SAN JUAN de MATA
Fundador
(+
1213)
SU
FAMILIA
Los
padres de Juan se llamaron Eufemio o Eugenio, barón de Mata, y Marta o María Fenouillet,
de distinguida familia marsellesa. Parece que nació por el 1160. Su ducado,
Falcón, era admirado por todos por la honradez y religiosidad de sus moradores.
Su padre espera el mañana para ver en su hijo Juan un valiente soldado y señor
de sus posesiones. Su madre, en cambio, sólo desea de su hijo que sea un buen
cristiano y honrado a carta cabal. Por ello la huella que cada uno de ellos
quiere dejar en su alma es bastante distinta.
UNA
MADRE CRISTIANA
La
madre, en definitiva influirá más. Por la mañana no era necesario que su madre
lo despertase para que le acompañara al templo y los días festivos a la Santa
Misa. Él mismo se adelantaba y estaba siempre preparado. Nunca tenía prisa de
abandonar el templo, como suceder a los niños. Era necesario que la mamá le
llamara para ir a casa, y él: "Sí, mamá, ya voy; es que se está tan bien
con Jesús!", decía.
CARITATIVO
Desde
niño descolló en su corazón la caridad, el compadecerse de los pobres y
necesitados. Todos los pobres y necesitados sabían que en el joven Juan
encontrarían una ayuda y un consuelo en toda clase de calamidades que pudieran
acaecerles. Un día llega un pobre criado pidiendo auxilio y su intercesión: - "Ayúdeme,
señor Juan, me ha azotado mi amo. No puedo volver a él porque me trata muy
mal". Juan intercedía ante su padre para que lo aceptase como criado. Él
le trataría con gran cariño: - "Padre mío, solía decir a su buen padre, te
ruego por este joven... por este hombre, por ...".
EXHORTA
A UNOS SOLDADOS
Un
día vio a unos soldados que llevaban, maltratando a golpes y palabrotas, a unos
pobres presos. Se acercó valiente Juan y les habló a los soldados: - "Por
favor, buenos soldados, tratadlos con caridad y amor". Ellos se enfurecen
y le dicen: "Oye, mozalbete, ¿qué te va a ti lo que nosotros hacemos con
ellos?" Mientras, él acudía cada día y muchas veces al día al Señor y a la
Virgen María, hacia la que sentía una especial devoción, para que le descubriesen
el camino que debía seguir: "Señor, decía, ayúdame a descubrir cuál es tu
voluntad".
LA
LIBERTAD DE LOS CAUTIVOS
Aquellos
días por Falcón casi no se habla de otra cosa: Los pobres cristianos que en las
Cruzadas han quedado prisioneros de los paganos y allí llevan una terrible vida
de esclavos. Esta idea le obsesiona: La libertad de cautivos. El entregarse a
cambio por aquellos que sufren y padecen. Mientras celebraba su Primera Misa en
1193 tuvo una visión celestial: el mandato de fundar la Orden Religiosa de la Santísima
Trinidad, para la redención de cautivos.
Félix
era de sangre real y sentía la misma inquietud. También se distinguía por su
amor a los pobres. Vive algún tiempo con los monjes de Claraval. Se
alista en la Cruzada predicada por San Bernardo. Luego, desengañado, se retira
a la soledad. En la soledad se encontraron Félix y Juan, enardecidos con el
mismo ideal.
A
ROMA
Van
a Roma. Inocencio III, que había tenido la misma visión, aprueba y alienta sus
proyectos. Escriben la Regla. Diseñan el hábito blanco con una cruz roja y
azul. Y ponen manos a la obra sin dilación. La idea es atractiva. Muchos se
alistan en la nueva Orden de Trinitarios. Recogen dinero para redimir cautivos.
Y cuando es necesario, se ofrecen ellos mismos para quedarse en vez de los
cautivos que pudieran flaquear en su fe. Un trinitario se quedó en Argel para
liberar a Miguel de Cervantes.
SUFRIO
CON LOS MUSULMANES
San
Juan de Mata tuvo que sufrir mucho por parte de los mahometanos que le tenían
mucha antipatía por los sabios consejos que les daba a los esclavos cristianos
para que no se dejaran quitar su santa religión.
VIAJE ARRIESGADO.
Un
día en que Juan volvía de África con 120 exprisioneros cristianos
que había libertado de la esclavitud de los musulmanes, un grupo de piratas
mahometanos asaltó su barco, destruyó el timón y rasgó las velas. Los pasajeros
creyeron que iban a naufragar en el mar, pero el santo hizo unas nuevas velas
uniendo los mantos de todos ellos, y se puso a rezar, y así sin timón, pero
lleno de confianza en Dios, y suplicando que Nuestro Señor hiciera de piloto, y
colocándose en la proa del barco y con un crucifijo en las manos, logró tener
un próspero viaje y desembarcaron sanos y salvos en Ostia (Italia).
EN
ROMA
Los
últimos años los pasó en Roma dedicado a la predicación y a conseguir ayudas
para los pobres y murió santamente en el año 1213.
Este santo se preocupó siempre de ocultar los hechos más admirables de su vida.
El cumplía aquel antiguo principio: “Hay que amar el permanecer oculto y el no
ser reconocido”.
Félix entregó su alma a Dios el 1212. Y Juan el 1213. Otra vez juntos los dos.