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10 de Nov |
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REFLEXION DESDE DE |
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San Leon Magno |
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En
la historia de los Papas nos encontramos dos con el título de “Magno”. San
León Magno y San Gregorio Magno, ambos en el siglo V, en el que suceden
grandes acontecimientos en momentos muy conflictivos, destacando personajes
decisivos como Recaredo que abjura el arrianismo convertido por San Leandro
de Sevilla, que había coincidido en Constantinoplacon
el que después sería Gregorio Magno. A su vez, en Reims,
San Remigio bautiza a Clodoveo, mientras Atila,
después de asolar Venecia y tomar Milán, llega a Roma. El papa León Magno
(440-461), se enfrentó con él y los hunos. Le salió, vestido de pontifical,
al encuentro y le impresionó tanto, que le prometió abandonar la guerra y
retirarse más allá del Danubio, momento que Rafael
inmortalizó. El pontificado de San León Magno, en la mitad del siglo V se
desarrolló durante un periodo histórico turbulento, en que acechada De
hecho el éxito que obtuvo con Atila no lo consiguió
con los vándalos de Genserico, que por una intriga
de corte fomentada por la emperatriz Eudoxia, entró en Roma y la saqueó
salvajemente. Genserico le prometió que iba a
salvar sólo las Basílicas de S. Pedro, de S. Pablo y de S. Juan de Letrán. Lo demás lo arrasaron
todo. Era el mes de junio del año 455. Fueron quince días de terror,
destrucciones, y expoliaciones. Los vándalos se llevaron a millares de
ciudadanos para convertirlos en esclavos, entre ellos a la misma Eudoxia, que
fue la causa de muchos males. A León sólo le quedóreconstruir
la ciudad tan amada, reducida a escombros. |
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NATURAL
DE San
León nació en Toscana, Italia; recibió una esmerada
educación y hablaba muy correctamente el idioma nacional, el latín. Designado
Secretario del Papa San Celestino y de Sixto III, fue enviado como embajador
a Francia para evitar una guerra civil a punto de estallar por la pelea entre
dos generales. Allí le llegó la noticia de que había sido elegido Sumo
Pontífice. Año 440. Desde el principio de su pontificado dio muestra de
poseer grandes cualidades. Tenía gran fama de sabio y cuando en el Concilio
de Calcedonia los enviados del Papa leyeron la carta que enviaba San León
Magno, los 600 obispos se pusieron de pie y exclamaron: "San Pedro ha
hablado por boca de León". Cuando, como he dicho, en el año 452 llegó el
terrorífico guerrero Atila, capitaneando a los
feroces Hunos, de quienes se decía que donde sus caballos pisaban no volvía a
nacer la hierba, el Papa San León salió a su encuentro y su personalidad le
impresionó tanto que logró que no entrara en Roma y que volviera a su tierra,
de Hungría. |
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CONCILIO
DE CALCEDONIA Su
Epístola a Flaviano, dirigida al Patriarca de
Constantinopla, tuvo una importancia decisiva en las definiciones del
Concilio de Calcedonia (451), en el que se condenó la herejía monofisita.
Además de esta larga carta dogmática, San León redactó otras muchas. Su
epistolario comprende 173 cartas, escritos dogmáticos, disciplinares y de
gobierno. Su estilo conciso y elegante, une a la brevedad una gran riqueza de
imágenes. Se conservan 96 sermones, que son verdaderas joyas de doctrina.
Esta misma preocupación por exponer la verdadera doctrina cristiana se
refleja en sus Homilías, predicadas al clero y al pueblo romano en las
principales fiestas del año litúrgico, que para San León, tiene una
importancia capital en la vida cristiana, pues es como una prolongación de la
vida salvífica de Cristo en |
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Si
fiel y sabiamente, amadísimos, consideramos el principio de nuestra creación,
hallaremos que el hombre fue formado a imagen de Dios, a fin de que imitara a
su Autor. La natural dignidad de nuestro linaje consiste precisamente en que
resplandezca en nosotros, como en un espejo, la hermosura de la bondad
divina. A este fin, cada día nos auxilia la gracia del Salvador, de modo que
lo perdido por el primer Adán sea reparado por el segundo. La causa de
nuestra salud no es otra que la misericordia de Dios, a quien no amaríamos si
antes Él no nos hubiera amado y con su luz de verdad no hubiera alumbrado
nuestras tinieblas de ignorancia. Esto ya nos lo había anunciado el Señor por
medio de su profeta Isaías: guiaré a los ciegos por un camino ignorado y les
haré caminar por senderos desconocidos. Ante ellos tornaré en luz las
tinieblas, y en llano lo escarpado. Cumpliré mi palabra y no les abandonaré
(Is 42, 18). Y de nuevo: me hallaron los que no me buscaban, y me presenté
ante los que no preguntaban por mí (Is 65,1). De qué modo se ha cumplido todo
esto, nos lo enseña el Apóstol Juan: sabemos que el Hijo de Dios vino y nos
dio inteligencia para que conozcamos |
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AMEMOS A
DIOS Y
también: amemos a Dios, porque Él nos amó primero (1 Jn 4, 19). Dios, cuando
nos ama, nos restituye a su imagen, y para hallar en nosotros la figura de su
bondad, nos concede que podamos hacer lo que Él hace, iluminando nuestras
inteligencias e inflamando nuestros corazones, de modo que no sólo le amemos
a Él, sino también a todo cuanto Él ama. Pues si entre los hombres se da una
fuerte amistad cuando les une la semejanza de costumbres—y sin embargo,
sucede muchas veces que la conformidad de costumbres y deseos conduce a malos
afectos—, ¡cuánto más deberemos desear y esforzarnos por no discrepar en
aquellas cosas que Dios ama! Pues ya dijo el Profeta: porque la ira está en
su indignación y la vida en su voluntad (Sal 29, 6), ya que en nosotros no
estará de ningún modo la majestad divina, si no se procura imitar la voluntad
de Dios. Dice
el Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma.
Amarás al prójimo como a ti mismo (Mt 12, 37-39). Así pues, reciba el alma
fiel la caridad inmarcesible de su Autor y Rector, y sométase toda a su
voluntad, en cuyas obras y juicios nada hay vacío de la verdad de la
justicia, ni de la compasión de la clemencia. Tres obras pertenecen
principalmente a las acciones religiosas: la oración, el ayuno y la limosna,
que han de ejercitarse en todo tiempo, pero especialmente en el consagrado
por las tradiciones apostólicas, según las hemos recibido. Como este mes
décimo se refiere a la costumbre de la antigua institución, cumplamos con
mayor diligencia aquellas tres obras de que antes he hablado. Pues
por la oración se busca la propiciación de Dios, por el ayuno se apaga la
concupiscencia de la carne y por las limosnas se perdonan los pecados (Dan 4,
24). Al mismo tiempo, se restaurará en nosotros la imagen de Dios si estamos
siempre preparados para la alabanza divina, si somos incesantemente solícitos
para nuestra purificación y si de continuo procuramos la sustentación del
prójimo. Esta triple observancia, amadísimos, sintetiza los afectos de todas
las virtudes, nos hace llegar a la imagen y semejanza de Dios, y nos une
inseparablemente al Espíritu Santo. Así es: en las oraciones permanece la fe
recta; en los ayunos, la vida inocente, y en las limosnas, la benignidad.
Hoy,
amadísimos, ha nacido nuestro Salvador. Alegrémonos. No es justo dar lugar a
la tristeza cuando nace En
tan singular nacimiento, ni le rozó la concupiscencia carnal, ni en nada
estuvo sujeto a la ley del pecado. Se eligió una virgen de la estirpe real de
David que, debiendo concebir un fruto sagrado, lo concibió antes en su
espíritu que en su cuerpo. Y para que no se asustase por los efectos
inusitados del designio divino, por las palabras del Ángel supo lo que en
ella iba a realizar el Espíritu Santo. De este modo no consideró un daño de
su virginidad llegar a ser Madre de Dios. ¿Por qué había de desconfiar Maria
ante lo insólito de aquella concepción, cuando se le promete que todo será
realizado por la virtud del Altísimo? Cree Maria, y su fe se ve corroborada
por un milagro ya realizado: la inesperada fecundidad de Isabel testimonia
que es posible obrar en una virgen lo que se ha hecho con una estéril. DOBLE
NATURALEZA Así
pues, el Verbo, el Hijo de Dios, que en el principio estaba en Dios, por
quien han sido hechas todas las cosas, y sin el cual ninguna cosa ha sido
hecha (Jn 1, 1-3), se hace hombre para liberar a los hombres de la muerte
eterna. Al tomar la bajeza de nuestra condición sin que fuese disminuida su
majestad, se ha humillado de tal forma que, permaneciendo lo que era y
asumiendo lo que no era, unió la condición de siervo (Fil
2, 7) a la que Él tenía igual al Padre, realizando entre las dos naturalezas
una unión tan estrecha, que ni lo inferior fue absorbido por esta
glorificación, ni lo superior fue disminuido por esta asunción. Al salvarse
las propiedades de cada naturaleza y reunirse en una sola persona, la
majestad se ha revestido de humildad; la fuerza, de flaqueza; la eternidad,
de caducidad. Para pagar la deuda debida por nuestra condición, la naturaleza
inmutable se une a una naturaleza pasible; verdadero
Dios y verdadero hombre se asocian en la unidad de un solo Señor. De este
modo, el solo y único Mediador entre Dios y los hombres (1Tim 2,5) puede,
como lo exigía nuestra curación, morir, en virtud de una de las dos
naturalezas, y resucitar, en virtud de la otra. CONCEPCION
VIRGINAL Con
razón, pues, el nacimiento del Salvador no quebrantó la integridad virginal
de su Madre. La llegada al mundo del que es DIGNIDAD
DEL CRISTIANO Reconoce,
¡oh cristiano!, tu dignidad, pues participas de la naturaleza divina (2 Re 1,
4), y no vuelvas a la antigua miseria con una vida depravada. Recuerda de qué
Cabeza y de qué Cuerpo eres miembro. Ten presente que, arrancado del poder de
las tinieblas, has sido trasladado al reino y claridad de Dios (Col 1, 13).
Por el sacramento del Bautismo te convertiste en templo del Espíritu Santo:
no ahuyentes a tan escogido huésped con acciones pecaminosas, no te entregues
otra vez como esclavo al demonio, pues has costado
Esto
lo hizo ya desde el principio del mundo, cuando declaró a la serpiente que de
Ha
sido, pues, necesario, amadísimos, el plan de un profundo designio para que
un Dios que no se muda, cuya voluntad no puede dejar de ser buena,
cumpliese—mediante un misterio aún más profundo— la primera disposición de su
bondad, de manera que el hombre, arrastrado hacia el mal por la astucia y
malicia del demonio, no pereciese, subvirtiendo el plan divino. Al llegar,
pues, amadísimos, los tiempos señalados para la redención del hombre, Nuestro
Señor Jesucristo bajó hasta nosotros desde lo alto de su sede celestial. Sin
dejar la gloria del Padre, vino al mundo según un modo nuevo, por un nuevo
nacimiento. Modo nuevo, ya que, invisible por naturaleza, se hizo visible en
nuestra naturaleza; incomprensible, ha querido hacerse comprensible; el que
fue antes del tiempo, ha comenzado a ser en el tiempo; señor del universo, ha
tomado la condición de siervo, velando el resplandor de la majestad (Fil 2,7); Dios impasible, no ha desdeñado ser hombre
pasible; inmortal, se somete a la ley de la muerte. SU
DIVINO PODER ¿Quieres
tener razón de su origen? Confiesa que es divino su poder. El Señor Cristo
Jesús ha venido, en efecto, para quitar nuestra corrupción, no para ser su
víctima; no a sucumbir a nuestros vicios, sino a curarlos. Por eso determinó
nacer según un modo nuevo, pues llevaba a nuestros cuerpos humanos la gracia
nueva de una pureza sin mancilla. Determinó, en efecto, que la integridad del
Hijo salvaguardase la virginidad sin par de su Madre, y que el poder del
divino Espíritu derramado en Ella (Lc 1, 35) mantuviese intacto ese claustro
de la castidad y esta morada de la santidad en la cual Él se complacía, pues
había determinado levantar lo que estaba caído, restaurar lo que se hallaba
deteriorado y dotar del poder de una fuerza multiplicada para dominar las
seducciones de la carne, para que la virginidad—incompatible en los otros con
la transmisión de la vida—viniese a ser en los otros también imitable gracias
a un nuevo nacimiento. Honrad
con una obediencia santa y sincera el misterio sagrado y divino de la
restauración del género humano. Abrazaos a Cristo, que nace en nuestra carne,
para que merezcáis ver reinando en su majestad a este mismo Dios de gloria,
que con el Padre y el Espíritu Santo permanece en la unidad de la divinidad
por los siglos de los siglos. Amén. Infancia espiritual (Homilía 7 en Aun
estos mismos instantes vividos por el Hijo de Dios, que nace de No
sin razón, cuando los tres Magos fueron conducidos por el resplandor de una
nueva estrella para venir a adorar a Jesús, ellos no lo vieron expulsando a
los demonios, resucitando a los muertos, dando vista a los ciegos, curando a
los cojos, dando la facultad de hablar a los mudos, o en cualquier otro acto
que revelaba su poder divino; sino que vieron a un Niño que guardaba
silencio, tranquilo, confiado a los cuidados de su Madre. No aparecía en Él
ningún signo de su poder; mas les ofreció la vista de un gran espectáculo: su
humildad. Por eso, el espectáculo de este santo Niño, el Hijo de Dios,
presentaba a sus miradas una enseñanza que más tarde debía ser proclamada; y
lo que no profería aún el sonido de su voz, el simple hecho de verle hacía ya
que Él lo enseñara. Toda
la victoria del Salvador, que ha subyugado al diablo y al mundo ha comenzado
por la humildad y ha sido consumada por la humildad. Ha inaugurado en la persecución
sus días señalados, y también los ha terminado en la persecución. Al Niño no
le ha faltado el sufrimiento, y al que había sido llamado a sufrir no le ha
faltado la dulzura de la infancia, pues el Unigénito de Dios ha aceptado, por
la sola humillación de su majestad nacer voluntariamente hombre y poder ser
muerto por los hombres. Si, por el privilegio de su humildad, Dios
omnipotente ha hecho buena nuestra causa tan mala, y si ha destruido a la
muerte y al autor de la muerte (I Tim 1, 10), no
rechazando lo que le hacían sufrir los perseguidores sino soportando con gran
dulzura y por obediencia a su Padre las crueldades de los que se ensañaban
contra Él, ¿cuánto más hemos de ser nosotros humildes y pacientes, puesto
que, si nos viene alguna prueba, jamás se hace esto sin haberla merecido?
¿Quién se gloriará de tener un corazón casto y de estar limpio de pecado? y,
como dice San Juan, si dijéramos que no tenemos pecado nos engañaríamos a
nosotros mismos y la verdad no estaría con nosotros (I Jn 1, 8). ¿Quién se
encontrará libre de falta, de modo que la justicia nada tenga de qué
reprocharle o la misericordia divina qué perdonarle? |
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Por
eso, amadísimos, la práctica de la sabiduría cristiana no consiste ni en la
abundancia de palabras, ni en la habilidad para discutir, ni en el apetito de
alabanza y de gloria, sino en la sincera y voluntaria humildad, que el Señor
Jesucristo ha escogido y enseñado como verdadera fuerza desde el seno de su
Madre hasta el suplicio de AMOR A
LOS NIÑOS Cristo
ama la infancia, que Él mismo ha vivido al principio en su alma y en su cuerpo.
Cristo ama la infancia, maestra de humildad, regla de inocencia, modelo de
dulzura. Cristo ama la infancia; hacia ella orienta las costumbres de los
mayores, hacia ella conduce a la ancianidad. A los que eleva al reino eterno
los atrae a su propio ejemplo. Mas, si queremos ser capaces de comprender
perfectamente cómo es posible llegar a una conversión tan admirable y por qué
transformación hemos de ir a la edad de los niños dejemos que San Pablo nos
instruya y nos diga: no seáis niños en el juicio; sed párvulos sólo en la
malicia, pero adultos en el juicio (I Cor 14, 20). No
se trata, pues, de volver a los juegos de la niñez ni a las imperfecciones
del comienzo, sino tomar una cosa que conviene también a los años de la
madurez; es decir, que pasen pronto nuestras agitaciones interiores, que
rápidamente encontremos la paz, no guardemos rencor por las ofensas, ni
codiciemos las dignidades, sino amemos encontrarnos unidos, y guardemos una
igualdad conforme a la naturaleza. Es un gran bien, en efecto, que no sepamos
alimentar ni tener gusto por el mal, pues inferir y devolver injuria es
propio de la sabiduría de este mundo. Por el contrario, no devolver mal por
mal (Rm 12, 17) es propio de la infancia espiritual, toda llena de
ecuanimidad cristiana. A esta semejanza con los niños nos invita, amadísimos,
el misterio de la fiesta de hoy. Ésa es la forma de humildad que os enseña el
Salvador Niño adorado por los Magos. |
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Para
mostrar aquella gloria que prepara a sus imitadores, ha consagrado con el
martirio a los nacidos en su tiempo; nacidos en Belén, como Cristo, han sido
asociados a Él por su edad y por su pasión. Amen, pues, los fieles la
humildad y eviten todo orgullo; cada cual prefiera su prójimo a sí mismo (I
Cor 4, 6), y que nadie busque su propio interés, sino el del otro (I Cor
10,14), de modo que, cuando todos estén llenos del espíritu de benevolencia,
no se encontrará en ninguna parte el veneno de la envidia, pues el que se
exalta será humillado y el que se humilla será exaltado (Lc 14,11). Así lo
atestigua nuestro Señor Jesucristo, que, con el Padre y el Espíritu Santo,
vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. Toscano
de origen, León I fue el salvador de occidente en una época en que el imperio
se desplomaba bajo los golpes de los bárbaros y el cristianismo se veía cada
vez más amenazado por las herejías. La unidad del Imperio, destruida por las
invasiones es sustituida por una unidad espiritual, transformada poco a poco
en la idea de la civilización unitaria que se encuentra en la base del
concepto de Europa. Los
bárbaros orientales, como los hunos, no participaron en la obra, se
integraron en esta unidad, y fue el mérito de En
452, Atila, rey de los hunos, había saqueado el
norte de Italia. El emperador Valentiniano III había abandonado su sede de Ravena y se había refugiado en Roma. León, salió al
encuentro de Atila, en Mantua.
Después de la entrevista con el Papa, el bárbaro se retiró, y fue ésta la
segunda derrota de Atila después de la que había
sufrido un año antes en los Campos Cataláunicos, donde Aecio
le había vencido en una de las famosas "estancias" del Vaticano. En
455 los vándalos de Genserico se habían apoderado
de Roma. Valentiniano había sido asesinado, y su sucesor, Petronio
Máximo, fue despedazado por la multitud mientras se disponía a huir. Fue León
quien tuvo el valor de enfrentarse con los vándalos, a los que esperó en la
puerta de León
fue también un político consumado y mereció el título de "grande",
y el honor de los altares. San Ambrosio había sido el primero en formular la
idea de un estado cristiano, y León desarrolló esta idea un siglo más tarde. Dawson escribe sobre este aspecto de la doctrina de León:
"Hacía converger las convicciones ambrosianas sobre la misión
providencial del Imperio romano y la doctrina tradicional de la primacía de Falleció
el 10 de noviembre de 461. Su culto litúrgico empezó inmediatamente después:
tan grande había sido la impresión dejada por su personalidad y su perfección
moral. Fue hasta la aparición de Gregorio el Grande, el más importante de los
sucesores de Pedro. |
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EL
COMBATE DE El
que, ayudado por la gracia de Dios, tienda con todo su corazón a esta
perfección, cumple fielmente el santo ayuno y, ajeno a la levadura de la
antigua malicia, llegará a la bienaventurada Pascua con los ácimos de pureza y sinceridad (l Cor 5,8).Participando de
una vida nueva (Rm 6, 4), merecerá gustar la alegría en el misterio de la
regeneración humana. Por Cristo nuestro Señor, que con el Padre y el Espíritu
Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. Está sepultado en |
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