10 DE JUNIO

SAN MÁXIMO (580-662)

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Máximo nació en Constantinopla, en el seno de una noble familia que estaba emparentada con la estirpe imperial. Estudió en profundidad a los antiguos filósofos, así como las Sagradas Escrituras y la doctrina de los Padres de la Iglesia.

Con treinta años era primer secretario del emperador, pero poco después abandona su cargo, sus honores y a su familia para tomar el hábito cenobita en el monasterio de Crisópilis. Cuando llega la invasión persa, Máximo se ve obligado a huir: Chipre, Creta y, al fin, Egipto, donde decide asentarse. Allí participó activamente en el concilio que estudió el tema de las naturalezas humana y divina de Jesucristo, y una vez emitido el dictamen contribuyó a someter a los herejes monotelistas, que no aceptaron la doctrina emanada de ese concilio. Como ocurre con tantas herejías, la diferencia entre lo que decía la Iglesia y lo que ellos pensaban es tan sutil que sólo es comprensible para los expertos en teología.

El asunto se complicó cuando la religión se transformó en política. El emperador se había declarado a favor del monotelismo, y cuando esta doctrina fue condenada por la Iglesia a instancias de San Máximo, las autoridades se echaron sobre él. Acusado de alta traición al imperio, fue exiliado durante algunos años. Cuando volvió a ser llevado a Constantinopla para un nuevo juicio, la sentencia no fue tan benévola. Fue condenado a muerte, torturado y ejecutado, no tanto por no compartir la herejía del emperador como por haberse opuesto a él. San Máximo nos enseña que los detalles (teológicos o de cualquier otro tipo) a veces son importantes, e incluso es posible que merezca la pena morir por ellos.