19 JUNIO

SAN ROMUALDO ABAD

romualdo.jpg

 

EN MEDIO DE UNA SOCIEDAD CORROMPIDA

 

San Pedro Damián, santo contemporáneo de Romualdo, nos ofrece los datos de su Biografía. En un siglo en el que la relajación de las costumbres era espantosa, Dios suscitó un hombre formidable que vino a propagar una vida dedicada totalmente a la oración, en la soledad y en la penitencia, él será Romualdo, Romualdo que hizo honor a su nombre y significa el que gobierna con buena fama. Nació en Ravena (Italia) en el año 950, hijo de los Duques gobernadores de la ciudad.

 

TAMBIEN EL SE CONTAGIO DE SU AMBIENTE

 

Educado según las costumbres mundanas, su vida se deslizó por los placeres y fue víctima y esclavo de sus pasiones. A veces experimentaba fuertes inquietudes y serios remordimientos, y deseos de enmendarse y mejorar. A veces cuando se internaba de cacería en los montes, pensaba: "Dichosos los ermitaños que se alejan del mundo a estas soledades, donde las malas costumbres y los malos ejemplos no los esclavizan".

 

SU PADRE MUNDANO Y AGRESIVO

 

Su padre era un hombre de mundo, muy agresivo. Un día desafió a pelear en duelo a un enemigo. Y se llevó de testigo a su hijo Romualdo. Sucedió que el padre mató al adversario. Horrorizado ante el espectáculo, Romualdo huyó a la soledad de una montaña donde encontró un monasterio de benedictinos, y estuvo tres años rezando y haciendo penitencia. El abad no quería recibirlo como monje porque tenía miedo de las venganzas del padre del joven, el Duque de Ravena. Pero el Arzobispo intervino y Romualdo fue admitido como un monje benedictino.

 

MONJE BENEDICTINO

 

El joven monje se dedicó con tan grande fervor a orar y hacer penitencia, que los demás religiosos que eran bastante relajados, se sentían muy mal comparando su vida con la de el recién llegado, que hasta se atrevía a corregirlos por su conducta indebida. Le pidieron al abad que lo expulsara del monsaterio, porque no se sentían muy bien con él. Y Romualdo se fue a la soledad de una montaña, dedicado sólo a orar, meditar y hacer penitencia.

 

EL MONJE MARINO

 

En la soledad se encontró con un monje sumamente rudo y áspero, llamado Marino, que con sus modos violentos logró que Romualdo hiciera muchos progresos en su vida de penitencia en poco tiempo. Entre Marino y Romualdo lograron dos notables conversiones: la del Jefe civil y militar de Venecia, el Dux de Venecia, que será San Pedro Urcéolo, y el mismo padre de Romualdo que arrepentido de su antigua vida de pecado ingresó en un monasterio. Este Duque de Ravena sintió la tentación de salirse del claustro, pero su hijo logró convencerlo, y perseveró monje hasta su muerte.

 

FUNDADOR DE MONASTERIOS Y ERMITAS

 

Durante 30 años San Romualdo fundó en varios lugares de Italia monasterios y ermitas. Permaneció tres años en una celda cercana al monasterio que había fundado en Parenzo. Allí experimentó gran sequedad espiritual, pero un día, de pronto, cuando estaba recitando las palabras del Salmista, "Te daré entendimiento y te instruiré," Dios lo visitó con una luz extraordinaria y un espíritu de compunción que nunca abandonó. Escribió una exposición de los Salmos llena de pensamientos admirables. Con frecuencia pronosticó cosas futuras, y daba consejos a todos los que le consultaban, inspirado por sabiduría celestial. Siempre había anhelado el martirio, y obtuvo licencia del Papa para predicar el Evangelio en Hungría; pero fue atacado por una grave enfermedad tan pronto como puso los pies en el país, y como el mal volvía cada vez que intentaba actuar, vio una indicación de la voluntad de Dios de que no lo quería allí. Muy conforme, retornó a Italia, pero sus compañeros predicaron la fe a los magiares.

 

SOPORTO LA CALUMNIA

 

Permaneció bastante tiempo en Monte di Sitrio, donde un joven noble a quien había censurado por su vida disipada, lo acusó de un crimen escandaloso. Los monjes creyeron la calumnia, le impusieron severa penitencia, le prohibieron celebrar misa, y lo incomunicaron. Todo lo soportó en silencio por seis meses, hasta que Dios lo amonestó que no se sometiera más a sentencia tan injusta, pronunciada sin autoridad y sin fundamento. Pasó seis años en Sitrio guardando silencio estricto y aumentando sus austeridades, a pesar de su ancianidad. Tuvo influencia en las misiones a los eslavos y prusianos a través del monasterio de Querfurt en Pereum, cerca de Ravena, que Otto III fundó para él y San Bruno, en 1001. Un hijo del duque Boleslao I de Polonia, monje en este monasterio, en nombre de su padre obsequió a Romualdo un magnifico caballo. El lo cambió por un asno, diciendo que se sentía más unido a Jesucristo, montado en el asno.

 

LA CAMALDULA

El monasterio más famoso de todos los de San Romualdo es el de Camáldoli, cerca de Arezzo, en la Toscana, fundado por él alrededor del año 1012. Se halla tras una montaña, que desciende en un precipicio escarpado que mira a un agradable valle, que pertenecía a un castellano llamado Maldolo, quien lo cedió al santo; de ahí le viene el nombre de Camáldoli.

San Romualdo edificó allí un monasterio, y por las varias observancias que agregó a la regla de San Benito dio principio a la nueva congregación Camaldulense, en la que unió la vida cenobítica con la eremítica. Después de que su bienhechor había visto en sueños una escala desde la tierra al cielo, por la que subían monjes vestidos de blanco, Romualdo cambió el hábito de negro a blanco. La ermita está en la ladera de la montaña, sombreada por un oscuro bosque de abetos. En ella hay siete manantiales de agua clara. La sola vista de esta soledad en medio de la floresta ayuda a la contemplación. En el lado izquierdo de la iglesia está la celda en la cual San Romualdo vivió cuando reunió por primera vez a estos ermitaños. Sus celdas, construidas de piedra, tienen cada una un pequeño jardín rodeado de muros, y una capilla en la cual se puede celebrar la misa. Después de algunos años en Camáldoli, Romualdo retornó a sus viajes, y andando el tiempo murió, solo en su celda, en el monasterio de Val-di-Castro,. Un cuarto de siglo antes había profetizado que moriría el 19 de junio de 1027. Su cuerpo incorrupto fue trasladado a Fabriano. El Papa Clemente VIII añadió su nombre al número de los santos en 1595.

Al recordar los hechos heroicos de este gran penitente y contemplativo se sienten ganas de repetir las palabras que decía San Luís Grignon de Monfort: "Ante estos campeones de la santidad, nosotros somos unos pollos mojados y unos burros muertos".