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17 DE NOVIEMBRE |
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REFLEXION DESDE DE LA VIDA DE LOS
SANTOS |
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SANTA ISABEL DE HUNGRÍA |
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Siglo XIII, el de las grandes
catedrales, como la de Reims, la de Burgos, el de
los grandes santos, como San Francisco de Asís y San Alberto Magno; el de los
grandes sabios, como Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura; el de los
grandes pintores como el Giotto y Cimabúe; el siglo de las Cruzadas con Godofredo de Bouillon, duque de A los catorce años contrajeron
matrimonio y en la misma ceremonia nupcial fue coronado el príncipe. Su
matrimonio no sólo fue una unión política, sino un matrimonio por amor en el
que florecieron tres hijos. Se amaban tan intensamente los esposos que ella
le decía a Dios: "Dios mío, si a mi esposo lo amo tantísimo, ¿cuánto más
debiera amarte a Ti?". Y Luís, a un cortesano que le preguntó si estaría
dispuesto a renunciar a su esposa, le repuso señalando una alta montaña que
tenían enfrente: que, ni por aquella montaña convertida en oro fino, perdería
a su esposa. Por su gran amor aceptaba de buen grado que Isabel repartiera a
los pobres cuanto encontraba en casa y respondía a los que la criticaban:
"Cuanto más demos nosotros a los pobres, más nos dará Dios a
nosotros". |
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ROSAS BAJO EL DELANTAL Acusaron a la princesa ante su esposo
de derrochar sus bienes y agotar los graneros y los almacenes. El landgrave
Luis quería a su esposa con delirio, pero se vio precisado a pedirles una
prueba de su acusación. - Espera -le dijeron- y verás salir a la señora. Y el
duque vio a su mujer que salía a hurtadillas, de palacio cerrando
cautelosamente la puerta. La detuvo y le preguntó:- ¿Qué llevas en la falda?
-Rosas -contestó Isabel olvidando que era pleno invierno. Extendió el
delantal, y los panes se habían convertido en rosas. Los dos esposos vivieron
muy felices en su castillo de Wartburg. Su gobierno
ha sido uno de los más cristianos. En un año de escasez, Isabel gastó todo su
tesoro en socorrer a los necesitados. Se encontró a un leproso abandonado en
el camino, y lo acostó en su propia cama con su marido ausente. Llegó este
inesperadamente y le contaron el caso. Cuando iba a regañarla, vio en su
cama, no al leproso sino un hermoso crucifijo chorreando sangre. Recordó que
Jesús premia lo hecho a los pobres como hechos a Él mismo. MUERE SU ESPOSO Cuando tenía veinte años y su hijo
menor recién nacido, su esposo, murió como cruzado en Tierra Santa. Isabel
estuvo a punto de desesperarse, pero se resignó y aceptó la voluntad de Dios.
Rechazó varias ofertas de matrimonio y se decidió a vivir en la pobreza y
dedicarse al servicio de los más pobres y desamparados. Un día fue al templo
vestida con los más exquisitos lujos, pero al ver una imagen de Jesús
crucificado pensó: "¿Jesús en |
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REGENTE DEL PRINCIPADO Y
DESTERRADA Isabel fue declarada regente del
principado hasta que su primogénito alcanzase la mayoría de edad, pero una
conspiración de nobles consiguió expulsarla del gobierno alegando que
malgastaba el dinero del Estado en los pobres. Tomó el poder el hermano de su
esposo, que la forzó a abandonar el castillo y tuvo que refugiarse en un
convento, donde tomó el hábito de la tercera orden de San Francisco. Llevó
allí una vida dura y austera, ocupándose de los pobres. Y por si fuera poco,
su confesor ponía a la santa penitencias excesivas y creaba en ella
remordimientos por pecados que nunca había cometido. Isabel lo soportó con
paciencia. Desterrada, tuvo que huir con sus tres hijos, sin ninguna ayuda
material. Ella, que cada día daba de comer a 900 pobres en el castillo, ahora
no tenía quién le diera ni el desayuno. Pero confiaba totalmente en Dios y
sabía que nunca la abandonaría, ni a sus hijos. AL FIN REHABILITADA Algunos familiares la recibieron
en su casa, hasta que el Rey de Hungría consiguió que le devolvieran los
bienes que le pertenecían, y con ellos construyó un gran hospital para pobres,
y ayudó a muchas familias necesitadas. Un Viernes Santo, después de las
ceremonias, y ante el altar desnudo, de rodillas ante varios religiosos hizo
voto de renuncia de todos sus bienes, como San Francisco de Asís, y consagró
su vida al servicio de los más pobres. Cambió sus vestidos por un sencillo
hábito franciscano, de tela burda y ordinaria, y los últimos cuatro años de
su vida, se dedicó a atender a los pobres enfermos del hospital que había
fundado. Recorría calles y campos pidiendo limosna para sus pobres, y vestía
como las mujeres más pobres del campo. Vivía en una humilde choza junto al
hospital. Tejía y hasta pescaba, para comparar medicinas a los enfermos. |
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" Así la llamaba el pueblo. Un
sacerdote contemporáneo escribió: "Afirmo delante de Dios que raramente
he visto una mujer de una actividad tan intensa, unida a una vida de oración
y de contemplación tan elevada". Algunos religiosos franciscanos que la
dirigían en su vida de total pobreza, afirman que varias veces, cuando salía
de sus horas de oración, la vieron rodeada de resplandores y que sus ojos
brillaban como luces muy resplandecientes. El mismo emperador Federico II
afirmó: "La venerable Isabel, tan amada de Dios, iluminó las tinieblas
de este mundo como una estrella luminosa en la noche oscura". Murió
joven, muy joven, a los 24 años. Escribirá tres siglos después San
Juan de “De flores y esmeraldas en las frescas mañanas escogidas en tu amor florecidas y en un cabello mío entretejidas” |
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SU ENTRADA EN EL REINO En efecto, en la flor de la vida,
el 17 de noviembre de Con todos los honores penetra la
princesa, vestida de tisú y brocados recamado con franjas de oro. La llevan
hasta el rey; un séquito de vírgenes entran detrás de ella; las llevan con
fiestas y con regocijos, van entrando en el palacio real. En lugar de tus
padres te nacerán hijos; los cuales establecerán príncipes sobre la tierra.
Estos conservarán la memoria de tu nombre por todas las generaciones. Por
esto los pueblos te cantarán alabanzas eternamente por los siglos de los
siglos”. Así sucedió. A sus funerales asistieron el emperador Federico II y
una multitud tan grande formada por gentes de diversos países y de todas las
clases sociales, que los asistentes decían que no se había visto ni quizá se
volvería a ver en Alemania un entierro tan concurrido y fervoroso como el de
Isabel de Hungría, la patrona de los pobres. |
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MILAGROS El mismo día de su muerte, a un hermano lego se le
destrozó un brazo en un accidente y estaba en cama sufriendo terribles
dolores. De pronto, en su habitación, vio aparecer a Isabel, vestida con
trajes hermosísimos: "¿Señora, usted que siempre vestía trajes tan
pobres, por qué ahora tan hermosamente vestida?". Y ella sonriente le
dijo: "Es que voy a la gloria. Acabo de morir. Estira tu brazo que está
curado". Estiró el brazo totalmente destrozado, y la curación fue
completa e instantánea. Dos días después de su entierro, llegó al sepulcro de
la santa un monje cisterciense que sufría un terrible dolor al corazón y
ningún médico había logrado aliviarle. Se arrodilló y rezó largo rato junto a
la tumba de la santa, y quedó curado de su dolor y de su enfermedad. Estos
milagros y otros muchos más, movieron al Sumo Pontífice a declararla santa, a
los cuatro años de su muerte. |
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JESUS MARTI BALLESTER |
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