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SAN LUIS
GONZAGA |
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Fue educado como militar y en el más exquisito trato social. De los
soldados aprendió palabras groseras hasta que su maestro lo corrigió.
Imprudentemente hizo estallar un cañón con grave peligro. Toda su vida lloró
estos pecados. Recibió la primera comunión de manos de San Carlos Borromeo, Arzobispo
de Milán. San Luis vivió en palacios de altos gobernantes, pero nunca se fijó en
las mujeres. Y así se libró de muchas tentaciones. San Roberto Belarmino, gran sabio jesuita, le dirigió
espiritualmente, Para llegar a ser santo le aconsejó: confesión y comunión
frecuentes, gran devoción a Ante una imagen de Cuando iba a hacer o decir algo se preguntaba: "¿De qué sirve
esto para la eternidad?" y si no le servía para la eternidad, ni lo
hacía ni lo decía. Una vez arrodillado ante la imagen de Nuestra Señora del Buen Consejo,
le pareció que Le pidió permiso a su padre, pero no lo dejó. Se empeñó en hacer todo
lo contrario para disuadirle. Y lo llevó a fiestas y a palacios y juegos para
que se le olvidara su deseo de ser sacerdote. Al cabo de varios meses le
preguntó: "¿Todavía sigues deseando ser sacerdote?", y el joven le
respondió: "En eso pienso noche y día". Su padre se rindió y le dio
permiso para entrar jesuita. Cuando aún era seminarista, cuidando a los enfermos de la peste se
encontró en la calle a un enfermo gravísimo. Lo cargó sobre los hombros y lo
llevó al hospital. Le contagió la peste tifoidea, que llevó a la muerte
el 21 de junio de Su madre aún vivió para ver en 1621 la beatificación de su hijo. San Luis Gonzaga tuvo que hacer muchos
sacrificios para poder mantenerse siempre puro, y por eso La castidad. Esa flor hoy tan escasa, fruto hoy casi exclusiva de
invernadero. Flor delicada y rara y ridiculizada, tan estimada por Luís. De ellaJuan Pablo II dijo a los jóvenes en Lourdes el
15 de agosto de 1983: «Los que os hablan de un amor espontáneo y fácil os engañan. El amor
según Cristo es un camino difícil y exigente. El ser lo que Dios quiere,
exige un paciente esfuerzo, una lucha contra nosotros mismos. Hay que llamar
por su nombre al bien y al mal». Y en Rímini
(Italia), agosto de 1985, dijo el mismo Pontífice: «¿Quieres
encerrarte en el círculo de tus instintos? En el hombre, a diferencia de los
animales, el instinto no tiene derecho a tener la última palabra». Lo que es
imposible es guardar la pureza de cuerpo sin guardarla también de corazón y
de pensamiento.
Muchos quieren liberarse de la moral católica que consideran
represiva, y lo que hacen es caer en la esclavitud del pecado que degrada al
hombre. El yugo de Cristo es suave y ligero, si se lleva con amor y voluntad
corredentora.. (Mateo, 11,28) La sexualidad ha de
ser vivida bajo el signo de la cruz y la redención. Y desde esta perspectiva
había que interrogarse sobre el valor positivo de la abstinencia sexual
durante el noviazgo. El eros debe ser educado por
el agape, como dice Benedicto XVI en su Encíclica Deus Caritas est. San Luís enseña a la juventud de hoy, tan asediada por peligros, que
hay que entrenarse para saber esforzarse cuando haga falta. El que no sabe
decir no cuando pudiera decir sí, no sabrá decir no cuando tenga que decir
no. El que no sabe privarse de lo lícito por ensayo, no sabrá privarse de
lo ilícito cuando sea necesario. El que no vigila la imaginación y los pensamientos, es imposible que
guarde castidad. El apetito sexual es sobre todo psíquico. Si no se arrancan
las raíces de la imaginación es imposible contener las consecuencias en la
carne. Por eso es necesario saber dominar la imaginación y los deseos. El apetito sexual aumenta según la atención que se le preste. Actua como los perros que ladran cuando se les mira, y se
callan si no se les hace caso. La pureza no puede guardarse sin la
mortificación de los sentidos. Quien no quiere renunciar a los incentivos de
la sensual vida moderna, que exaltan la concupiscencia, es natural que sea
víctima de tentaciones, y que la caída sea inevitable. La pureza no se puede
guardar a medias. Tampoco con nuestras solas fuerzas; pero con el
auxilio de Dios, sí. Quien -con la ayuda de Dios- se decide a luchar con
todas sus fuerzas, vence seguro. No es que muera la inclinación, sino que
será gobernada por las riendas de la razón. Luís sufría mucho de mal de riñones y esta enfermedad lo obligaba a
quedarse días enteros en su cama. Pero esta quietud le trajo un gran bien: le
permitió dedicarse a leer las Vidas de Santos, que le animó muchísimo a
volverse mejor. Llegó a tenera remordimiento
porque le parecía que deseaba demasiado irse al cielo. Su confesor San
Roberto, que lo acompañó en la hora de la muerte, dice que Luis Gonzaga murió sin haber cometido ni un sólo pecado mortal
en su vida. Influyó mucho en su familia y cuando Luís se hizo religioso su padre
se hizo mucho más piadoso de lo que era antes y murió después santamente.
Había renunciado a todas las grandes herencias que le correspondían. Santa
Magdalena de Pazzis en un éxtasis le vio en el
cielo, y decía: "Yo nunca me había imaginado que Luis Gonzaga tuviera un grado tan alto de gloria en el
paraíso". Tenía el carisma de pacificar y le llamaban de ciudad en
ciudad y como era tan extraordinariamente amable y bien educado, los
enemistados, ante su gran santidad, aceptaban reconciliarse. Fue avisado en sueños de que moriría el viernes de la semana siguiente
al Corpus, y en ese día murió. Era la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. Después de muerto se apareció a un jesuita enfermo, y lo curó y le
recomendó que no se cansara nunca de propagar la devoción al Sagrado Corazón
de Jesús. JESUS MARTI BALLESTER |
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JESUS MARTI BALLESTER |