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27 de
Sep 2005 |
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REFLEXION DESDE DE |
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SANTA TERESA DEL NIÑO
JESÚS, DOCTORA DE LA IGLESIA |
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SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS, DOCTORA DE Tres
generaciones familiares han pedido a Dios un misionero. Admirable y asombroso
el empeño en el poder de la oración de la familia Martin. Y lo han visto
recompensado. Con su oración han conseguido que Teresita fuera misionera.
Abuelos, padres, hermanitas, todos constantemente se reúnen en oración para
que el Señor les conceda un nieto, un hijo, un hermano, misionero. La oración
se intensifica cuando viviendo en los Buissonets de
Lisieux, se espera, después de cinco niñas, el nacimiento del misionero. Aún
no existen, por supuesto, ecografías. Todos reunidos esperando la noticia del
médico, que anuncia a la familia expectante: “Será misionera”. |
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En
el siglo XX, caracterizado por la transformación del mundo en cultura y
avances técnicos, una jovencita, enclaustrada en un Carmelo, a quien el Papa
san Pío X, había llamado «la santa más grande de los tiempos modernos», fue
proclamada por Pío XI, en 1927, junto con el activísimo jesuita Francisco
Javier, patrona de las misiones, en un acto inaudito de audacia y profecía.
Otorgaba tal título a una monjita de clausura, que no salió nunca de su
monasterio. Con este acto pretendió demostrar que la fe se propaga, no sólo
por la actividad, sino también y fundamentalmente, por la contemplación. Esta
doctrina será confirmada por Juan Pablo II al concederle el título de DOCTORA,
en esta hora, aún confusa, a Santa Teresa del Niño Jesús. Como Patrona de las
Misiones propicia la acción evangelizadora; como Doctora, pone en orden la
inteligencia y el convencimiento, resalta el criterio y cataloga los valores,
es Maestra. Tiene la categoría magisterial de Tomás de Aquino. Su doctorado
versa sobre el AMOR efectivo y afectivo, cogollo y resumen de toda la vida
cristiana, sin demostraciones científicas, ni argumentos difíciles, sino
vivido en la monotonía de la vida ordinaria en la sencillez, que no
superficialidad, de su CAMINITO. |
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Se
han preguntado los filósofos si entre los seres de perfección desigual es
posible el amor, y han llegado a un acuerdo, el amor sí, la amistad no; pues
ésta exige igualdad proporcional y cierta convivencia. Cuando Aristóteles
afirma que entre el hombre y Dios es imposible la amistad, dice una verdad en
el orden natural, pero no en el sobrenatural, porque la gracia hace al hombre
semejante a Dios e hijo de Dios. Para llegar a amar el conocimiento es un camino necesario, “nihil volitum quin praecognitum”, no puede
ser amado lo que no se conoce, aunque los grados del conocimiento no se
corresponden con los del amor. Podemos conocer mucho a una persona y amarla
poco, y viceversa. El proceso cognoscitivo es centrípeto: va de las cosas al
sujeto; el amor es un proceso centrífugo: va del amante al amado, por eso el
amor penetra en las cosas más profundamente que el conocimiento, porque al
amar, el amante se transforma en el amado. Así cuando se ama algo superior al
alma, el amor es más perfecto que el conocimiento, pues el amante se eleva
hacia lo que ama; y se rebaja si ama algo inferior al alma. |
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Es
más perfecto amar a Dios que conocerlo; pues lo conocido es representado
imperfectamente en nuestro entendimiento, y lo amado como existente realmente
en sí mismo. Las potencias cognoscitivas son facultades iluminativas o
indicadoras del camino, y las apetitivas nos mueven a obrar. Es tan trascendental
el amor que en el cielo no permanecen ni la fe ni la esperanza, pero sí el
amor. Esencial al amor es la “unión afectiva” con el bien amado. La “unión
efectiva” o real con el amado es propia del “amor consumado”, del amor en su
última etapa, que no es el amor, sino “efecto” del amor. El amor es fuerza
unitiva, es la misma unión, vinculación o transformación, por la que el
amante se transforma en el amado, y se convierte en él. Decía Aristófanes que los amantes desearían convertirse en un
solo ser; pero como esa unión implicaría la destrucción de ambos, o al menos
de uno, buscan otra unión, conversando, y participando en otras actividades. |
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Santo
Tomás describe el amor como identificación afectiva con el amado, siguiendo a
Platón que considera el amor unido a todos los afectos, sensitivos e
intelectivos, como su raíz y motor. Lo específico del amor es la unión
afectiva del amante, incluyendo en él el deseo de la presencia del amado, la
benevolencia, que desea su bien, la condescendencia con el amigo y el
descanso en el amado. Quien
se da a sí mismo, da todo lo que tiene y conseguirá al entregarse lo propio
del amor, que es transformar al amante en el amado: “Natura amoris est quod
transformet amantem in amatum”, por cuya razón escribirá San Juan de San
Agustín, por su parte, afirma que el amor es como un peso, pondus, que nos inclina a lo bueno. Es como cierta
“ponderación” o gravitación hacia el bien, no unívoca, sino analógica, pues
cada clase de amor inclina de modo distinto hacia su objeto”. El amor
“transfiere” o transporta el amante al amado pues el amante participa en las
cosas del amado y el amante comunica las suyas al amado |
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La
entrega de una persona no estará nunca motivada por leyes, sino por amor. Así
hemos comprobado el fracaso de la formación que se ha dado a base de órdenes
y mandatos, de prohibiciones y distingos; los así educados han caído en la
vulgaridad. Es necesario cuidar mucho de que nuestra teología y psicología no
siga los derroteros de la ley mosaica que fue perfeccionada por Jesús en el Evangelio.
Una espiritualidad basada limpia y genuinamente en el Evangelio será mucho
más cautivadora y eficaz. Y es porque el Evangelio se resume en el amor, «la
plenitud de la ley es el amor» (Rm 13, 10); por eso remontando la corriente y
poniendo en la base el amor, el ser humano respira hondo, da su mejor sonido
y está dispuesto a los más altos saltos, a las entregas más sacrificadas.
Éste es el caso de Teresa del Niño Jesús. Ella amó, hasta morir de amor.
Comprendió lo que desea Dios ser amado y se dio totalmente. No habría podido
hacerlo esto un mandato. Lo hizo el amor. «Soy de un carácter tal, que el
temor me echa para atrás, mientras el amor no sólo me hace correr, sino
volar». «Amándole, no temiéndole, ninguna alma llegaría a ofenderle» «El amor
es lo único que me atrae» “El amor es el único bien que deseo”. Ni En
la cruz, Jesús destruye el corazón de piedra de los hombres. Cuando el
Espíritu de Cristo penetra en el cristiano, en la medida en que éste lo
acoge, cambia y transforma el corazón de piedra en corazón de carne. La nueva
ley del Espíritu es el amor, que actúa no «por obligación», sino «por
atracción» hacia el bien. Sin el amor no se puede observar la ley. «Si uno me
ama, guardará mi palabra» (Jn 14,23). El amor se prueba en el cumplimiento de
los mandamientos: «En esto consiste el amor, en observar sus mandamientos» (2
Jn 6). Entre la ley y el amor se establece una colaboración y una sinergia. El
amor apoya la ley y la ley protege el amor. La ley se nos da para sostener
nuestra libertad, no para eliminarla, y para ayudarnos a comprender la
voluntad de Dios. La
fuerza del amor es inmensa. Por amor la madre se inmola día y noche. Por amor
el hombre deja a su padre y a su madre. Por amor el joven modifica su
carácter a voluntad de su amada. Por amor se realizan las más heroicas
acciones, las gestas más generosas. Dile a un niño que estudie. No lo hace.
Proponle una motivación de amor, que, desgraciadamente suele ser de amor
propio, y ese niño, que no se movió por la orden, se mueve y estudia para
conseguir el premio que le han propuesto conquistar; le mueve el amor del
premio, del honor y del valor de lo que piensa ganar. Y estamos aún en el
terreno de psicología humana desnudamente. Si a toda esa fuerza de amor, le
añadimos la potenciación, que es el amor divino, todo se ilumina con una luz
nueva de poder y de altura incomparable. Es
que el ser humano ha entrado a participar en la fuerza de Dios; es la misma
acción de Dios la que el hombre posee. Se mueve desde Dios, en Dios, por
Dios, con los motivos de Dios, con sus propias fuerzas y ahora sí que es
realidad la expresión de Pablo: «Ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí “ (Ga 2,20). Ese ser humano
ahora ya es capaz de todo lo que antes le acobardaba. Comprendemos ahora lo
que les sucedió a los Apóstoles después de Pentecostés: gozosos salían de las
palizas recibidas; valientes predicaban el nombre de Jesús: “era necesario
obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch 4, 19). Y eran los mismos que
antes se habían dado a la fuga y habían negado al Maestro, ¿quién había
intervenido para que se diera tal cambio? No era otro que el Espíritu, que es
Amor. No era otro que el Espíritu que derramó en sus corazones la caridad,
obra suya, por la que el hombre vive en Dios (2 Co 3,14; 1 Pe 4,6). |
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Misterio
de su participación de su vida en nosotros... Si lo comprendiéramos mejor, si
lo reflexionásemos más, estimaríamos mucho más el crecimiento en el amor que
la salud, y el dinero y el amor humano. No hay nada que se pueda comparar con
este don sublime de la misma vida de Dios que nos diviniza y nos hace
poderosos en Dios y nos sumerge en el misterio de |
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Teresa
ha vivido con genial intuición, de la que no estaba ausente la gracia, la
espiritualidad del Evangelio, cuyo resumen es amor, como hemos dicho, pero
además ha captado la fuerza galvanizante del amor,
aun del humano, lo que pasa es que ella vio con una caridad impropia de sus
años, aparte de que no había experimentado desengaños que la amaestrasen, que
las criaturas humanas la dejaban con hambre. Escuchemos sus palabras: Necesito
un corazón ardiente de ternura, que
sea mi apoyo para siempre; que
ame todo en mí, hasta mi debilidad, que no
me abandone ni de día ni de noche. No
he podido encontrar criatura alguna que
me amara siempre sin morir; necesito
un Dios que tome mi naturaleza, que se
haga mi hermano y pueda sufrir». Cuando
en mi joven corazón se encendió esta
llama que se llama amor,.. viniste tú
a reclamarla. Y
tú solo, oh Jesús, pudiste Contentar
mi alma. Porque
tenía necesidad de amar hasta
el infinito |
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Y
quiso enseñar ese camino a las almas para que no se dejen deslumbrar por
espejismos. Aprendamos sus lecciones y dejémonos influenciar por su acción
apostólica aún actual. Imposible escribir o hablar de Teresa del Niño Jesús,
pensar en ella o rezarle, sin verla totalmente penetrada de amor. Su vida, su
virtud, todo en ella parece la obra del Amor. El amor de Dios ha sido la
fuente de energía que fecundó toda su vida espiritual; este amor se ha explayado
en la práctica de todas las virtudes y valores humanos y en filigranas de
delicadeza, ha encontrado su perfeccionamiento en el espíritu de infancia y
ha engendrado en su alma ubérrimos frutos. En el alma de Teresa hay una
disposición, que es la primordial, y que siempre permanecerá como
fundamental: el amor. |
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El
Dios que Teresa ama no es un dios abstracto, el dios de los filósofos y de
los sabios; es el Dios hecho hombre, el Verbo encarnado. Es un amor vitalista
el suyo. El segundo carácter de este amor no es un sentimiento, una emoción,
una delicadeza del corazón que puede compaginar con todas las debilidades y
caprichos de la infancia. Su niñez se revela heroica: “Desde la edad de tres
años no he negado nada a Dios”, nos confiesa. La historia de su alma no es,
en el fondo, otra cosa que el cumplimiento y la manifestación de lo que Dios
puede hacer cuando nada entorpece su libertad soberana. A sus catorce años se
despertó en ella la pasión de la ciencia. ¿Será una intelectual? La
cautivaban la teología, la filosofía, las ciencias naturales. Pero decidió
dedicarse sencillamente a la ciencia del Amor. Estuvo a punto de recibir
lecciones de pintura junto con Celina, pero no quiso insinuarlo a su padre. Sabe
que el amor hace esfuerzos inútiles por subir los escalones uno a uno y a
gatas, y ante la impotencia del querido pequeño, la madre se abaja y coge a
su niño y lo sube en brazos. Dios Padre será el águila que remonta al
pajarillo que agita impotente sus alas intentando volar. Esta es la gran
intuición de Teresa: que el amor nos viene de Dios. Y dirá: “lo propio del
amor es agacharse”. El
Amor es el deseo ardiente de querer todo el bien para el Amado. Quitar todo
el mal al Amado. Hacer feliz al Amado. Evitar disgustos al Amado. San Juan de
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«Le
llevaban rosas, que ella deshojaba sobre su crucifijo, acariciándole con cada
pétalo» Dice una hermana: «Un día que la vi tocando
dulcemente la corona de espinas y los clavos de su Jesús con la punta de los
dedos, le dije: “¿Qué hacéis?”. Entonces, con un suave gesto de admiración
ante mi sorpresa, me confesó: “Estoy desclavándole y quitándole la corona de
espinas”. Escribe
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«Oí
hablar de un gran criminal que acababa de ser condenado a muerte en castigo
de sus horribles crímenes. Todo hacía creer que moriría impenitente. Me
propuse impedir a toda costa que cayera en el infierno. Para conseguirlo
empleé todos los medios imaginables.... Le dije a Dios que estaba segurísima
de que perdonaría al pobre desgraciado Pranzini, y
que así lo creería aunque no diese muestra alguna de arrepentimiento, ¡tanta
era mi confianza en la misericordia infinita de Jesús! Pero, que para
animarme a seguir orando por los pecadores, y únicamente para mi consuelo, le
pedía sólo, “una señal” de arrepentimiento. Mi oración fue escuchada al pie
de la letra. Al día siguiente de su ejecución, cayó en mis manos el periódico
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«En
el rezo de Sexta hay un versículo que pronuncio siempre con repugnancia. Es
éste: “Decidí en mi corazón cumplir tu voluntad por la recompensa”. Me
apresuro a decir interiormente: “¡Oh, Jesús mío, bien sabéis que no os sirvo
por la recompensa, sino únicamente porque os amo y por salvar almas!”» “Yo
presentía ya lo que Dios reserva a los que le aman... y viendo estas
recompensas eternas desproporcionadas con los sacrificios de esta vida quería
amarle con pasión, darle mil muestras de ternura mientras aún podía hacerlo”.
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Yo
soy sólo una niña impotente y débil; sin embargo mi misma debilidad me da la
audacia de ofrecerme como víctima de vuestro amor. Antiguamente sólo las
hostias puras y sin tacha eran aceptadas por el Dios fuerte y poderoso; para
satisfacer a |
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Se
llama caminito porque prescinde de los caminos extraordinarios, y demuestra
el estado de infancia ante Dios y porque es corto en cuanto renuncia a
distancias que se pueden medir. No es caminito porque es el que recorren las
personas imperfectas. La misión de santa Teresa del Niño Jesús será enseñar
su caminito: “Presiento que voy a entrar en el descanso, pero sobre todo
presiento que mi misión va a comenzar: la misión de hacer amar a Dios como yo
le amo, de entregar mi caminito a las almas”. El caminito de Teresa es el
primer mandamiento cumplido con toda verdad. Tras la anestesia puedes cortar
lo que quieras. El amor de Dios adormece los apetitos. Ella nos cuenta que
cuando ve a su Dios mendigo de amor no lo puede resistir. El crucifijo del
patio le mendiga sacrificios. Pero su amor es tan delicado que quiere ser
“imitación de la humilde violeta, que derrama su aroma sin que las criaturas
sepan de dónde viene el perfume. Lo ha aprendido en su Maestro y
consanguíneo, San Juan de |
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El
Papa Pablo VI, dirigió una carta al obispo de Bayeux
- Lisieux, con motivo del Centenario del nacimiento de santa Teresa, en la
que manifestó que el mensaje de |
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Su
vida se desliza uniforme casi monótona, por claustros, celdas y oficinas. Por
la mañana trabaja en la ropería; barre la escalera y el dormitorio. Por la
tarde sale a arrancar hierbas en la huerta. Otra temporada se encarga del
comedor: prepara el pan, sirve el agua, distribuye la cerveza entre las
hermanas. La nombraron sacristana y con gozo manejaba los vasos sagrados. A
veces pinta o escribe poesías. Nada extraordinario. Dada su debilidad de
enferma no puede seguir todos los actos de comunidad ni practicar las
penitencias de |
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Una
noche al salir del coro para ir a la celda se encuentra sor Teresa con que su
linterna no está en el anaquel. Alguien se la llevó equivocadamente. Si no la
reclama tendrá que estar en la celda a oscuras una hora. Y sin poder
trabajar, hoy precisamente que tenía mucho trabajo. Teresa calla. Se va a
oscuras a la celda, y a oscuras se pasa una hora, ofreciendo gustosa aquella
privación que ocasiona la pobreza. ¿Veis por qué he dicho antes que Papa Pablo
VI señaló con dedo certero las necesidades de nuestro tiempo? Cualquier joven
de hoy creerá que así no se realiza, que es hora de protestar y de contestar.
La contestación tan en moda, no entra en el camino sencillo, pero arduo, de
la infancia espiritual. Durante
la oración de comunidad en el coro, al lado de Teresa una hermana hace ruido
molesto y persistente moviendo su rosario grande. Teresa, que tiene un oído
finísimo, afinado aún más por su enfermedad, se siente muy molesta. Ha
sentido muchas veces el impulso de volver la cabeza para llamar la atención a
la hermana del ruido, pero se ha dominado pensando que sufrir aquello por
amor de Dios y del prójimo, es mejor que gozar de un místico recogimiento y
se vence, aunque la violencia que tiene que hacerse le hace sudar
copiosamente. Y en vez de taparse los oídos, los aplica al ruido desagradable
con el mismo interés que si escucharía un concierto delicioso. Frente
a sor Teresa, que lava ropa, una hermana le salpica la cara con agua sucia de
pañuelos. Siente el impulso de alejarse limpiándose la cara, como una manera
de advertir a la hermanita su faena. Pero, no; aquellas gotas que son de agua
sucia para el cuerpo, pueden convertirse en perlas para el alma, Teresa
aguanta con rostro sereno, y hasta con espíritu gozoso, mientras el natural
siente la repulsa de aquella rociada desagradable. Algunos se resignan con
pasividad; otros se encierran en su egoísmo o en el goce inmediato; otros se
endurecen o se rebelan; otros, se desesperan. A unos y a otros Teresa del
Niño Jesús y de |
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Santa
Teresa del Niño Jesús sembró amor y cosechó amor. Amor hace falta ya, ahora
mismo. Cuando Pablo VI en la apertura de la cuarta y última sesión del
Concilio dijo: “éste ha sido un grande y triple acto de caridad hacia Dios, |
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El
Pontífice Juan Pablo II declaró el 19 de octubre de1997 a Santa Teresa del Niño
Jesús, Doctora de |
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A
partir del siglo IV brillan los llamados doctores de |
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Su
obra escrita de su doctrina, es modesta: sólo tres manuscritos
autobiográficos, dos, escritos por mandato de dos prioras, y uno en forma de
carta a una hermana; 274 cartas escritas a diversas personas a lo largo de
sus nueve años de vida monástica; un volumen de poesías religiosas, género
literario usado también por Juan de |
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Por
inverosímil que parezca, |
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Numerosos
teólogos se han dejado ya «iluminar» por Teresa. El Cardenal Urs von Balthasar,
ya en 1957 publicó su obra “Teresa de Lisieux. Historia de una misión”,
editada en castellano por Herder. El ha demostrado
que Teresa ha fecundado y rejuvenecido la teología, y en su última gran obra,
“Teología”, cita a santa Teresa de Lisieux junto a santa Catalina de Sena,
para ilustrar cómo “el Espíritu Santo se manifiesta en cada uno según las
necesidades» de |
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Uno
de los que han gozado su influencia es el Papa Juan Pablo II. Surgen también
testigos de la presencia de Teresa entre los ortodoxos, los protestantes, e
incluso entre los musulmanes. Su alcance ecuménico y religioso universal, es
evidente. Ella está extendiendo su «doctrinita» hasta los confines de la
tierra. Juan Pablo II manifestó en Lisieux que el carisma de Teresa es a la
vez «la confirmación y la renovación de la verdad más fundamental y más
universal» de |
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La
doctrina de Teresa es inseparable de su vida, pues su “doctrinita” brotó de
los acontecimientos de su corta existencia. No escribió ningún tratado
sistemático. El camino de la infancia espiritual, hunde sus raíces en el
Evangelio. Su único «Director» es Jesús. Aunque san Juan de |
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Ya
he dicho que sus páginas, auténtico «best-seller» mundial, no han sido
escritas con afanes literarios. Ella lo dijo: “no escribo para hacer una obra
literaria, sino por obediencia”. Exactamente lo mismo ocurrió a su Madre,
Santa Teresa. Los Manuscritos autobiográficos sólo son unos «cuadernos de
obediencia». Las Poesías, la mayoría de las veces, se las encargaban las
carmelitas, y el “Teatro” va rimando las fiestas comunitarias para recreación
de las hermanas. Escribió muchas veces sus cartas de prisa. Pero, de esos
borradores de ortografía vacilante, y que no estaban destinados a la publicación,
surge una doctrina coherente y de una transparente sencillez que desafía el
análisis de los teólogos. La experiencia demuestra que muchos no asimilarán
su lenguaje, que es el del mundo religioso de finales del siglo XIX. Pero a
las nuevas generaciones, ávidas de autenticidad, ese lenguaje les brinda la
exigencia de un Amor único, el de Jesús, acrisolado en el fuego de la prueba
de la fe y de la esperanza. |
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En
1965, Daniel Rops concluía su Histoire
de Eglise du Christ dedicándole cincuenta páginas, pues la veía como
un símbolo universal. Después del Concilio Vaticano II, nos hemos percatado
de que las intuiciones de Teresa, adelantándose mucho a su tiempo, estaban
muy próximas a los temas mayores del concilio. Pues ella está presente en las
grandes corrientes espirituales de este siglo y ha inspirado a numerosos
santos y beatos de los tiempos modernos. De Benedicto XV a Juan Pablo II,
todos los papas han sido, en mayor o en menor medida, teresianos: el conjunto
de sus declaraciones es una mina fecunda. Juan Pablo II, primer papa que
peregrinó a Lisieux, el 2 de junio de 1980, dijo en la homilía: «De Teresa,
podemos decir, convencidos, que el Espíritu de Dios permitió a su corazón
revelar directamente a los hombres de este tiempo el misterio fundamental, la
realidad del Evangelio: el hecho de que hemos recibido realmente un espíritu
de hijos adoptivos que nos hace exclamar “¡Abba! ¡Padre!”. El caminito es el
camino de la “santa infancia”». En la visita ad limina
apostolorum de los obispos del oeste de Francia, el
14 de febrero de 1992, el mismo Papa declaraba: «La santa patrona de las
misiones es de vuestra misma región. Desde Lisieux, Teresa del Niño Jesús y
de |
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