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10 DE OCTUBRE |
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REFLEXION DESDE DE |
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SANTO TOMAS DE VILLANUEVA |
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Le
llamaban "el divino Tomás", Era un inmenso predicador, que había nacido
en Fuenllana (Ciudad Real) en 1486, de padres caritativos, de los que heredó
su amor por los pobres: “Madre, le dijo Tomás, ya podéis dejar pan abundante
en la panera; pues si no tenéis cuidado, pronto no habrá una sola gallina en
el gallinero”. Vivió sus primeros años en Villanueva de los Infantes, de
donde recibirá el “nombre”. A los quince años, fue enviado a estudiar a |
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En
Salamanca viste el hábito de El
emperador Carlos V le había ofrecido el nombramiento de arzobispo de Granada
pero él no lo aceptó. Un día el emperador le dijo a su secretario: Escriba:
"Arzobispo de Valencia, será el Padre...", y le dictó el nombre de
otro sacerdote. Cuando fue a firmar el decreto leyó que el secretario había
escrito: "Arzobispo de Valencia, Tomás de Villanueva". "¡Pero
este no fue el que yo le dicté!", dijo el emperador. "Perdone,
señor" – le respondió el secretario. "Me pareció haberle oído ese
nombre. Pero lo borraré". "No, no lo borre, dijo Carlos V, el otro
era el que yo pensaba elegir, pero éste es el que Dios quiere que sea
elegido". Y mandó que lo llamaran para darle noticia del nombramiento.
Tomás se negó a obedecer al emperador. Sólo aceptó tan alto cargo cuando su superior
se lo mandó bajo obediencia. |
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ENTRADA EN VALENCIA Llegó
a Valencia de noche mientras caía un fortísimo aguacero, acompañado solamente
por un religioso. Pidió que lo hospedaran por caridad en el convento de los
Padres Agustinos, diciendo que le bastaba una estera en el suelo para dormir.
Antes de tomar posesión del arzobispado hizo seis días de retiro, oración y
penitencia en el convento. Los sacerdotes de la ciudad le obsequiaron con
4000 monedas de plata que entregó al hospital diciendo: "los pobres
necesitan esto más que yo. ¿Qué lujos y comodidades puede necesitar un
sencillo fraile y religioso como soy yo?". Lo criticaban porque usaba
una sotana muy vieja y desteñida, y él respondía: "Lo importante no es
una sepultura. Lo importante es embellecer el alma que nunca se va a
morir". Le costó mucho al clero catedralicio que aceptara un sombrero de
seda, pero a él le parecía que los pobres se lo reclamaban. Y muchas veces
enseñaba el sombrero con sonrisa de burla, diciendo:”Aquí tenéis mí dignidad
episcopal. Mis señores, los canónigos, han creído que no podía ser obispo sin
esto”. |
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Valencia,
vivía unas condiciones espirituales deplorables, después de un siglo sin un
Obispo residente, con muchos clérigos en situación irregular y atenazada por
la agitación morisca. Tomás busca la re-cristianización de la diócesis. Para
ello funda el colegio-seminario de |
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PREDICADOR FORMIDABLE El
emperador Carlos V al oírle predicar exclamaba: "Este obispo conmueve
hasta las piedras". Y cuando estaba en la ciudad, nunca faltaba a sus
sermones. Su predicación producía cambios impresionantes en los oyentes, y
aun hoy día conmueven a quienes los leen. La gente decía que Tomás de
Villanueva era como un nuevo apóstol San Pablo. Fue el “predicador” más
grande de su tiempo, pero su fuerza más que en la palabra, la ejercía con el
ejemplo de su vida, que es lo que definitivamente convencía. Contemporáneo
suyo será Fray Juan de Sahagún en Salamanca. Los dos impresionantes
predicadores, éste más gracioso, hasta quizá pasarse, Tomás más serio, como
fiel cumplidor de las normas dadas a los predicadores por Fray Luís de
Granada: “Nada digan de lo que puedan con razón ofenderse los oyentes; nada
digan con insolencia, nada con arrogancia, nada con descaro, nada con
desvergüenza, nada injurioso, nada soez, nada chocarreramente, nada bajo,
nada licenciosa, indecente y viciosamente, sino que todo el carácter de la
oración represente modestia, humanidad, caridad, celo y un deseo fervoroso de
la verdadera caridad. |
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SUS ACTIVIDADES COMO ARZOBISPO
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SU ORACION MISTICA Frecuentemente
mientras celebraba |
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Aunque
dedicaba muchas horas a rezar y a meditar, su secretario tenía la orden de
llamarlo cuando alguna persona necesitara consultarle o pedirle algo. A su
palacio arzobispal acudían cada día centenares de pobres a pedir ayuda, y
nadie se iba sin recibir algún regalo o algún dinero. Especial cuidado tenía
el prelado para ayudar a los niños huérfanos. Y las muchachas pobres de la
ciudad, el día de su matrimonio recibía un buen regalo del arzobispo. A
quienes lo criticaban por dar demasiadas ayudas incluso a vagos, les decía:
"mi primer deber es no negar un favor a quien lo necesita, si en mi
poder está el hacerlo. Si abusan de lo que reciben, ellos responderán ante
Dios". A los ricos les insistía continua y fuertemente sobre el deber
tan grave que cada uno tiene de dar limosnas de todo lo que le sobre, en vez
de gastarlo en lujos y cosas inútiles. Decía a la gente: "¿En qué otra
cosa puedes gastar mejor tu dinero que en pagar tus pecados, haciendo
limosna? Si quieres que Dios oiga tus oraciones, tienes que escuchar la
petición de ayuda que te hacen los pobres. Debes anticiparte a repartir
ayudas a los que no se atreven a pedir". Algunos
le decían que debía ser más fuerte y lanzar maldiciones contra los que vivían
amancebados. Él respondía: "Hago todo lo que me es posible por animarlos
a que se pongan en paz con Dios y que no vivan en pecado. Pero nunca quiero
emplear métodos agresivos contra nadie". Si oía hablar de otro
respondía: "Quizás lo que hizo fue malo, pero probablemente sus
intenciones eran buenas". |
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SU MUERTE En septiembre
de 1555 sufrió una angina de pecho e inflamación de la garganta. Mandó
repartir entre los pobres todo el dinero que había en su casa. Hizo que le
celebrara |
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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