28 DE JULIO
SANTA CATALINA TOMÁS (1531-1574)

Catalina era muy humilde. Pobre, pequeña, casi insignificante; sin duda pasaba inadvertida. A menudo se la ha comparado con una florecilla silvestre: es imposible reparar en su belleza sin pararse detenidamente para contemplarla. Pero Dios siempre se detiene a mirar las cosas pequeñas, que son las que más le gustan. Sin duda, Catalina es una de las santas más entrañables y queridas por nuestro Señor.
No hay mucho que decir de su biografía. Era mallorquina, de Valldemosa, y al quedar huérfana se fue a vivir con un tío suyo. Trabaja como sirvienta y como pastora, mientras el ermitaño Antonio Castañeda la guiaba espiritualmente.
Al cabo de los años, se mudó a Palma con la intención de ingresar en un convento. Pero, al no tener dote ni educación, ninguno quería recibirla. Catalina se puso a trabajar duramente y al fin consiguió ahorrar algo de dinero. No uno, sino varios monasterios quisieron entonces aceptarla: ella eligió el de Santa María Magdalena, de monjas agustinas.
En el convento, Catalina se dedicó a servir, como había hecho siempre, esta vez dividida entre sus hermanas y los enfermos de la ciudad. Según fueron pasando los años, fue siendo bendecida cada vez con más frecuencia con éxtasis y visiones. Pero nuestra santa no se enorgullecía de ello, al contrario; de no ser por sus hermanas, probablemente nadie se habría enterado. Al final la noticia se difundió por todas las islas Baleares, y los fieles acudían de todas parles para pedirle consejo y que los tuviera presentes en sus oraciones,
Santa Catalina murió a los cuarenta años: corno se dijo por aquel entonces. Dios no soportó tenerla alejada de Si por más tiempo. Hoy reparamos en la bendita sencillez de esta santita y no podemos dejar de enternecernos por su pureza y su buena voluntad.