|
|
|
LOS PROTOMARTIRES DE ROMA 30 JUNIO 2009 |
|
LA CALUMNIA Si a Oriente, Jerusalén, le bastó un Prrotomártir,
Esteban, porque le había precedido LOS ANALES DE TACITO El gran historiador Tácito Cornelio (54-120), senador y
cónsul, describirá este acontecimiento escribiendo en tiempo de Trajano sus
Anales. Cuando los rumores se hicieron públicos, Nerón, encontró los
culpables, los cristianos. Con ello empieza la primera, gran persecución que
durará hasta el 68 y acabará con la vida entre otros de los apóstoles Pedro y
Pablo. Sometió a refinadísimas penas a los cristianos, que ya eran mal vistos
por las infamias que se les atribuían. El nombre de cristianos venía de
Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio había sido condenado al suplicio por
orden del procurador Poncio Pilato. Momentáneamente adormecida, esta maléfica
superstición irrumpió de nuevo no sólo en Judea, sino también en Roma, adonde
todo lo que es vergonzoso y abominable viene a confluir. Primeramente fueron
arrestados los que hacían abierta confesión de su fe. Después, tras denuncia
de estos, fue arrestada una gran muchedumbre, no tanto porque acusados de
haber provocado el incendio, sino porque se los consideraba encendidos en
odio contra el género humano. LOS TORMENTOS Aquellos que iban a morir eran también expuestos a las
burlas: cubiertos de pieles de fieras, morían desgarrados por perros, o eran
crucificados, o quemados vivos como antorchas que iluminaban las tinieblas,
puesto el sol. Nerón ofreció sus jardines para gozar de tal espectáculo,
mientras él anunciaba los juegos del circo y vestido de auriga se mezclaba
con el pueblo, o aparecía erguido en su carroza. JUICIO PERSONAL DE TACITO Los cristianos eran, pues, considerados también por Tácito
como gente despreciable, capaz de crímenes horrendos, como el infanticidio
ritual, la renovación de ACUSADOS DE ATEISMO El historiador griego Dión Casio,
que en Roma fue pretor y cónsul, en el libro 67 de su Historia Romana afirma
que bajo Domiciano fueron acusados y condenados «por ateísmo» (ateótes) el consul Flavio
Clemente y su mujer Domitila, y con ellos muchos
otros que «habían adoptado los usos judaicos». La acusación de ateísmo, es dirigida contra quien no
considera divinidad suprema la majestad imperial. Domiciano, durísimo
restaurador de la autoridad central, pretende el culto máximo a su persona,
centro y garantía de la «civilización humana». Parece mentira que un intelectual como Dión
Casio llame «ateísmo» el rechazo del culto al emperador, lo que significa que
en Roma no se admitía ninguna idea de Dios que no coincida con la majestad
imperial. Quien tiene una idea diversa es eliminado como gravemente peligroso
para la «civilización humana». Sobre los cristianos en consecuencia, descargó Nerón, las
acusaciones que se le habían hecho a él, condenándolos a terribles suplicios.
Aparte de que la doctrina cristiana
eran un desafío a los dioses paganos celosos y vengativos... “Los
paganos—dirá Tertuliano— atribuyen a los cristianos todas las calamidades
públicas, cualquier catástrofe. Si las aguas del Tíber
se desbordan e inundan la ciudad, si por el contrario el Nilo no se desborda
ni inunda los campos, si hay sequía, carestía, peste, terremoto, la culpa es
toda de los cristianos, que desprecian a los dioses, y por todas partes se
grita: ¡Los cristianos a los leones!”. ANTORCHAS HUMANAS Nerón tuvo la responsabilidad de haber iniciado la absurda
hostilidad del pueblo romano, más bien tolerante en materia religiosa,
respecto de los cristianos: la ferocidad con la que castigó a los presuntos
incendiarios no se justifica ni siquiera por el supremo interés del imperio.
Antorchas humanas, rociadas con brea ardiendo en los jardines de la colina Oppio, mujeres y niños vestidos con pieles de animales en
las garras de las bestias feroces en el circo, fueron espectáculos tan
horrorosos que suscitaron un sentido de compasión y de horror en el mismo
pueblo romano. “Entonces —dice Tácito—se manifestó un sentimiento de piedad,
aunque se tratara de gente merecedora de los más ejemplares castigos, porque
se veía que eran eliminados no por el bien público, sino para satisfacer la
crueldad de un individuo”, Nerón. La persecución no terminó en aquel fatal
verano del 64, sino que continuó hasta el año 67. La gente sin embargo
pensaba que había sido el propio emperador Nerón, “el loco”, quien lo
provocó, y es famosa la imagen del emperador tocando el arpa en su palacio
mientras observaba las llamas destruyendo la capital del imperio. Hay muchas
teorías: desde la simple y llana demencia de Nerón hasta una compleja
maniobra política con vistas a replantear todo el urbanismo de Roma. El caso
es que, hoy por hoy, no podemos afirmar con seguridad si Nerón fue o no el
culpable. Lo que si sabemos es que el emperador empezó a preocuparse cuando
sus súbditos comentaron que él era el pirómano. De modo que buscó a un responsable que pagara las culpas,
alguien en quien descargar la ira y la frustración del pueblo romano. Los
cristianos no adoraban a los dioses del imperio, tenían fama de raros y hasta
se decía que eran caníbales. La gente de la calle estaba dispuesta a echarles
mano, y que pagaran tal atrocidad. Así comenzó la primera persecución de
cristianos Decapitados, crucificados, quemados en la hoguera, pero los
romanos. “PAN Y CIRCO” Era uno de los lemas favoritos de los emperadores; de modo
que hicieron del martirio de estos hombres y mujeres una diversión para el
pueblo romano. Los cristianos eran conducidos al coliseo, donde eran
devorados por las fieras ante el asombro y sobrecogimiento del público, que
rompía en aplausos o carcajadas cada vez que un mártir era devorado por un
león. La costumbre parece que tuvo éxito, y durante años los cristianos
fueron perseguidos y asesinados. Primero por el incendio, después por el odio
que se había inculcado hacia ellos y, por último, porque eran peligrosos,
porque crecían, pudo escribir Tertuliano, “somos de ayer y llenamos todo el
orbe” y porque negaban la legitimidad misma de un imperio basado en la
divinidad del gobernante. El historiador Tácito (120) da cuenta en sus Anales
de la muerte de «esas gentes a las que el vulgo denominaba cristianos. Eran,
según dice, «una inmensa multitud», estos son los que vienen de la gran
tribulación, dice Juan en el Apocalipsis. Su muerte «fue organizada como una
diversión. Unos, cubiertos con pieles de fieras, fueron desgarrados por
perros; otros fueron izados a cruces en las que, al caer el día, se
convirtieron en antorchas vivas, a fin de iluminar la noche. Nerón había
ofrecido sus jardines para semejante espectáculo. Facilitaba juegos en el
circo, mezclándose entre la multitud, vestido de auriga de cuadrigas o bien tronando sobre su
vehículo. Por eso, aun cuando estas gentes fueran unos culpables dignos de
los últimos suplicios, uno se sentía lleno de compasión al ver cómo eran
inmolados no para el bien público, sino por crueldad de uno solo». EL SEPULCRO DE PEDRO El apóstol San Pedro fue uno de los crucificados en esta
noche atroz, puesto que su cuerpo se hallaba depositado en la ladera de la
colina vaticana. Posteriormente, el lugar fue identificado y se construyó el
primer templo conmemorativo. Hoy, en el centro de San Pablo fue decapitado en Tre Fontane, Tres Fuentes y enterrado muy cerca en el mismo
sitio donde hoy se alza JESUS MARTI BALLESTER |
|
JESUS MARTI BALLESTER |