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DIA: 22 ORACION LIBERANOS DEL TERRORISMO DE ETA El arzobispo de Pamplona condena por ilícito el apoyo Batasuna El respeto y veneración que me merecen las dos grandes figuras de
estos dos buenos pastores que hacen frente al lobo con las armas de la verdad
y la justicia, me motiva a proponer la oración de hoy a Maria para aportar
nuestro granito de arena a esta causa tan importante difundiendo la posición
que Don Fernando Sebastián propone con claridad a sus diocesanos y al mundo,
y a todos nos hará bien su iluminación, que el teólogo Olegario González de Cardedal considera “profundamente iluminadora y
liberadora de muchas conciencias: “No desearía yo más, escribe el teólogo de
Salamanca, que todos los ciudadanos españoles y, especialmente, los
cristianos, leyeran ese texto y procuraran actuar en consecuencia”. DOCUMENTO SUSTANCIAL DEL ARZOBISPO DE PAMPLONA Y TUDELA “Según los vascos separatistas, hay un conflicto
original que consiste en el no reconocimiento de los derechos políticos del
pueblo vasco, perfectamente diferenciado, que ocupa desde siempre un
territorio, injustamente ocupado por el Estado español, y en parte por el
Estado francés, y al que se le niega el derecho de autodeterminarse y
organizarse en un Estado independiente. ¿Es ésta una realidad objetiva
históricamente demostrable, o es más bien una pretensión opinable y
discutible sólo sostenida por una parte de la población vasca? Pudiera
ocurrir que en vez de tratarse de un conflicto verdadero, fuera, «su
conflicto», pero no el conflicto de otros muchos vascos, que viven
perfectamente en España. Casi la mitad de los vascos, y la inmensa mayoría de
los navarros, ven las cosas de otra manera y no tienen dificultad para
compaginar su identidad vasca o Navarra con su ciudadanía española. El victimismo es una forma de justificar el terrorismo y
es una técnica psicológica para
justificar y hacer moralmente tolerables los crímenes de ETA. No se pueda
afirmar que, en la España actual, los vascos padecen discriminaciones
jurídicas que justifiquen la insurrección armada y mucho menos los asesinatos
indiscriminados y alevosos que ETA comete para imponer su voluntad contra el
sentir de la mayoría de los ciudadanos. »Este procedimiento es
intrínsecamente perverso y gravemente inmoral. Es incompatible con la
conciencia cristiana la ejecución de los atentados, y cualquier colaboración
que apoye la existencia y las actividades de ETA. No es lícito apoyar de
ninguna manera a aquellas instituciones que no condenan expresamente los
atentados de ETA. ¿Autodeterminación? Ante la exigencia del derecho a la autodeterminación, hay que hacer
una serie de observaciones que debilitan y anulan la legitimidad de esa
reivindicación. No hay un pueblo vasco que ocupe un territorio definido. Los
vascos están presentes en todo el territorio español y en lo que se llama
País Vasco. Hay, y ha habido, desde hace siglos muchas personas no vascas,
viviendo en paz y armonía con los vascos. Esa unidad ahora invocada como Euskal Herria no ha sido nunca
una unidad política independiente, ni puede considerarse un país ocupado por
otro, puesto que ha participado, como cualquier otro, en la historia general
de los pueblos de España. Los vascos tienen los mismos derechos civiles que los demás
ciudadanos españoles y pueden desarrollar y garantizar libremente las notas y
peculiaridades de su historia y de su cultura como cualquier otro grupo
cultural, lingüístico y político integrado en el Estado español. El
ordenamiento político vigente en España admite la reivindicación democrática
y pacífica de cualquier opinión y proyecto político dispuesto a respetar los
derechos humanos y las libertades y derechos políticos de los demás
ciudadanos. Los vascos no están sometidos a ninguna injusticia ni padecen una
restricción de sus derechos y libertades políticas que justifique la
insurrección ni la lucha armada. Por lo cual los católicos vascos y la gente
de buena voluntad tiene la obligación moral de
desligarse de ETA y oponerse a ella. Las actuaciones y la misma naturaleza de
ETA son absolutamente inmorales. En consecuencia, no es lícito apoyar en
cualquier forma las instituciones que colaboran con ETA, que aceptan su
dirección, o no se desligan públicamente de ella mediante la condena
explícita de sus crímenes y extorsiones. Junto a este nacionalismo radical, más o menos contaminado por la
violencia y por sus relaciones con ETA, existe también un nacionalismo vasco
que quiere mantenerse en el marco de la moral objetiva y de las instituciones
y procedimientos democráticos. El PNV existe desde mucho antes de la
aparición de ETA. Y su trayectoria ha sido democrática, aunque haya estado
fuertemente condicionada por sus pretensiones independentistas. El nacionalismo democrático Una opción política nacionalista puede ser legítima y compatible con
una conciencia cristiana. Ser nacionalista no es lo mismo que ser
independentista. Puede haber un nacionalismo que pretenda defender y
desarrollar los elementos específicos de un pueblo, con su historia, su
lengua y su cultura, dentro de un Estado plurinacional. Hoy está admitido que
el viejo principio romántico de un Estado no es aplicable y que su
reivindicación cerrada y cerril es una fuente interminable de conflictos. Lo que en política es teóricamente posible, para que sea legítimo en
la práctica, ha de manifestarse como un medio de conseguir un bien mayor para
la mayoría de El nacionalismo democrático se encuentra en la obligación moral de
formar un frente común con las demás instituciones democráticas del Estado
para luchar eficazmente contra ETA. No se trata sólo de una obligación
democrática, sino de una obligación moral, de una exigencia fundamental de la
moral política más elemental. Quiérase o no, la coincidencia con la presencia
y los fines de ETA contamina las actividades de cualquier otra organización
nacionalistas, a no ser que exista al mismo tiempo una clara negación de
cualquier coincidencia con ETA y una decidida colaboración con todas las
instituciones del Estado para procurar eficazmente la derrota y la
desaparición de ETA. Luchar contra el terrorismo Si el nacionalismo vasco quiere actuar moralmente, en las
circunstancias actuales, tiene que unirse con las instituciones democráticas
del Estado en una lucha decidida y eficaz contra el terrorismo. El punto clave en la sociedad vasca es que los ciudadanos están
divididos en sus preferencias políticas al 50 por ciento: un poco más de la
mitad son nacionalistas, quizá no todos independentistas, y casi una mitad
prefiere seguir viviendo como ciudadanos españoles y vascos a La Constitución española, el Estatuto vasco y el Amejoramiento del
Fuero en Navarra, son los instrumentos legales que garantizan la convivencia
en paz y en libertad. La única postura responsable y realista es la que se
apoya en el reconocimiento de esta situación legal y política, para pretender
mejorar estos ordenamientos por los procedimientos legales previstos. Es
preciso reconocer serenamente la existencia de un problema político en el País
Vasco. Por eso no es exacto decir que el único problema del País Vasco es
ETA. Existe el problema de que un tanto por ciento importante en el País
Vasco no quieren ser españoles, no ven compatible su identidad vasca con la
ciudadanía española. LA IDOLATRIA La Iglesia tiene que denunciar y condenar Cuando el ser de «aquí» o de «fuera» es razón suficiente para
respetar o no respetar los derechos de una persona, estamos fuera de la
democracia, de la moral y de la civilización cristiana; estamos cerrando el
camino a cualquier proyecto civilizado y realista de convivencia justa y
democrática. A los nacionalistas democráticos, sean independentistas o no, hay que
decirles que no se pueden desconocer los vínculos y responsabilidades comunes
con las demás instituciones democráticas, en contra de la violencia y de los
radicalismos. Valorar más las coincidencias con los terroristas que las
coincidencias morales y democráticas con quienes respetan los derechos
humanos y son víctimas de los ataques terroristas es una forma encubierta de
caer en la idolatría de los de «aquí», es aceptar el juego del racismo y
favorecer indirectamente el triunfo de las posiciones radicales y violentas.
Pretender aprovechar la existencia del terrorismo para ganar bazas políticas
o alcanzar algunos grados de soberanismo, sería una forma sutil de hacerse
solidarios y dependientes de los violentos. A los partidos y a las instituciones constitucionalistas, la Iglesia
debe decirles que es cierto que hay que garantizar eficazmente los derechos
fundamentales de los ciudadanos y es cierto que esto requiere la derrota
policial de ETA. Pero también es cierto que la paz y la justicia no llegarán
del todo mientras no haya una voluntad política eficaz de encontrar una
respuesta razonable a las pretensiones más o menos independentistas de la
mitad nacionalista. Ellos no pueden imponer sus ideas a los demás. Pero
tampoco sería justo no tenerlas en cuenta de ninguna manera. Esta es la
dificultad real, la verdadera cuestión política. EL AUXILIO DE MARIA A la Madre de todos los pueblos y Madre de la Iglesia, presentamos
hoy este problema secular y vital para el pueblo español, e invocamos a JESUS MARTI BALLESTER |