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SAN EUSTASIO (+ 625)

29     DE    MARZO

        

San Eustasio nació en el seno de una ilustre familia borgoñona. Muy  joven, oyó hablar de San Columbano, el monje irlandés que había fundado el monasterio de Luxen en el monte Vosga, muy cerca de su casa. Siendo casi un niño, nuestro santo fue uno de los primeros monjes en ponerse bajo la disciplina de San Columbano. Pronto tendría más de seiscientos monjes.

Sin embargo, al cabo de no muchos años el convento entero cayó en desgracia ya que el santo fundador y sus discípulos reprendían constantemente en sus sermones al rey Tierry de Borgoña y a toda su familia, que practicaban una conducta escandalosa y anticristiana. Columbano fue exiliado, el convento disuelto y los monjes, dispersados. Eustasio y otro monje fueron acogidos por el devoto Teodoberto, hermano del rey Tierry. Pronto el santo fundador se unió a ellos, y entre los tres construyeron un nuevo monasterio en el país de los suizos.

Columbano envía a Eustasio al monasterio de Luxen después de nombrarle abad. Es en este momento -con nuevas responsabilidades- cuando la vida de Eustasio cobra dimensiones de madurez humana y sobrenatural insospechadas. Arrecia en la oración y en la penitencia; trata con caridad exquisita a los monjes, es afable y recto; su ejemplo de hombre de Dios cunde hasta el extremo de reunir en torno a él dentro del monasterio a más de seiscientos varones de cuyos nombres hay constancia en los fastos de la iglesia. Y el influjo espiritual del monasterio salta los muros del recinto monacal; ahora son las tierras de Alemania las que se benefician de él prometiéndose una época altamente evangelizadora.

Luxen, había quedado a cargo de un tal Agrestino, el cual había introducido en el convento la indisciplina y la relajación de costumbres. Incluso intentó refutar la regla de San Columbano en un concilio, pero le fue imposible. Nuestro santo reformó la casa en la que se había educado y pasó el resto de sus días en este monasterio. Tuvo multitud de discípulos que lo admiraban por su virtud y por los prodigios que florecían a su alrededor en los últimos años de su vida.

Murió tras una grave enfermedad que le hizo sufrir intensamente du­rante más de un mes, suplicio que Eustasio acogió con alegría.