
SANTA
CASILDA
9 DE
ABRIL
El santuario de Santa Casilda, patrona de Briviesca, se encuentra a solo
Casilda, adaptación castellana del árabe "casida", eso
es, cantar o poema, se supone hija del rey moro de Toledo Aldemón o Almamún, a quien se ha dado también otros muchos nombres, y
era al parecer una princesa mora
nacida en Toledo en el siglo XI que, conmovida por los malos tratos que sufrían
los prisioneros cristianos de su reino, se dedicaba a ayudarles en secreto
llevándoles alimentos.
En un bello lienzo de Zurbarán la vemos entre majestuosos ropajes llevando rosas en el halda, ya que según la tradición daba de comer a los presos, y al sorprenderla su padre y preguntarle qué ocultaba en los pliegues de su vestido, ella dijo que rosas, y en flores se convirtieron las viandas, milagro que también se atribuye a santa Isabel.

Los
cristianos le hablaban de Jesucristo, de la Virgen, de su fe... y el Espíritu
Santo seguía actuando en el alma de Casilda... Por fin la joven cae enferma,
empezó a padecer un flujo de sangre que ningún médico acertó a curar; y le
aseguran que no lejos de Burgos y muy cerca de Briviesca hay unas aguas llamadas "de San
Vicente" que hacen prodigios y que seguramente allí podrá curarse. Pero la
dificultad está en que aquellos "Baños" están en territorio
cristiano.
Aldemón consintió
en aquel viaje a los reinos cristianos, y Casilda, después de sanar de su mal
tras bañarse allí, se bautizó e hizo construir una ermita en aquel mismo lugar
donde vivió santamente hasta su muerte. Vivió
y murió como eremita.
Llevó una vida de caridad, penitencia y oración. El Señor obró por su medio muchos
prodigios. En cuanto murió fue venerada como santa. Era el 1074.
«La virgen mora que vino de Toledo», muy venerada en Burgos, reposa en aquel
cerro que domina un valle, en el santuario actual, lugar de peregrinación
durante siglos y que no deja de frecuentar la piedad de nuestros
contemporáneos.
Se la invoca contra el flujo de sangre, y dicen que basta que una mujer pruebe
sus aguas y eche una piedra al lago para tener asegurada la descendencia.