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SAN MARTÍN DE TOURS del Greco

11 de noviembre

SU CULTO

Martín de Tours es uno de los santos que más templos tiene dedicados en todo el planeta. 3.500 parroquias tiene en Francia. La devoción a San Martín de Tours está extendida en todo el mundo: Francia y Alemania encabezan la lista.

ORIGEN

San Martín de Tours nació en Hungría en el año 316 aunque toda su educación la recibió en Pavia (Italia). Ya desde muy joven sintió un cariño especial al tema religioso, pero a los 15 años se vio obligado a entrar en el ejército, sirviendo a caballo en la guardia imperial romana. Es en este periodo cuando surge una de las historias más bellas y más conocidas de nuestro santo. Un día de invierno muy frío, la tropa romana entró en la ciudad francesa de Amiens. Allí, Martín encuentra a un pobre desnudo que le implora caridad, y no teniendo monedas para darle, Martín sacó la espada, cortó la capa que llevaba por el medio y le dio la mitad a aquél pobre hombre. Fue objeto de burlas por parte de sus compañeros, pero la acción caritativa fue dulcemente recompensada, ya que la tradición cuenta que aquél mismo día por la noche, vio en sueños a Jesucristo vestido con el mismo trozo de tela que había dado al mendigo. Y dice Cristo: “Martín todavía catecúmeno me ha vestido esta capa”. Relata Sulpicio Severo en la "Vita Martini": El joven soldado del César Juliano, Martín, del que todo el mundo recuerda el suceso de la capa partida, se encontraba con las legiones que el César había concentrado en la ciudad de Worms preparando la ofensiva contra los bárbaros que habían penetrado en las Galias. El año 356.

DEJA LAS ARMAS

Para elevar la moral de los soldados, el César decidió dar un donativo a sus tropas. En medio de las legiones alineadas en perfecto orden, cada soldado recibía el dinero que con generosidad daba Juliano. Fue entonces cuando Martín renunció a llevar armas. Aproximándose a Juliano le dijo: "Hasta ahora, César, he luchado por ti; permite que ahora luche por Dios. El que tenga intención de continuar siendo soldado que acepte tu donativo; yo soy soldado de Cristo, no me es lícito seguir en el ejército".

OPOSICION NATURAL DE JULIANO

Juliano pensó que aquel momento, en medio de una operación militar, no era el más oportuno para acceder a tan singular petición. No podía permitir entre sus tropas ni la deserción ni la disensión. Pero, hábil como era, pretendió desautorizar a Martín entre sus compañeros porque su ejemplo se podía extender si trataba el asunto según la estricta disciplina militar. El César, le contestó: "Tú sabes que el combate está pronto, los bárbaros nos atacarán mañana y hemos de responder con contundencia, la seguridad del Imperio peligra. Tu actitud, querido Martín, parece que está más motivada por el miedo que por tus convicciones religiosas. Dices ser cristiano, es decir, un cobarde. Tienes miedo de enfrentarte al enemigo".

Martín escuchaba con paciencia, sabía que Juliano era un buen comandante, erudito en los negocios de la guerra y de la filosofía. Su ataque contra el cristianismo era hábil. Si no respondía con habilidad, sus compañeros de armas se reirían de él, y, lo que era peor, de Cristo. Pero no tuvo que pensar mucho rato, la respuesta le salió rauda del corazón:

QUIERE PROBAR SU COBARDIA

"Muy bien! Dices que soy un cobarde. Pues mañana, al amanecer, cuando sitúes a tus legiones en orden de combate, déjame en primera línea, sin armas, sin escudo y sin casco y me internaré tranquilo en las filas enemigas. Así te probaré mi valor y mi fidelidad y te demostraré que el miedo que tengo no es a morir sino a derramar la sangre de otros hombres".

Así se acordó. Pero el gesto no fue necesario. Los bárbaros, por la mañana, pidieron la paz. Las crónicas anotaron que los bárbaros no se atrevieron a enfrentarse a la pericia militar de Juliano el Apóstata. Pero algunos legionarios afirmaron que lo que realmente les espantó fue el haber sabido, gracias a sus espías, que los romanos estaban tan seguros de la victoria que muchos soldados acudirían al combate sin armas.

Así fue como Martín, más tarde conocido como San Martín de Tours, obtuvo la licencia, vencedor por dos veces, pues él no combatió ni se había derramado sangre humana.

RECIBE EL BAUTISMO

Ya libre del ejército, se bautizó y se dirigió a Poitiers para unirse a los discípulos de San Hilario. Allí empezó su vida dedicada a Cristo, a través de las enseñanzas de este ilustre santo. Después de conocer las principales virtudes cristianas y de pasar unos días en su ciudad natal, se dirigió a Milán. Al cabo de unos años se retiró a una pequeña isla cerca de Génova, llevando una vida eremítica de silencio y austeridad. Pero San Hilario le pidió que regresara a Poitiers y allí fundó un monasterio, en la localidad de Ligugé. En el año 370 fue consagrado obispo de Tours. Uno de sus primeros actos fue fundar otro monasterio, el de Marmoutiers. Durante su estancia en Tours luchó contra el paganismo, la adoración a falsos ídolos y contribuyó especialmente en la divulgación de la fe cristiana, aunque esto no siempre le fue fácil. Tuvo en contra a todas las personas amantes del lujo, encontró a personas pobres de fe e incluso a sacerdotes que no veían con buenos ojos aquella vida de austeridad del santo.

De las cartas de Sulpicio Severo

SU MUERTE

 Martín conoció con mucha antelación su muerte anunció a sus hermanos la proximidad de la disolución su cuerpo. Entretanto, por una determinada circunstancia, tuvo que visitar la diócesis de Candes. Existía aquella Iglesia una desavenencia entre los clérigos, y, deseando él poner paz entre ellos, aunque sabía que se acercaba su fin, no dudó en ponerse en camino, pensando que si lograba pacificar la Iglesia sería éste un buen colofón a su vida. Permaneció por un tiempo en aquella población, donde había establecido su morada. Una vez restablecida la paz entre los clérigos, cuando ya pensaba regresar a su monasterio, de repente empezaron a faltarle le las fuerzas; llamó entonces a los hermanos y les indicó que se acercaba el momento de su muerte. Ellos, todos una, empezaron a entristecerse y a decirle entre lágrimas: «¿Por qué nos dejas, padre? ¿A quién nos encomiendas en nuestra desolación? Invadirán tu grey lobos rapaces, ¿quién nos defenderá de sus mordeduras, si nos falta pastor? Sabemos que deseas estar con Cristo, pero un dilación no hará que se pierda ni disminuya tu premio, compadécete más bien de nosotros, a quienes dejas.»

Entonces él, conmovido por este llanto, lleno como estaba siempre de entrañas de misericordia en el Señor se cuenta que lloró también; y, vuelto al Señor, dijo tan sólo estas palabras en respuesta al llanto de sus hermanos: «Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo; hágase tu voluntad.» ¡Oh varón digno de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, igualmente dispuesto a lo uno y a lo otro. Fue recibido en el cielo con gran gloria.

P.JESUS MARTI BALLESTER

jmartib@planalfa.es