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DIA: 9
ORACION
DUDAS DE SAN JOSE
¿Qué noche tan oscura tuvo que atravesar San José. María quería
revelarle el secreto. Pero no se atrevió. ¿Cómo se
lo decía. A punto de repudiarla. Se le rompía el corazón. Cada día aparecía
más evidente. Se le habían echado 20 años encima. ¡Pobre José! Dios lo
arreglará. Tiene que sufrir. María le veía ojeroso, sufriendo. No podía
dormir y en un momento el ángel le quitó todo el peso que le atormentaba. No
temas, es del Espíritu Santo.
José llegó a casa y llamó a María. La abrazó. Después
puso su mano en su seno e inclinó la cabeza. En aquel momento parecía que el tiempo
se había parado y que los dos, José y yo, eran uno en el rayo de sol que
entraba por la ventana.
La paz que sintió María en aquel momento era como una gran
extensión de inefable silencio. No existía ni el pasado ni el futuro. Sólo el
instante eterno. El viento jugaba con las hojas de la vieja parra. Un niño
lloraba a lo lejos. José se levantó y me dio un beso. Lo peor ha pasado,
pensé. Él ha creído lo increíble, se ha lanzado al abismo en un acto de fe,
ha entrevisto. Pero la fe no es la visión. Muchos días se le va hacer cuesta
arriba, es un hombre, y el día a día muy a ras de tierra. Se fue a dar de
comer al asno y a sacar agua del pozo. Yo puse habichuelas a remojar y a
seguir barriendo, mientras le susurraba a mi niño: Chiquitín. ¡Cómo lo
revolucionas todo! ¿Es que vas a poner el mundo del revés? Aquella noche,
aunque para José nunca dejara de ser noche, nos había unido a los tres para
siempre.
El Señor viene a redimir y sin sangre no hay remisión, proclama San
Pablo. Necesita víctimas y comienza por sus padres. Han sufrido el martirio
de la duda, de la separación, y se quieren, como una ofrenda de perfume
agradable a los ojos del Padre. Te pedimos, Madre, capacidad de sufrir, de
padecer practicando las virtudes del esfuerzo cristiano, sin el cual, nada
crece. Reina de los mártires, ruega por nosotros. Amen
JESUS MARTI BALLESTER
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