1 DE JUNIO
SAN JUSTINO, MÁRTIR (100-167)

Nació de padres paganos, en Flavia Neápolis (Samaría), a comienzos del siglo II, de familia pagana. Convertido a la fe, escribió diversas obras en defensa del cristianismo.
San Justino fue un filósofo y como tal, desesperado por hallar la verdad. La diferencia es que él busca una verdad sencilla, asequible ajena a las complicadas teorías filosóficas de los autores clásicos.
Nació en Samaría, y formaba parte de una colonia de griegos que el emperador Tito había enviado a la región. Pasó su juventud leyendo a los poetas, oradores e historiadores, y al fin se adentró en los terrenos de la filosofía. Profundizó mucho en las obras de Platón, esperando alcanzar algún día la sabiduría necesaria para ver la idea suprema, la verdad única, el rostro de Dios. Después de indagar en las doctrinas cristianas, abrazó esta religión por puro convencimiento filosófico. Después de su conversión, escribió dos obras exhortando a los griegos a imitar su ejemplo.
Habiendo buscado inútilmente la verdad en las escuelas filosóficas, descubrió en Efeso el Antiguo Testamento, que le encaminó a Cristo. Pasó a Roma, donde fue escuchado, entre otros, por el filósofo cristiano Taciano.
Escribió por lo menos ocho obras, de las que se han conservado tres en un mal manuscrito de 1364: dos apologías y un diálogo con el judío Trifón, su obra principal. Una de las apologías del cristianismo va dirigida al emperador Antonino Pío; la otra es como un apéndice de la primera. Tertuliano ya llama a Justino “filósofo y mártir”.
Por la profundidad filosófica de estas obras, San Justino es venerado como Padre de la Iglesia.
En Roma, se ganó una gran reputación entre los cristianos, que acudían a su casa para ser instruidos. Allí escribió su primera Apología, dirigida al emperador Antinius quien, después de concederle audiencia, decidió levantar los edictos contra los cristianos. Partió Justino de la Ciudad Eterna para recorrer el mundo conocido durante veinte años, pues consideraba que una vez que había encontrado la verdad, o al menos gran parte de ella, era su obligación compartirla con sus semejantes. Al cabo de este tiempo, escribió una nueva Apología, que no sentó tan bien como la anterior al nuevo emperador. Fue juzgado junto a otros seis mártires ante el prefecto de Roma, que los condenó a ser azotados y decapitados cuando se negaron a ofrecer sacrificios a los dioses del Imperio.
En efecto, San Justino, fue decapitado por la fe, en Roma, juntamente con seis compañeros. Se conservan las actas auténticas de este mártir, escritas en un tiempo en que, en Roma, todavía no solían celebrar los aniversarios de los mártires. Por esta razón ignoramos el día del martirio, el cual debió tener lugar hacia el año 165. León XIII prescribió y fijó la celebración el 14 de abril. Como este día coincide a menudo con las solemnidades pascuales, el nuevo calendario trasladó la memoria al primero de junio, que es el día en que también la celebran los griegos.