27 DE JUNIO
SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA,
OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA

Tenemos noticia de Cirilo por primera vez cuando asciende a la dignidad de patriarca de Alejandría en el año 412, después de haber dedicado muchos años a estudiar las Sagradas Escrituras.
San Cirilo (Kyrillos), patriarca de Alejandría, murió el 27 de junio del año 444. Nada hay más opuesto a la figura de Juan Crisóstomo, suave y pacífico, que la del patriarca alejandrino, impetuoso y de una gran habilidad en los negocios humanos. Ya de joven participó en los procedimientos de su tío, el patriarca Teófilo de Alejandría, contra Juan Crisòstomo; Cirilo continuó siempre siendo un enemigo del patriarca de Constantinopla y de su memoria. A la muerte del tío, Cirilo consiguió la sede alejandrina, no sin haber vencido una fuerte resistencia por parte de los electores.
Los inicios de su pontificado no son demasiado favorables a Cirilo; éste hizo cerrar implacablemente las iglesias de los novacianos, donde se enseñaban herejías, expulsó a los judíos de Alejandría, se enemistó con el prefecto Orestes y, cuando éste fue herido por un monje fanático, Anmón, Cirilo tributó solemnes funerales al monje al que había linchado el pueblo y al cual Cirilo quería hacer pasar como mártir. Una filósofa pagana fue linchada por una muchedumbre que le acusaba de predisponer al gobernador contra el patriarca. San Cirilo se encolerizó, ya que nunca había pretendido que la situación llegara a tales extremos.
Siguieron unos años de más calma, años que el patriarca aprovechó para escribir, sobre todo contra los arríanos. Con la elección de Nestorio como patriarca de Constantinopla, surge un nuevo motivo de inquietud en Cirilo, Nestorio, después de Crisòstomo, es el primer antioqueno que ocupó la sede de la capital del imperio; esto resultaba insoportable al patriarca alejandrino, tanto más cuanto que Nestorio profesaba una doctrina cristológica susceptible de censura.
Cirilo desempeño un papel importante en la lucha contra la herejía nestoriana, cuando esta aún estaba en sus inicios. El sacerdote Nestorius había sido ordenado obispo de Constantinopla y en sus homilías empezó a explicar que Cristo era en realidad dos personas, una humana y otra divina, y que la unión entre ellas era puramente moral. La doctrina canónica enseña que Cristo es una sola persona con dos naturalezas, una humana y otra divina. Como en tantas ocasiones, puede parecemos un detalle teológico que realmente tiene poca aplicación práctica a la vida de los cristianos, pero en esta época la gente estaba dispuesta a morir por defender este tipo de teorías.
Ocurrió que esta herejía llegó a oídos del Papa, que reaccionó emitiendo una sentencia de excomunión contra Nestorius si éste no se retractaba en el plazo de diez días. Cirilo era el portador de esta notificación y como el obispo se negó a rectificar, lo excomulgó. Los desórdenes fueron tan graves que el emperador estuvo a punto de desterrar tanto a Nestorius como a Cirilo, pero finalmente el cisma se contuvo.
Tan lamentable lucha tuvo como punto culminante el Concilio de Éfeso (431). Digamos únicamente que Cirilo, una vez obtenida la seguridad de que Roma estaba de su parte, precipitó la inauguración del Concilio de Éfeso, con el fin de deponer a Nestorio antes de la llegada de los prelados de Antioquía, que le eran desfavorables; ni siquiera esperó a que llegaran los delegados del papa.
Sin duda alguna hemos de admirar la diplomacia de Cirilo, cuando sin perjuicio de la ortodoxia supo reconciliarse con los contrarios, obteniendo -eso sí- la condenación definitiva de Nestorio, a pesar de la repugnancia de algunos (por ejemplo, de Teodoreto de Ciro, el antioqueno) que querían evitar cualquier clase de condenación. El juego de Cirilo no satisfizo sin embargo a todos y, en primer lugar, a los suyos, que le pidieron cuentas de su cambio de postura.
San Cirilo volvió a Alejandría, donde pasó el resto de sus años de vida ejerciendo sus labores episcopales.
Se comprende que al morir Cirilo no dejase en todos un buen recuerdo; de hecho, no fue venerado en seguida como santo. Por lo menos en Occidente; fue sólo León XIII quien extendió su culto a toda la Iglesia latina y le declaró doctor de la Iglesia universal. Hemos de reconocer que, en medio de todo, Cirilo fue valiente y tenaz en defensa de la ortodoxia; en su doctrina y en su valor por defenderla, consiste principalmente su santidad.