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SAN RAIMUNDO, ABAD DE
FITERO 16 de MARZO Autor: Jesús Marti Ballester |
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San Raimundo "el San Bernardo español", nació en tierras del
Moncayo, en Tarazona, de cuya catedral fue canónigo y después monje en el
monasterio de Scala Dei, (Tarbes, Francia). En las tierras del Moncayo
extendió la Orden del Císter. Se instaló en Yerga, con el monje Durando como
abad y él, Raimundo, como Prior. En 1141 se trasladaron a Niencebas, en la
misma comarca. San Sancho de Funes, Obispo de Calahorra, consagró la nueva
iglesia, dedicada a la Virgen, y dejó a Raimundo Sierra, como abad. Los abuelos del futuro gran Arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de
Rada, les dieron las tierras de La Serna de Cervera, los Baños de Tudején,
que se acrecentarán con el trabajo de los monjes. En 1148 su antiguo Obispo de la Iglesia de Tarazona, Miguel, según él
mismo testifica: "Hago esta donación a ti Raimundo, venerable y
religioso varón, hijo de nuestra Iglesia, y ahora mudado, para mejor Orden y
mejor hábito, abad de Niencebas". Acudió al Capítulo General de la Orden
del Císter, que fue presidido por el Papa cisterciense Eugenio III. Tanto
Yerga como Niencebas, quedarán como pequeñas dependencias, de la gran abadía
definitiva que pronto surgirá en el Castellón de Fitero. San Raimundo pensaba
terminar su larga peregrinación en Santa María de Fitero. Pero Sancho III el
Deseado había acudido a Toledo con lo más granado de su reino: condes,
capitanes, caballeros, obispos, abades, cuando surgió la noticia de que los
caballeros templarios iban a abandonar la fortaleza de Calatrava.
Desprotegida, sería ocupada por los almohades. Toledo estaba, pues, en
peligro. ¡VAMOS A LA GUERRA! Fray Diego Velásquez, hombre de ilustre linaje, burgalés de Bureba,
amado del emperador, había escuchado del rey don Sancho III, su amigo de
infancia, el gran peligro que corría la plaza de Calatrava, llave estratégica
de Toledo y de la cristiandad de España. Esa noche tuvo una pesadilla e
impelido y forzado por un impulso divino, se levantó en sueños, y,
despavorido, se fue al aposento de Raimundo y con voces alteradas, se
despertó diciendo: "Santo, Padre, vamos a la guerra contra los
moros". "Vamos a la guerra!". Raimundo, le despidió con amor y
con blandura, diciéndole: Que la verdadera guerra del monje había de ser la
quietud y soledad, hacer penitencia y llorar sus culpas y las del pueblo. Fray
Diego sentía en sus venas el fuego del caballero de antaño, hoy monje. El
Abad Raimundo lo había llevado consigo a Toledo, desde el monasterio de Santa
María de Fitero, tierra de Castilla, para tener más fácil acceso ante el rey,
que había convocado Cortes en la
ciudad imperial, al heredar de su padre Alfonso VII, el reino y DEFENDER Al abandonar Calatrava los monjes del Temple, el flanco quedaba
desguarnecido. El abad Raimundo, creyó que ahora le pedía el Señor este
servicio, marchó a Toledo con el monje Diego Velásquez, para ofrecerse al
rey, que había ofrecido la plaza de Calatrava al valiente que, audaz,
aguardara allí a los musulmanes. Nadie se atrevía. Pero Diego era un héroe y
su abad un santo. Se encomendaron al Señor y se ofrecieron. Los medios, Dios
los daría, pues la causa era buena. Don Raimundo, abad del monasterio
cisterciense de Fitero, asesorado por el monje Diego Velásquez, que había
sido guerrero, aceptó el reto. Al no ofrecerse más alternativas, el rey
entregó Calatrava a los monjes de Fitero. Raimundo predicó con fervor una
cruzada y logró reunir hasta veinte mil hombres en las orillas del Ebro para
defender y habitar aquella comarca. A los que se añadieron los que había
conseguido organizar Diego Velásquez en las cercanías de Calatrava. La ciudad
de Calatrava, junto al Guadiana, había sido arrebatada a los árabes por
Alfonso VII en 1147. Calatrava tenía una gran importancia estratégica como
baluarte avanzado de Toledo ante los moros. Mientras tanto, Diego, antiguo
guerrero, organizaba la resistencia, entrenaba a los cruzados, guerreaba con
los enemigos y salvaba ORDEN DE CALATRAVA Para asegurarla el abad Raimundo realiza la gran obra. Con sus
numerosas huestes, mitad monjes, mitad soldados, se organiza la Orden militar
de Calatrava "leones en tiempo de guerra, corderos en tiempo de
paz", de la que es proclamado Primer Gran Maestre. Al ver la buena
organización y sus éxitos, el Papa Alejandro III CIRUELOS Después de cinco años de abad de Calatrava, Raimundo se retiró a la
villa de Ciruelos, cerca de Ocaña. Desde Ciruelos el Santo vigilaba a los
monjes caballeros y oraba por ellos en los días de combate, como al
conquistar Cuenca y recobrar Alcañiz. En los días de paz les infundía aquel
espíritu de fe que les haría vencedores en las luchas oscuras del claustro. SUS VIRTUDES Desde niño era "en las costumbres compuesto, en el hablar parco,
en las palabras grave, en las acciones modesto. Con los mayores reverente,
con los iguales benévolo, con los inferiores apacible. Y en suma, por
aquellas pueriles disciplinas, abrió bien a prisa camino a una gran
perfección, y en aquel primer bosquejo dio bien claro indicio de la belleza
de la imagen que mostraría a su tiempo". LO LLEVABA EN SUS GENES Raimundo tal vez era hijo de alguno de los gloriosos conquistadores de
Tarazona, ganada a los moros en 1120. Fue canónigo de aquella iglesia, como
lo atestiguará su primer obispo, don Miguel, monje benedictino, quien en escritura
de donación, decía: "Hago esta donación a ti, Raimundo, venerable y
religioso varón, antiguamente hijo de Nuestra Iglesia, mas ahora mudado para
mejor orden y mejor hábito, abad de Nienzabas". El trato con su obispo,
monje benedictino, y la fama de santidad de la Orden del Cister, ¿influyeron
en la vocación monacal de Raimundo? Su virtud, con la consecuente reputación,
le traicionaba, y a pesar de su humildad, los ojos de los monjes, y los de
los superiores, se clavaban en él. Por eso, cuando el abad de Scala Dei, dom
Bernardo, quiso fundar en España, eligió como abad del nuevo monasterio al
piadoso Durando, y como prior del mismo a Raimundo. CAPITULO GENERAL DEL CISTER Como abad, asistió Raimundo, con los otros abades de la Orden, al
capítulo general del Cister, presidido por el Sumo Pontífice, Eugenio III,
monje cisterciense, discípulo de San Bernardo en Cluny. A música suave
sonaría en los oídos de Raimundo, y dulce miel gustarían sus labios, el oír y
leer el gran privilegio de amparo que el Pontífice concedió al monasterio de
Nienzabas: "Eugenio, obispo siervo de los Siervos de Dios, a los amados
hijos Raimundo, abad de Santa María de Nienzabas, y a sus monjes, así
presentes como futuros... Le recibimos debajo de la potestad del bienaventurado
San Pedro y nuestra... A los quince de las Kalendas de octubre, año de la
Encarnación del Señor, de mil y ciento y cuarenta y ocho, de nuestro
Pontificado el tercero." A CASTEJON En este mismo año, y mejorando notablemente, trasladó el monasterio a
Castejón, lugar más acomodado que todos los anteriores. Como abad de Santa
María de Castejón, aparece en la donación que, aún en vida de su padre el
emperador, Alfonso VII, hizo el futuro rey Sancho III, del castillo de
Tulungen y la concesión de otras mercedes, hechas por el rey don Sancho el
Sabio, de Navarra. Pero Castejón tampoco fue el sitio definitivo. FITERO Ignorado el lugar del nacimiento de San Raimundo, ha dado existencia y
vida, renombre y gloria, a Fitero (nombre de un montículo denominado Hitero
—hito o mojón— que hoy conserva su nombre Piedrahitero) donada en 1150 por
don Pedro Tizón y su mujer doña Toda, de Tudela, abuelos del gran arzobispo,
navarro, don Rodrigo Jiménez de Rada. Allí se fundó el monasterio de Santa
María de Fitero, cuyo grandioso templo de piedra sería más tarde construido
por el arzobispo don Rodrigo. De este monasterio de Santa María de Fitero,
fue primer abad San Raimundo, que, con Durando, primer fundador en España,
llegarán a setenta y seis, hasta fray Bartolomé Oteyza, bajo cuyo gobierno
fue suprimido en 1834. Y la mayor gloria de Fitero es su abad San Raimundo.
Al que dejaron perplejo las voces de su fidelísimo monje, fray Diego, en
aquella noche de enero de 1158. ¡Calatrava! También quedaría inmortalizado
este nombre, más que por el santo monje Raimundo, eso lo fue Fitero, por el
guerrero valiente, invicto soldado, fundador de la orden militar. ¿Mitad
monje, mitad soldado? ¡Monje de cuerpo entero, soldado de pelo en pecho! SANCHO III ESCRIBIO La santidad del abad y el recuerdo del valor guerrero de fray Diego,
movieron a Sancho III a escribir lo siguiente en Almazán: "Yo, el rey
Don Sancho, por la gracia de Dios, hijo del ilustre emperador de las Españas
de buena memoria, por inspiración divina, hago carta de donación y texto de
escritura para siempre, valedero a Dios, y a Asegurada la defensa de Calatrava, Raimundo volvió a Fitero, y con su
"Dios lo quiere" enardecido, regresó a la plaza al frente de veinte
mil hombres —monjes, labradores y artesanos— a Ios cuales estableció en sus
nuevos dominios entre campos y aldeas, alrededor de la fortaleza,
convirtiendo en posición inexpugnable, lo que hasta entonces, había sido
temor y angustia insuperables. Con esto quedó trasladada la abadía de Fitero a Calatrava, aunque no
quedó la primera vacía y abandonada, ya que el abad de Scala Dei, envió
monjes para continuar la vida monacal, como hasta entonces, ejemplar y
edificante. Una tradición secular afirma que el santo abad pidió y obtuvo del rey
una preciosa imagen de —fuiste algún tiempo Señora —y en Fitero sois ahora —de todos Madre aclamada. — Pues sois imán verdadero —que roba los corazones —colmadnos de bendiciones — ¡oh Patrona de Fitero! TESTIMONIO DEL REY DON
SANCHO El rey don Sancho fue testigo de la vida de aquellos monjes-soldados,
de aquellos soldados-monjes. "Hallóse en Calatrava un día que se ofreció
rebato de moros. Vio la prisa y ánimo con que los monjes y caballeros salían
al enemigo, y vio a los mismos, después de recogidos, en el coro a completas,
las manos cruzadas, los ojos en tierra, cantando las divinas alabanzas con
notable espíritu. Admirado de tal mudanza, dijo al abad: Paréceme, padre, que
el son de las trompetas hace a vuestros súbditos lobos, y el de las campanas
corderos. -Será, -respondió el santo abad, “porque aquéllas los llaman para
resistir a los enemigos de Cristo y vuestros, y éstas para alabarle y rogar
por vos." TESTIMONIO DE DON RODRIGO DE
RADA Pero quien mejor refleja lo que era la vida de aquellos calatravos es
el mismo arzobispo don Rodrigo, cuando escribía: "Su multiplicación es
la corona del príncipe. Los que alaban al Señor con salmos se ciñeron espada,
y orando gemían para la defensa de Esta era la obra del santo abad, porque Raimundo era así. Podía
entonar el Nunc dimittis, y exclamar con San Pablo: Cursum consummavi. Tras
cinco años de abad de Calatrava, "haciendo igual guerra a los enemigos
de la cruz, a los demonios cantando en el coro, y a los infieles peleando en
el campo", lo encontramos en Ciruelos, donde, adornado de múltiples
laureles, obtuvo en 1163 la victoria definitiva, corona de santo monje, palma
de caballero militar fundador, que el justo juez colocó sobre su cabeza y
puso en sus manos. MURIO EN CIRUELOS En Ciruelos murió el santo abad en el año 1163, y, como dice el Rey
Sabio en SUS RELIQUIAS Sus reliquias sufrieron una larga peregrinación, lo que era frecuente
entonces por las guerras y porque todos querían tenerlas. Desde Ciruelos
pasaron al monasterio de Montesión de Toledo. Más tarde fueron veneradas en
Fitero. Finalmente quedaron en la catedral de Toledo, encerradas en preciosa
urna, sobre la que campea victoriosa la Cruz de Calatrava. Y es venerado a
ambos lados del Pirineo; en Fitero y Pamplona, la Bureba y Rioja, Bujeta y
Tarazona, Tarragona y Barcelona, y en Saint-Gaudens Toulouse, Bayona y
Tarbes. PARADIGMA DE Nuestra vida es lucha, combate y pelea. Nuestra alma tiene tres
grandes enemigos. También ella constituye para nosotros el gran castillo
interior, la Calatrava de nuestro espíritu. Hay que defenderla sin tregua ni
cuartel. Se nos dice que debemos ser mitad monjes, mitad soldados. Pero, en
este combate espiritual, donde la oración es el arma principal y donde la
cooperación a la gracia debe ser generosa, mejor será imitar a San Raimundo,
modelo para todas las épocas, siendo como él: "Monjes de cuerpo entero,
soldados de pelo en pecho". JESUS MARTI BALLESTER |
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