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Frente a quienes ayer y aún
hoy se avergüenzan, ignorantes o malvados, de la gran, máxima evangelización
de América, recordamos hoy nosotros aquella hazaña de fe. Si sabemos
interpretar los signos de los tiempos, leeremos que Dios se valió de España
para llevar la fe salvadora a pueblos innumerables, que hoy permanecen fieles
a ella y son la esperanza de la
Iglesia, sobre todo en vocaciones. Así lo ha reconoció el
anterior Pontífice, Juan Pablo II, cuando dijo en su Mensaje al Congreso Mariológico y Mariano celebrado en Huelva del 18 al 27
septiembre de 1992: "Los marinos intrépidos de Palos, de Huelva, de
Moguer, de Lepe, que en el nombre de Dios y de Santa María partieron del
puerto de Palos, fueron protagonistas de aquella gran epopeya que llegaría a
cambiar la configuración del mundo conocido y que, a la vez, abrió espacios
insospechados a la expansión del mensaje cristiano". Y el mismo Papa, en
su viaje de enorme valor testimonial a Santo Domingo, en la República Dominicana,
es decir a la Española,
primera tierra descubierta por Colón, quiso asociar su persona y a la Iglesia, a la
celebración del V Centenario del Descubrimiento y Evangelización de América;
para con su autoridad suprema de Papa, reconocer y enaltecer la gesta
evangelizadora de España.
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LA
CIVILIZACIÓN CRISTIANA
Escribió Garcilaso de la Vega, historiador natural
de Cuzco, Perú, que "ofrecía su historia para que se den gracias a
Nuestro Señor Jesucristo y a la Virgen María, su Madre, por cuyos méritos e
intercesión se dignó Dios sacar del abismo de la idolatría a tantas y tan
grandes naciones y reducirlas al gremio de su Iglesia Católica Romana, la
mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte
del que los crió".
Los que propalaron la sinrazón de que España pidiera perdón a los
americanos por haberles liberado de sus ritos macabros hasta llegar a
sacrificar cada día muchachas para que el sol volviera a nacer al día siguiente,
son los mismos que impiden que hoy nuestros niños y jóvenes crezcan en la
ignorancia del barro que les construye por dentro, el pensamiento y el arte
occidentales, y también el fabuloso legado moral sin el cual serían
incompresibles conquistas como la abolición de la esclavitud o la condena de
la pena de muerte, sin enumerar prolijamente los avances de la civilización
que ha ido acumulando el cristianismo. Privar a un muchacho de la religión es
como despojarlo de su filiación genética. La moral cristiana instituyó la
piedad como regla de conducta, el respeto y el amor al prójimo como pilares
de nuestra convivencia.
¿Es lícito escamotear que Dios se hizo un hombre como nosotros, que
proclamó el bello poema de las bienaventuranzas, que impidió matar a pedradas
a una mujer adúltera y que le pidió agua a una mujer samaritana y le ofreció
a cambio el agua de la eternidad gloriosa con Él? ¿Y junto a esto, la
creación de una nueva cultura que ha inspirado las más eximias excelencias de
nuestros artistas que han trascendido los siglos, y que los hombres de mañana
entren en el museo del Prado o en los otros del mundo como papanatas? ¿Qué entenderán del Greco, de Velázquez, de Zurbarán, de Giotto, del Tintoretto, del
divino Morales y de Rafael, de los grandes genios de la música y de la
arquitectura, de Miguel Ángel, de la poesía, qué de San Juan de la Cruz, qué de Divina
Comedia, de la gran obra civilizadora de la Orden del Císter?... Y como los árboles también
envejecen, también Europa, engendradora de pueblos y patrocinadora del
humanismo, se está convirtiendo a pasos agigantados en un tronco seco y sin
sabia. Con el sentido excepcional de la oportunidad de este viejo Papa joven,
se está celebrando en Roma el Sínodo de los Obispos que quiere afrontar la
pérdida de fe de Europa.
Ante él, el cardenal belga Jan Pieter Schotte ya ha adelantado
que el principal desafío no es un problema político o social sino el
debilitamiento de la fe. Europa sufre un problema de conocimiento de la fe y
de su transmisión. Las familias se sienten impotentes, las escuelas
encuentran dificultades y en las parroquias se nota menor presencia de
fieles. Además, los medios de comunicación crean una cultura no siempre
religiosa. La respuesta al panorama incierto y oscuro es el tema de la asamblea:
"Jesucristo viviente en su Iglesia, fuente de esperanza para
Europa". Y el Cardenal Rouco hace ahora seis
años, el 1 de octubre de 1999, formulaba este dilema fundamental: “O Europa
se convierte al Dios de nuestros padres o se desarraiga de las raíces
espirituales de las que ha germinado el verdadero humanismo europeo. Nuestra
tarea como Iglesia es anunciar con obras y palabras al Dios vivo". Fuera
de Cristo no sabemos qué son Dios, la vida, la fe, ni nosotros mismos.
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LA VIRGEN LA
PRIMERA MISIONERA
Y fue la Virgen
la primera misionera que nos dejó en su Pilar el dedo certero que nos señala
de nuevo: "Haced lo que El os diga". Al celebrar la fiesta de la Virgen del Pilar,
proclamamos que María ha escogido el Pilar para derramar sobre España sus bendiciones.
Allí, los Reyes, los Capitanes, los Héroes, han encontrado la fuerza para
cumplir su misión providencial. "A los tuyos les diste una columna
llameante, guía para un camino desconocido" Sabiduría 18,3. "El
Señor les precedía de día en columna de nube para marcarles el camino, y en
columna de fuego de noche para alumbrarles" Génesis 13,21.
Así dice la historia que la
Virgen los llevó como columna llameante por el camino
desconocido: El siete de octubre, Colón está inquieto ante las dudas y peleas
lógicas de aquellos noventa hombres, después de setenta días de navegación, y
con un problemático retorno. Poco después llegó la calma y se hizo en el
océano una gran bonanza. El día ocho, estaba el mar claro y sosegado y eran
los aires dulces y olorosos, como si fueran del mes de abril sevillano. El
día nueve durante toda la noche los navegantes oyeron volar pájaros. El día
diez vieron pasar grajos y papagayos.
El día once aumentaron los indicios. La noche fue una noche clara de
luna y en el aire y en el agua flotaba un ambiente de calma suave. De
repente, sonó en la Pinta
un tiro de bombarda, y se oyó el grito triunfal y esperado: TIERRA. Lo había
dado Rodrigo de Triana. Eran dos horas después de
la media noche. Y allí hay noventa hombres de pie sobre el puente de las
carabelas con los corazones agitados por violenta emoción. Al amanecer
apareció la lengua blanca de arena del primer suelo americano. En España, las
campanas de los conventos llamaban a Maitines, y todo aquel día 12, la Iglesia de España rezaba
a la Virgen
del Pilar. Era el día del desembarco y del Descubrimiento.
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REZAR EN ESPAÑOL
Cuando un sacerdote, un cristiano llega a América y oye hablar y
rezar en nuestra propia lengua a Dios y a la Virgen, se le acelera el
corazón, se le hace un nudo en la garganta, y sus ojos lloran lágrimas de
asombro, de gratitud, de admiración y de fe. Y cuando en la Basílica de Guadalupe,
todo el día abierta y siempre llena de mexicanos, que más que rezar, hablan
con la Virgen
con un hablar continuo, mezclado de sollozos, gritos, palabras ternísimas
llenas de íntima e ingenua confianza, muchos de ellos caminando de rodillas,
arrastrando los padres a sus pequeños, siente la gratitud y el gozo de ser
español.
Me invitaron a comer unos amigos en Monterrey (México). A mitad de la
comida, un niño de unos diez años, guapísimo, puesto de pie, dijo: "Lo
mejor del mundo es que los españoles hayan venido a evangelizar a América. Me
acordé de las palabras de Jesús el domingo de Ramos a los sacerdotes del
Templo que le pedían que hiciera callar a los niños sus gritos y hosannas:
¿"No habéis leído en la
Escritura que de la boca de los niños has hecho brotar la
alabanza"? (Mt 21,16).
Reunámonos hoy en oración comunitaria y eucarística, como los
Apóstoles con María en el Cenáculo, para dar gracias porque nos ha dado a su
Madre, "que nos protege en su tienda el día del peligro, y nos alza
sobre la roca" Salmo 26. Y aclamemos a María, intacta en su virginidad,
gloriosa en su descendencia y triunfante en su asunción. Que ella sea nuestro
gozo y la causa de nuestra alegría.
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