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19 de Oct |
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REFLEXION DESDE DE LA VIDA DE LOS
SANTOS |
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San Pedro de Alcántara |
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Pedro
de Alcántara es hijo de un noble matrimonio de Alcántara, en Extremadura,
1499. Creció en un ambiente de lucha. Sus padres formaban parte de la nobleza
que, con Fernando e Isabel, los Reyes Católicos, habían reconquistado los
últimos reductos musulmanes, Granada, en España. Pedro tenía el temple férreo
de los conquistadores de América, Pizarro o Hernán Cortés. k.o. la edad progresaba en los estudios, pero él se
sentía llamado a otras conquistas. Terminados sus estudios en Salamanca, que
afinaron su espíritu y ensancharon su pensamiento, decidió ser franciscano. A
los dieciséis años recibió el hábito en el convento de los Manjaretes,
frontera con Portugal, y ejerció de custodio y provincial en su Provincia
franciscanas, al final, de Comisario General de los Franciscanos Reformados
por él; murió en Arenas de San Pedro,
cerca de Ávila, en 1562. |
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PREPARACION MISTICA PARA SU MAGISTERIO CON SANTA TERESA Cuando
Santa Teresa, vivía en el monasterio de RESISTENCIA DEL OBISPO VENCIDA POR FRAY PEDRO El
obispo no quería autorizar la fundación. Pedro de Alcántara le escribió, pero
no consiguió nada. Bien enfermo Pedro fue a visitarlo al Tiemblo, donde se
encontraba; y consiguió que Don Alvaro de Mendoza concediera la autorización
para la fundación del convento de San José. Pedro era un hombre alto,
espigado, como el modelo de las figuras que pintaba el Greco en Toledo. La
resistencia de su organismo era milagrosa, toda su vida era un verdadero
milagro; caminaba sobre las aguas, leía los secretos de los corazones,
salvaba las distancias con la velocidad del rayo, plantaba su bastón en el
suelo y se transformaba en una higuera. Como él cumplía la voluntad Dios, los
elementos obedecían la suya. Caminaba con los pies descalzos y la cabeza
siempre descubierta y aparecía tan escuálido que, decía Teresa, que
"parecía hecho de raíces de árboles". La conversación entre los dos
grandes contemplativos serenó definitivamente a |
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TERESA LE ANUNCIA SU MUERTE Hacía
un año que Santa Teresa le había avisado de la proximidad de su muerte, lo
cual no le impidió seguir vigilando la observancia y visitando los conventos
como Comisario general de los reformados. La última enfermedad le sorprendió
en Arenas, en la provincia de Ávila. En el hospital público, oraba sin cesar
de repetir: "Señor, lávame más todavía de mi iniquidad." Al llegar
el médico, preguntó: "Señor doctor, ¿no hemos de caminar?".
"Muy presto, Padre", dijo el doctor; y el santo, lleno de gozo,
recitó el verso del salmo: "Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la
casa del Señor." "Cuando expiró -dice Santa Teresa- se me apareció
y me dijo cómo se iba a descansar y que bienaventurada penitencia, que tanto
premio le había merecido. Y he aquí acabada la aspereza de vida con tan gran
gloria." |
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SU REFORMA Por
donde pasaba Fray Pedro, introducía |
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Su
fama no sólo se difundió por España, sino que llegó también a Portugal, por
lo que el rey Juan III lo llamó a Lisboa donde dejó una huella de santidad y
de prestigio por sus virtudes. Fray Luís de Granada será amigo suyo y también
San Francisco de Borja, el Duque de Gandía. Y las
hermanas de Felipe II. El mismo Carlos
V, ya retirado en Yuste, le pidió que dirigiera su conciencia: “Padre, mi
intención es que os encarguéis de mi alma”, le dijo el emperador. “Señor, yo
no podré desempeñar ese cargo, tenéis que buscar a otro”. –“Haced lo que os
mando, que yo se bien lo que me conviene”, respondió el emperador
contrariado. –“Señor, tenga por bien que se haga la voluntad de Dios. Si no
vuelvo, tenga vuestra majestad por respuesta que no se sirve de ello” "Bienaventurada penitencia, que
le HA CONSEGUIDO tan gran premio". Pudo
ser un gran reformador porque era gran penitente. La ascesis sólo es un medio
para evitar los peligros que la carne combate los vuelos del espíritu, y así
lo entendía San Pedro de Alcántara. Su fin es la unión con Dios, y aunque a
San Pedro se le conoce, sobre todo, por sus proverbiales penitencias, es más
admirable en él el contemplativo que el asceta. Oraba sin cesar y en todas
partes. A veces, una sola palabra le arrebataba de tal modo, que lanzaba
gritos ininteligibles, entraba en éxtasis y quedaba suspenso en el aire. Un
día ensayaba un joven en la huerta del convento el principio del evangelio de
San Juan, las palabras: “el Verbo se hizo carne” le impresionaron tanto, que
empezó a volar, levantado un codo sobre el suelo y atravesó cuatro puertas,
llegó al altar mayor y quedó en éxtasis. Otra vez, no pudiendo sufrir los
ardores que le abrasaban salió a la huerta y quedó suspendido en el aire
delante de una cruz. SANTA TERESA NOS REVELA SUS
CONFIDENCIAS Santa
Teresa nos relata en su Vida:.”Paréceme fueron
cuarenta años los que me dijo había dormido sólo hora y media entre noche y
día, y que éste era el mayor trabajo de penitencia que había tenido en los
principios, de vencer el sueño, y para esto estaba siempre de rodillas o en
pie. Lo que dormía era sentado y con la cabeza arrimada a un maderillo que
tenía hincado en la pared..." Jamás, añade |
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SU CARIDAD Severidad
terrible para consigo mismo, pero siempre ungida de la humildad más
franciscana y la caridad más tierna. Les decía a sus frailes: "Si
vierais a vuestro hermano pecar, no os ofendáis y no os turbéis, sino, llenos
de mansedumbre, habladle al corazón y avisadle con amor, acordándoos que
vosotros habéis sido hechos del mismo barro." Y el amor de Dios le llenaba
tanto el alma, que le traspasaba hasta el pecho y tenía que dejar su celda
para salir a refrescarse al aire libre. Muchas veces le resultaba muy difícil
hacer oración o celebrar |
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