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SAN BENITO
DE NURSIA, PATRON DE EUROPA “Pacis nuntius” Autor:
Jesús Marti Ballester EL
CONSERVADOR DE El Papa Pablo
VI proclamó a san Benito Patrón
de Europa en 1964 con la carta apostólica “Pacis nuntius”, que añadiré al final en italiano. En ella
manifiesta que la escribe a la luz del impulso que san Benito dio al
consorcio de los pueblos europeos, a la ordenación de Reafirmará Juan Pablo II en su Carta Apostólica “Egregiae virtutis”, la misma
declaración diciendo que “ El año 480,
ya no existía el Imperio Romano, pero ninguna autoridad había llenado ese
vacío. Eran tiempos de inseguridad en la que bandas armadas como las de Odoacro, cabecilla de los hérulos, imponen su ley y sus
apetencias en la tierra en la que en otro tiempo hubo Césares. Hace casi un
siglo que Teodosio declarara el cristianismo la
religión oficial del Imperio; ya no hay emperador protector, pero ¿dónde
están los cristianos? Si no fuera porque en Roma se estableció cinco siglos
atrás la sede de Pedro, los cristianos habrían perdido su punto de referencia
mientras las desviaciones de la fe original, como el arrianismo que negaba la
divinidad de Cristo, se extienden entre pueblos como los godos, cuyos
dirigentes han abrazado el arrianismo abriendo paso a las iglesias
“nacionales”, controladas por el poder político. Han comenzado los “siglos
oscuros”, un milenio caracterizado por la barbarie. Ésa será la visión de
algunos ilustrados del siglo XVIII, como la del británico Edward
Gibbon, que hará responsable al cristianismo de la
caída del Imperio Romano. PREPARACION
DEL EDUCADOR DE HOMBRES Y DE PUEBLOS Benito, nació en Nursia
con su hermana gemela, Escolástica, que también alcanzó la santidad. Fue
enviado a Roma para estudiar la retórica y la filosofía. en torno al año 480,
pero decepcionado por la vida de la ciudad, se retiró a Subiaco,
donde permaneció tres años en una cueva --el «Sacro Speco»--
dedicándose totalmente a Dios. En Subiaco,
sirviéndose de las ruinas de una villa del emperador Nerón, junto a sus
primeros discípulos, Plácido y Macario, construyó unos monasterios, dando
vida a una comunidad fraterna fundada en la primacía del amor de Cristo, en
la que la oración y el trabajo se alternan armoniosamente en alabanza de
Dios. Años después, en Montecassino, dio plena
forma a este proyecto, y lo puso por escrito en la «Regla», su única obra
escrita. Entre las cenizas del Imperio Romano, Benito, buscando el Reino de
Dios, sembró la semilla de una nueva civilización, que se desarrollaría, integrando
los valores cristianos con la herencia clásica y de las
culturas germánica y eslava. En ese año 480 nace en Benito de Nursia, el fundador del monacato en Occidente. Benito era
un patricio romano, de una ilustre familia que había sobrevivido a la ruina
imperial, y que a los catorce años, se le había enviado a Roma para estudiar
y poder ejercer la carrera político-administrativa. El joven Benito se lleva
una decepción, pues EVANGELIZACION
DE PUEBLOS Benito, el padre del monacato occidental, marcará el
camino para la evangelización de la multitud de pueblos que se extienden por
Europa. Los monasterios benedictinos configuraron la unidad del continente,
desde las costas mediterráneas a la península escandinava, desde Irlanda
hasta Polonia. Pablo VI dice que los hijos de San Benito “llevaron con la
cruz, el libro y el arado, la civilización cristiana”. En Europa es la tierra de la fe y de la razón, no sólo
de ésta última, como nos han asegurado algunos filósofos europeos de los
últimos siglos. Si fuera sólo tierra de fe, a semejanza de algunas
espiritualidades orientales, sus hombres no habrían conocido el afán de superarse
en lo material, en definitiva, eso que se llama progreso.Miremos
a San Benito de Nursia
enseñó a los monjes a construir relojes para contar las horas. La regla de
San Benito concretaba una serie de horas con las obligaciones, comidas,
oraciones y ceremonias a efectuar en cada una de ellas. Los relojes de sol,
de agua conseguía el cumplimiento unánime. Tercia mañana, sexta mediodía y
nona tarde, eran las horas que se anunciaban en los monasterios y maitines
amanecer, prima salida del sol, vísperas ocaso y completas oscuridad, no se
anunciaban La hora sexta, dedicada en la regla benedictina al descanso, ha
inmortalizado INVASION
DE LOS BARBAROS La invasión de Maguncia en
el 406 inicia las acciones de los bárbaros que de procedencia germánica en su
mayoría iniciaron el periodo oscuro de la historia, arrasando toda Europa.
Los vándalos, procedentes de Hungría, llegaron hasta el estrecho de Gibraltar
por el que cruzaron en el 429 para someter al Africa
romana. La caída del imperio romano se cifra en el 476,
cuando el último emperador, Romulo Augústulo fue ejecutado por el general germano Odoacro, que también fue asesinado en 493 por los
ostrogodos. Los visigodos se adueñaron de todo menos del oeste de Hispania. En Oriente se mantenían hasta que irrumpieron
los hunos que lo asolaron todo. Roma sufrió el despojo de todo lo de valor, saqueos,
destrucción, destrucción y ruina fueron permanentes. Solo quedaron en pie los
templos y basílicas de TOTILA
DESCUBIERTO El godo Totila, que
avanzaba trinfante a través del centro de Italia,
quiso visitar a San Benito porque había oído hablar mucho de él. Quería comprobarr si el santo poseía los poderes que se le
atribuían, Totila ordenó que Riggo,
capitán de su guardia, se vistiera sus propias ropas de púrpura y lo envió a
Monte Cassino con tres condes San Benito saludó a Riggo con estas palabras: "hijo mío, quítate las
ropas que vistes; no son tuyas". Riggo informó
a Totila que había sido descubierto. Entonces, Totila,
fue en persona a vsitar al hombre de Dios y, se
atemorizó tanto, que cayó en tierra. Pero Benito lo levantó del suelo, le
recriminó por sus malas acciones y le predijo todas las cosas que le
sucederían. Al punto, el rey imploró
sus oraciones y partió, pero desde aquella ocasión fue menos cruel.
PADRE Y
PATRONO DE EUROPA Con razón podemos considerar a Benito como el Patrón
de Europa. Él y sus monjes configurarán los rasgos más determinantes del
hombre europeo. Algo que no se debía de haber olvidado ahora en la
elaboración de Ellos también fueron los que orientaron a la nueva
sociedad en su configuración social, política, económica, cultural y
religiosa; los que hicieron de la diversidad de esos pueblos una comunidad
cohesionada en torno a los mismos valores espirituales, morales y humanistas.
Los instrumentos de esa obra fueron la cruz y el arado, la oración y el
trabajo, La construcción de Europa debiera hacerse con los
criterios que forjaron las abadías y las catedrales: ellas fueron la obra
común del espíritu, de la sabiduría, de la técnica y del trabajo, armonizados
en torno a una visión global centrada en Dios y en el hombre BENEDICTO
XVI LE ESCOGE COMO MODELO Y TOMA SU NOMBRE Giacomo de SANTIDAD
ANTES QUE EVANGELIZACION Benito no fundó una institución monástica orientada
a la evangelización de los pueblos bárbaros, como los demás grandes monjes
misioneros de la época, sino que indicó a sus seguidores como objetivo
fundamental de la existencia, es más, el único, la búsqueda de Dios: «Quaerere Deum». Sin embargo, sabía que cuando el creyente
entra en relación profunda con Dios no puede contentarse con vivir de manera
mediocre, con una ética minimalista y una religión superficial. Desde esta
perspectiva, se entiende mejor la expresión que Benito tomó de san Cipriano y
que, en su «Regla» (IV, 21), sintetiza el programa de vida de los monjes: «Nihil amori Christi
praeponere», «No anteponer nada al amor de Cristo».
En esto consiste la santidad, propuesta válida para cada cristiano, que se ha
convertido en una auténtica urgencia pastoral en nuestra época, en la que se
experimenta la necesidad de anclar la vida y la historia en sólidas
referencias espirituales. María es modelo sublime y perfecto de santidad, que
vivió en constante y profunda comunión con Cristo. Invoquemos su intercesión,
junto a la de san Benito, para que el Señor multiplique también en nuestra
época hombres y mujeres que, a través de una fe iluminada, testimoniada en la
vida, sean en este nuevo milenio sal de la tierra y luz del mundo.
PAOLO VI PACIS
NUNTIUS LETTERA
APOSTOLICA SAN
BENEDETTO ABATE VIENE PROCLAMATO PATRONO
PRINCIPALE DELL'INTERA EUROPA A PERPETUA
MEMORIA Messaggero di pace, realizzatore
di unione, maestro di civiltà,
e soprattutto araldo della religione di Cristo e fondatore della vita monastica in Occidente: questi i giusti titoli della esaltazione di san Benedetto
Abate. Al crollare dell'Impero
Romano, ormai esausto, mentre alcune regioni d'Europa sembravano cadere nelle tenebre e altre erano ancora prive di civiltà e di valori spirituali, fu lui con costante e assiduo impegno a far nascere in questo nostro continente l'aurora di
una nuova èra.
Principalmente lui e i suoi
figli portarono con la croce, con il libro e con l'aratro il progresso
cristiano alle popolazioni
sparse dal Mediterraneo alla Scandinavia, dall'Irlanda alle pianure della Polonia (Cf AAS 39 (1947), p. 453). Con la croce, cioè con la legge di Cristo, diede consistenza e sviluppo agli ordinamenti della vita pubblica
e privata. A tal fine va ricordato
che egli insegnò all'umanità il primato del culto divino per mezzo dell'«opus
Dei», ossia della preghiera liturgica e rituale. Fu così che egli cementò quell'unità spirituale in Europa in forza della quale popoli
divisi sul piano linguistico, etnico e culturale avvertirono di costituire l'unico popolo di Dio; unità che, grazie allo sforzo
costante di quei monaci che si misero al seguito di sì insigne maestro, divenne la caratteristica
distintiva del Medio Evo. Questa unità che, come afferma sant'Agostino, è «esemplare e tipo di bellezza assoluta» (Cf Ep. 18, 2: PL 33,
85), purtroppo spezzata
in un groviglio di eventi
storici, tutti gli uomini di buona volontà dei tempi
nostri tentano di ricomporre. Col libro, poi, ossia con la cultura, lo stesso
san Benedetto, da cui tanti monasteri attinsero denominazioni e
vigore, salvò con provvidenziale
sollecitudine, nel
momento in cui il
patrimonio umanistico stava
disperdendosi, la tradizione
classica degli antichi, trasmettendola intatta ai posteri
e restaurando il culto del sapere.
Fu con l'aratro, infine, cioè con la coltivazione dei campi e con altre iniziative analoghe, che riuscì a
trasformare terre deserte e inselvatichite
in campi fertilissimi e
in graziosi giardini; e unendo la preghiera al lavoro materiale, secondo il suo
famoso motto «ora et labora», nobilitò
ed elevò la fatica umana. Giustamente perciò Pio XII salutò san Benedetto «padre dell'Europa» (Cf AAS loc. mem.);
in quanto ai popoli di questo continente egli ispirò quella
cura amorosa dell'ordine e della
giustizia come base della
vera socialità. Lo stesso
Predecessore Nostro desiderò che Dio, per i meriti di questo grande santo, assecondasse gli sforzi di quanti cercano di affratellare queste nazioni europee. Anche Giovanni
XXIII, nella sua paterna sollecitudine, desiderò
vivamente che ciò avvenisse.
È quindi naturale che pure Noi, a questo movimento, tendente al raggiungimento
dell'unità europea, diamo
il Nostro pieno assenso. Per questo abbiamo
accolto volentieri le istanze di molti Cardinali, Arcivescovi, Vescovi, Superiori Generali di Ordini religiosi, Rettori di Università e di altri insigni rappresentanti del laicato di varie nazioni europee per dichiarare san Benedetto Patrono d'Europa. E per questa solenne
proclamazione Ci si
presenta quanto mai opportuna la data di oggi in cui riconsacriamo a Dio, in onore della Vergine
santissima e di san Benedetto,
il tempio di Montecassino che, distrutto nel 1944 durante il terribile conflitto mondiale, è stato ricostruito dalla tenacia della pietà cristiana. Il che facciamo ben volentieri, ripetendo il gesto di alcuni Nostri Predecessori, che personalmente vollero
procedere nel corso dei secoli
alla dedicazione di questo centro di spiritualità monastica, reso famoso dal sepolcro di san Benedetto. Sia dunque un così insigne santo ad
esaudire i nostri voti e, come egli un tempo con
la luce della civiltà
cristiana riuscì a fugare le tenebre
e a irradiare il dono della
pace, così ora presieda, all'intera vita europea e con
la sua intercessione la sviluppi e l'incrementi sempre più. Pertanto, su proposta della Sacra Congregazione dei Riti, dopo attenta considerazione, in virtù del Nostro potere apostolico, con il presente Breve e in perpetuo costituiamo
e proclamiamo san Benedetto
Abate celeste Patrono principale dell'intera Europa, concedendo ogni onore e privilegio liturgico, spettante di diritto ai Protettori
primari. Nonostante ogni disposizione in contrario.
Questo rendiamo noto e stabiliamo, decidendo che la
presente Lettera resti
valida ed efficace, che ottenga i suoi pieni ed integrali
effetti e sia rispettata da quanti essa riguarda o riguarderà in futuro; così pure sia ad essa
conforme qualunque giudizio
o definizione; e fin d'ora
sia invalido qualunque atto contrario da chiunque e da
qualunque autorità fosse posto, coscientemente o per ignoranza. Dato a Roma, presso San
Pietro, i1 24 ottobre dell'anno
1964, secondo del Nostro Pontificato. PAOLO PP.
VI JESUS
MARTI BALESTER |
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