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SAN BRUNO, FUNDADOR DE LOS CARTUJOS

Autor: Jesśs Mart’ Ballester

ŔDE DONDE ES SAN BRUNO?

Naci— en Colonia, Alemania, en el a–o 1030. Desde joven demostr— poseer grandes cualidades intelectuales, y especial’simas aptitudes para dirigir espiritualmente a los dem‡s. Estudi— en Reims y en Paris. Ordenado sacerdote fue profesor de teolog’a durante 18 a–os en Reims, y Canciller del Sr. Arzobispo, Ya a los 27 a–os era director espiritual de much’simas personas importantes. Entre ellos, el que ser’a Papa Urbano II.

NO QUISO SER ARZOBISPO

Al morir el arzobispo de Reims, un hombre indigno llamado ManasŽs, se hizo elegir arzobispo de esa di—cesis, a quien Bruno acus— ante una reuni—n de obispos, y el Sumo Pont’fice lo destituy—. Le ofrecieron el cargo de Arzobispo a Bruno, pero Žl no lo quiso aceptar, porque se cre’a indigno de tan alto cargo. ManasŽs se veng— rob‡ndole a Bruno todos los bienes y quem‡ndole varias de sus posesiones. Ten’a todav’a abundantes riquezas y gozaba de la amistad de altos personajes y de una gran estimaci—n entre la gente. Bruno renunci— a todo esto.

UN ACONTECIMIENTO INSOLITO

Oy— Bruno una narraci—n que le impresion— much’simo. Le contaron que un hombre que ten’a fama de ser buena persona,  pero en su vida privada no era bueno, cuando le estaban celebrando su funeral, habl— tres veces. La primera dijo: "He sido juzgado". La segunda: "He sido hallado culpable". La tercera: "He sido condenado". La gente se asust— much’simo y huyeron, El cad‡ver fue arrojado a un r’o caudaloso. Esto y sus pensamientos profundos llevaron a Bruno a alejarse de la vida mundana y a dedicarse totalmente a la vida de oraci—n y penitencia, en un sitio bien alejado de todos. Eligi— Molestes, el monasterio que presid’a San Roberto como Abad.

FUNDADOR

Viendo que all’ no se observaban reglas tan austeras, pues Žl buscaba un silencio total y un apartamiento completo del mundo, decidi— irse a un sitio mucho m‡s alejado. Har’a una Orden nueva.

EL SUE„O DE SAN HUGO

San Hugo, obispo de Grenoble, vio en un sue–o que siete estrellas lo conduc’an hacia un bosque apartado y que all‡ constru’an un faro que irradiaba luz hacia todas partes. Al d’a siguiente llegaron Bruno y seis compa–eros a pedirle que les se–alara un sitio muy apartado para dedicarse a la oraci—n y a la penitencia. San Hugo reconoci— en ellos los que hab’a visto en sue–os y los llev— hacia el monte que le hab’a sido indicado en la visi—n. Les se–al— La Grande Chartreuse, cerca de Grenoble, en los Alpes franceses, En 1084 Bruno con seis compa–eros para fundar el monasterio de los monjes Cartujos, que seguir’an estrictamente la regla benedictina. Pero el Papa beato Urbano II, que hab’a sido disc’pulo de San Bruno, lo llam— a Roma como consejero.

 AUSTERIDAD Y PENITENCIA

Bruno significa: "fuerte como una coraza o armadura met‡lica". Y ha hecho honor a su nombre, duro como una coraza. Se hizo famoso por haber fundado la comunidad religiosa m‡s austera y penitente, pues los monjes cartujos, viven en perpetuo silencio y jam‡s comen carne ni toman bebidas alcoh—licas. Sin ser liberado totalmente de esa misi—n, fund— otra casa en Roma, La Torre de Calabria, donde m‡s tarde se retir—. Rehus— la sede episcopal de Reggio. Fue un gran exegeta de la Biblia y escribi— sobre los salmos y las cartas de San Pablo. San Bruno redact— para sus monjes un reglamento que es quiz‡s el m‡s severo que ha existido para una comunidad. Guardar silencio perpetuo. Se levantarse a media noche a rezar durante m‡s de una hora. A las 5:30 de la ma–ana vuelven otra vez a rezar a la iglesia durante otra hora, en el coro. Lo mismo a mediod’a y al atardecer. Nunca comen carne ni toman licores. Reciben visitas s—lo una vez al a–o. Se dedican varias horas al d’a al estudio o a labores manuales especialmente a copiar libros. Vivir totalmente incomunicados del mundo... Es un reglamento propio para hombres enamorados del Absoluto, que quieren hacer penitencia por los pecadores y llegar a un alto grado de santidad.

DIRECTOR ESPIRITUAL

San Hugo, obispo de Grenoble, lleg— a admirar tanto la sabidur’a y la santidad de San Bruno, que lo eligi— como su director espiritual, y cuando pod’a iba al monasterio de la Cartuja a vivir unos d’as en silencio y oraci—n y recibir direcci—n y consejos del santo fundador. Lo mismo el Conde Rogerio, quien desde el d’a en que se encontr— con Bruno la primera vez, sinti— hacia Žl una veneraci—n tan grande, que no dejaba de consultarlo cuando ten’a problemas muy graves que resolver. Y se cuenta que una vez le ten’an preparada una trampa a Rogerio para matarlo, y San Brunose le apareci— en sue–os a decirle que tuviera mucho cuidado, y as’ logr— librarse de la muerte... Se lo llev— a Roma para recibir sus consejos, que eran de un hombre que gozaba con tanta abundancia del don de consejo. Esta obediencia fue muy dolorosa para Žl, pues ten’a que dejar su vida retirada y tranquila de La Cartuja para volver a vivir en medio del mundo y sus afanes. Pero obedeci— inmediatamente. A sus monjes les caus— gran  tristeza verle partir para lejanas tierras. Varios de ellos no fueron capaces de soportar su ausencia y se fueron a acompa–arlo a Roma. Y entonces el Conde Rogerio le regal— una finca en Italia y all’ fund— el santo un nuevo monasterio, con los mismos reglamentos de La Cartuja.

SUS ULTIMOS DIAS

Bruno vivi— los śltimos a–os entre misiones que le confiaba el Papa, y largas temporadas en el monasterio dedicado a la contemplaci—n y a la penitencia. Su fama de santo era ya muy grande. Muri— el 6 de octubre del a–o 1101 dejando en la Iglesia una fundaci—n religiosa que ha sido famosa en todo el mundo por su santidad y su austeridad. Que Dios nos conceda como a Žl, en este mundo tan hedonista, donde todo tiene fecha de caducidad, ser capaces de apartarnos de lo que es mundano y materialista, y dedicarnos a lo que es espiritual y lleva a la santidad.