2  DE  JUNIO

SANTA  BLANDINA (177)

 

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 Santa Blandina, patrona de las criadas junto con Santa Zita, era una sirvienta de Lyon en casa de una noble dama.

Por aquel tiempo, bajo el gobierno de Marco Aurelio, corrió por todo el Imperio la voz de que los cristianos practicaban el canibalismo, el incesto y además se entregaban a extrañas orgías. Este rumor sin sentido tenía el peligro  de que era en cierta forma creíble, ya que muchos paganos habían escuchado que los cristianos comían el cuerpo de Cristo y bebían su sangre; además, era la religión del amor, y los «hermanos» vivían en comunidades muy unidas "compartiéndolo todo». Estas realidades podían ser muy mal interpretadas en un contexto en el que la decadencia de las costumbres romanas favorecía el florecimiento de un sinfín de cultos hedonistas en honor al dios Baco (Dionisio). Muchos que no habían escuchado nunca el Evangelio pensaron que el cristianismo era una más de esas sectas extrañas.

EI prefecto de Lyon, habiendo escuchado todo esto, y teniendo además un decreto del emperador que ordenaba perseguir a los cristianos, decidió exterminar de raíz el culto a Jesucristo en la zona de su jurisdicción. Blandina fue una de las capturadas, destacando sobre todos los demás mártires por su carácter heroico y su valentía. A pesar de su complexión débil soportó las torturas sin una sola queja, mientras gritaba con alegría: “Soy cristiana y no hay nada malo en eso». Por las noches consolaba y cuidaba a sus compañeros, mostrándose fuerte aunque ella misma estaba moribunda. Les hablaba de esperanza y de redención. Al fin fue llevada al circo, donde un toro salvaje acabó con su vida.

Con palpable sentimiento humano nos trata el martirologio romano la muerte de estos mártires hacia el año 174, imperando  Marco Aurelio.  Primeramente fueron encerrados en oscuros calabozos y apresados con cepos; luego pasaron revista delante del pueblo quien los iba apaleando a su paso, hasta ser introducidos algunos en jaulas con barrotes al rojo vivo. Otros junto con Blandina fueron atados a un madero en cruz y dejados ante las fieras, pero éstas no tocaron los cuerpos y regresaron a la cárcel. Por orden del emperador, cada uno fue torturado de forma independiente y cuando a sus cuerpos les quedaba poca vida eran llevados al anfiteatro para que las fieras terminaran de despedazarlos. Posteriormente se les llamaría los mártires de Ainay.

Santa Blandina nunca había demostrado ser una mujer especial. Era una humilde criada que cumplía con su obligación e intentaba servir a Cristo. Pero ante una situación extrema, supo reaccionar y con la ayuda de Dios demostró que había mucho más dentro de ella de lo que todos pudieran imaginar.