy a hacer de ti". "Y yo Padre mío,
estoy resuelta a obedecer." Así respondió ella, de rodillas. El
obispo permaneció en pie a dos pasos de ella, y después de una
pausa, continuó: "Muy bien; es preciso que entres en Santa Clara."
"Dispuesta estoy, Padre mío" -contestó ella. "No-replicó el obispo-,
no eres bastante fuerte; tendrás que ser Hermana del hospital de
Beaune." "Como os guste." "No, no es eso lo que quiero -agregó él-;
debes ser carmelita." "Ahora mismo, monseñor", repuso ella. Aún la
propuso otros varios proyectos para probarla, y vió que era una cera
derretida por el calor divino, dispuesta a recibir cualquier forma
de vida religiosa. Le expuso al: fin su idea de fundar una nueva
congregación, el instituto de la Visitación de Santa María. La
vocación que Francisco quería desarrollar era la de religiosas que
visitaran a los pobres, de ahí su nombre de la Visitación y
visitandinas. Era pronto aún y el obispo no le permitió que salieran
del claustro y tuvo que aceptar la renuncia a su primer
planteamiento que, un poco después tomará San Vicente de Paul para
sus Hijas de la Caridad
LA
DESPEDIDA
En 1610
todo estaba preparado en Annecy para recibir a las primeras
visitandinas. La señora de Chantal abandonó su casa el día de San
José. La despedida dió lugar a una escena emocionante. Todos
lloraban, y ella misma, a pesar de la violencia que se hacía, estaba
deshecha en llanto. El mayor de sus hijos, Celso Benigno de Rabutín
Chantal, el que será un día padre de la marquesa de Sevigné, se
colgó a su cuello esforzándose por retenerla con sus caricias. Ella
le cubría de besos y respondía a todas sus razones con un valor
admirable. A fin se arrancó violentamente a los brazos de su hijo, y
se dispuso a marchar. Entonces, Celso Benigno, desesperado por no
poder detener a su madre, se tendió en el umbral, y dijo estas
palabras: "Madre, pasa si quieres, si te atreves a pasar sobró el
cuerpo de tu hijo." Dudó ella un momento y se detuvo con el corazón
oprimido; pero, cobrando luego nuevas fuerzas, ~ sonriendo a través
de las lágrimas, echó a andar, ganó la calle de un salto y subió a
su carroza. Durante un rato caminó en silencio y con los ojos
arrasados en lágrimas; después se tranquilizó súbitamente y entonó
el cántico de la liberación. Su agonía había
terminado.
EL
HOGAR
Entre
Chambery y Ginebra, sobre una de las colinas que descienden de las
cumbres del San Bernardo y del Mont-Blanc, está Annecy. Es una
ciudad pequeña. El primer convento del instituto, entre huertos y
arboledas, fuentes cristalinas y plátanos seculares. Así se
presentaba al mundo el instituto de la Visitación, concebido por el
fundador con el mismo espíritu que la Introducción a la vida devota,
pórtico de la santidad cristiana. Es un error querer desterrar a las
persona débiles de la vida cristiana, a quien no es capaz de
soportar los rigores del Carmelo, pero ni lo oficios de la noche, ni
los ayunos, ni las disciplinas, son necesarios para llegar a la
santidad. La Visitación será el Carmelo de los frágiles, de los
enfermos. "Esta condición -escribe Francisco- ha sido dirigida
para que ninguna aspereza pueda apartar a los débiles de dedicarse a
la perfección del amor." Esta frase refleja con toda precisión el
programa del nuevo instituto, y las primeras salesas lo cumplieron
de una manera admirable, llegando a convertirse en maestras del
amor o para el mismo fundador. En aquellos días gloriosos, la
Visitación fue para él un campo de experiencias místicas, donde las
semillas fecundas luego habían de germinar en el Tratado del amor
divino.
PRIMERA
OBSERVANTE
La Madre
Juana era la
primera en los deberes de la observancia. 'Nuestro Padre -dice una
de las primeras visitandinas- deseaba, que las Hermanas hagan la
cocina y los oficios domésticos una tras otra. Nuestra Madre,
si no estaba enferma, jamás se dispensaba de servir y cocinar la
semana que le tocaba. En el gran jardín de la casa acogen a los
niños de los pobres, la Madre encontraba gran suavidad en estos
ejercicios bajos y domésticos. Aunque su principal cuidado era
fundar bien a sus hijas: en la vida interior y del espíritu; y por
la gracia divina, muchas tuvieron en poco tiempo oración de quietud,
de sueño amoroso, de unión altísima; y luces extraordinarias de los
misterios divinos en que estaban absortas; y algunos arrobamientos y
éxtasis..
SE REVELA
LA MUJER DE GOBIERNO
La mujer
sumisa y confiada, que parecía incapaz de dar un paso sin el
gobierno de otro, se había convertido en una maestra insigne; la
discípula tímida y obediente se había revelado con un carácter
maravillosamente dotado para el gobierno. De repente, camina de
ciudad en ciudad, organiza comunidades en todas las provincias de
Francia, atiende a todos los detalles de la administración, dirige
treinta, sesenta y hasta ochenta casas y mantener una
correspondencia europea. Sin la vivacidad, sin la elocuencia de
Santa Teresa tiene su profundo sentido práctico. Hablaba poco y con
sequedad. "Preguntadme -decía a sus hijas-; no soy predicadora; sólo
sé hablar cuando me preguntan.". Sus cartas son breves, y dirigidas
siempre a la acción. Por el desdén de la forma, recuerdan las de San
Vicente de Paul. Por el pensamiento, por la pasión, por la
luminosidad, son reflejo de un espíritu elevado, firme, ardiente y
un poco autoritario. Juana Francisca había nacido para mandar. Su
porte de reina, su mirada, su gesto, su voz, eran las de un jefe
nato. Con menos virtud, hubiera llegado a ser altiva, imperiosa,
inclinada a la severidad e intransigente ante la resistencia.
Felizmente, la gracia de Dios, la dulzura comunicativa de San
Francisco de Sales y la santidad corrigieron ese fallo,
desarrollando en su alma una humildad y una dulzura que, nos admiran
más por no ser naturales.

JESUS
MARTI BALLESTER
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