20 DE JUNIO

SAN SILVERIO, PAPA (537)

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A Silverio le venía la santidad y la vocación eclesiástica de familia. Su padre, después de quedar viudo, se ordenó sacerdote y acabó siendo el gran Papa San Hormisdas.

Silverio fue elegido Sumo Pontífice a modo de compromiso político. La muerte de su predecesor en la silla de San Pedro, San Agapito, había desencadenado una ola de conflictos entre el emperador de Constantinopla, el famoso Justiniano, y el rey Teodato de los ostrogodos, que reinaba en Italia. Así, se eligió al hijo de San Hormisdas porque en cierta forma satisfacía a los dos bandos y bien podía ser utilizado como embajador. Sil­verio fue consagrado con toda la pompa.

La situación se complicó cuando de pronto surgió un bando nuevo en todo este conflicto: la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano, que era una mujer en extremo independiente con sus propias ideas sobre la polí­tica mundial. Ella era defensora de la herejía eutiquiana (que niega la do­ble naturaleza de Cristo) y pretendía que la Iglesia la reconociese como verdadera, a pesar de que había sido ya condenada en un concilio. De modo que envió a Roma a su propio candidato al papado: Vigilio. Cuan­do éste quiso llegar se encontró con que la sede vaticana ya estaba ocu­pada, de modo que Teodora cambió de estrategia y decidió atraerse la amistad de nuestro santo. Silverio no se dejó engañar: si bajo ningún concepto consintió en levantar la pena de excomunión sobre los herejes, ¡mucho menos iba a reconocer la herejía como dogma canónico!

Pero la emperatriz no se dejó intimidar. Envió al archifamoso general Belisario para que depusiera al Papa y pusiera en su lugar a Vigilio. Al pa­recer, el general tenía aprensión a la hora de raptar al vicario de Cristo en la Tierra, pero amaba mucho a su emperatriz y al final la obedeció. Silve­rio fue capturado en sus propios aposentos, vestido con un hábito de mon­je y enviado al destierro en un monasterio de Asia Menor. Vigilio fue nombrado Papa directamente por Teodora.

Vuelve entonces a escena el emperador Justiniano, que opinaba que su esposa se había excedido secuestrando al Papa. Trajo a Silverio de Asia y lo mantuvo encerrado en otro convento, pero esta vez en Italia. Cuando nuestro santo murió años después, Vigilio fue elegido Papa (esta vez ca­nónicamente), y a partir de entonces demostró no ser tan maleable como Teodora pensaba. Mantuvo la decisión de San Silverio y nunca aceptó la herejía eutiquiana.

Es muy apreciable la santidad de San Silverio, ya que soportó con paciencia las humillaciones a las que era sometido y nunca consintió en ser juguete de los reyes y emperadores.