IV DOMINGO PASCUA CICLO B

YO SOY EL BUEN PASTOR

 

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1. Sólo Jesús podía decir "Yo soy", como Yahvé ante el fulgor de la zarza en la teofanía del Sinaí: “Yo soy", a Moisés, tantas veces repetida. Con ella nos entrega la definición de lo más profundo e íntimo de su ser: «Yo soy el pan de vida» (6,35.48); «Yo soy la luz del mundo» (8,12); «Yo soy la puerta» (10,7.9); «Yo soy el buen pastor» (10,11.14); «Yo soy el camino» (14,6); «Yo soy la vid». Jesús convierte el pan, la luz, la puerta, el pastor, el camino y la vid, en signo y sacramento del sublime misterio de su ser divino y humano, que alcanza la más alta cumbre cuando proclama: «Yo soy la resurrección y la vida» (11,25). La alegoría del buen pastor resume todo el misterio pascual. Cinco veces se repite en el texto de hoy la expresión «dar la vida», en contraste con el asalariado.

Transido de amor y no correspondido por su pastora, lo vio San Juan de la Cruz en delicada miniatura de su PASTORCICO:

 

Un pastorcico solo está penado
ajeno de placer y de contento
y en su pastora puesto el pensamiento
y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado
que no le pena verse así afligido
aunque en el corazón está herido
mas llora por pensar que está olvidado.

Que sólo de pensar que está olvidado
de su bella pastora, con gran pena,
se deja maltratar en tierra ajena
el pecho del amor muy lastimado!

Y dice el pastorcito: ¡Ay desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia
y el pecho por su amor muy lastimado!

Y a cabo de un gran rato se a encumbrado
sobre un árbol do abrió sus brazos bellos
y muerto se ha quedado asido de ellos
el pecho del amor muy lastimado.

 

2. Aunque la imagen del buen pastor se entiende generalmente en sentido lírico y bucólico, recogido de la tradición literaria de San Juan, la verdad es que está situada en un dramático enfrentamiento de los judíos contra Jesús, a quien llaman loco y endemoniado y pretenden apedrearlo. Jesús adopta una postura firme y valiente y los denuncia como asalariados a porque nada les importan las ovejas y sólo su interés. Ellos son los representantes de aquellos falsos pastores y gobernantes de Israel, recriminados por el profeta Ezequiel por engordarse a sí mismos y no cuidarse del pueblo: «Mi rebaño anda disperso por toda la superficie de la tierra, sin que nadie se ocupe de él ni salga en su busca» (Ez 34,6). Jesús se inspiró en esta página profética para verse y proclamarse como buen pastor, no sólo de su pueblo, sino de toda la tierra: «Tengo otras ovejas que no son de este redil».

 

3. Jesús muestra así, una vez más, su programa universal y ecuménico. Así lo entendió y proclamó Pedro con valentía ante el Sanedrín de Jerusalén: «Ningún otro puede salvar y, bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos» Hechos 4,12. Aunque le amenazaron para que no hablara más de él, su palabra fue la semilla de innumerables testimonios que, a lo largo de la historia, han proclamado que Jesús es el único y universal salvador. Un sucesor de Pedro, Juan Pablo II, lo proclamó ante el mundo de hoy en su encíclica «Redemptoris Missio». En ella afirma que Cristo es el único Salvador: «Con pleno respeto de todas las creencias y sensibilidades, debemos afirmar con sencillez nuestra fe en Cristo único Salvador del hombre. El número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente. El reino de Dios no es un concepto, una doctrina o un programa sujeto a libre elaboración, sino que, ante todo, es una persona que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret. La salvación debe ser puesta a disposición de todos. La tarea de anunciar a Jesucristo a todos los pueblos se presenta inmensa, desproporcionada a las fuerzas humanas de la Iglesia. Las dificultades internas y externas no deben hacernos pesimistas o inactivos. Siento el imperioso deber de repetir este grito de san Pablo: ¡Ay de mí si no anunciare el evangelio!. La actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia. La cooperación se manifiesta en promover vocaciones misioneras. La promoción de estas vocaciones es el corazón de la cooperación. La misión se hace con hombres y mujeres consagrados de por vida a la obra del evangelio» (Juan Pablo II).

 

4. Está claro que en la alegoría del pastor y las ovejas Jesús se dirige a los fariseos. Ellos son los falsos pastores, los ladrones y bandidos, que tenían una relación despiadada con su pueblo, basada en la interpretación minuciosa de la Ley que, en vez de liberarlo, lo aplastaba. Buscaban su propia ventaja e interés, no el interés del pueblo. Jesús, por el contrario, es el verdadero Pastor. El Buen Pastor. El único Pastor que nos puede salvar. "Yo soy el buen Pastor". El adjetivo griego `kalós' `hermoso' encierra una idea de bondad, nobleza, perfección. El tema del pastor y de las ovejas tiene sus raíces profundas en el Antiguo Testamento, y Jesús lo empleó en varias ocasiones. La expresión "el buen Pastor", no indica el buen pastor por oposición al malo, ni el verdadero pastor por oposición al falso, sino el "auténtico", "el que realiza plenamente tal nombre", el pastor por excelencia que cumple las esperanzas y promesas de los Profetas. Declarándose como el buen Pastor, Jesús se presenta como el Personaje mesiánico; e incluso se apropia la prerrogativa del mismo Yahvéh.

 

5. Además, Jesús anuncia su muerte voluntaria en favor de sus ovejas, porque son suyas y tiene interés por ellas, que demuestra derramando su sangre. Esta actitud de amor cobra realce comparada con la conducta del mercenario que, cuando ve venir el lobo, deja las ovejas y huye, y el lobo las arrebata y dispersa."Yo soy el buen Pastor, y conozco a las mías y las mías me conocen como me conoce el Padre y yo conozco al Padre. Y doy mi vida por las ovejas". En este importante texto se establece la naturaleza del conocimiento recíproco, lleno de confianza y de amor, que existe entre Jesús y sus ovejas. Este conocimiento amoroso mutuo entre Jesús y los suyos es como la participación o redundancia del conocimiento amoroso que existe entre el Padre y el Hijo. Esta comunión de conocimiento entre el Padre y el Hijo, y entre el Hijo y los creyentes, y entre los creyentes y el Padre, supone una "comunión de vida", de la que había hablado Jesús en el discurso eucarístico: (Jn 6,57).

 

6. Conoce a todas y a cada una. En sentido bíblico, este conocimiento es amoroso. Santo Tomás, siguiendo a San Agustín, dice que conocer por el nombre denota familiaridad y predestinación. Conocemos por su nombre a los amigos y familiares. Nos conoce por el nombre porque conoce la naturaleza y el ser de cada uno, de las cualidades con que nos ha enriquecido y lo minucioso de nuestra psicología: de lo que Dios quiso que fuéramos, de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. Denota predestinación: Dios no crea a los hombres en serie, sino uno a uno; cada uno es irrepetible. No hay dos iguales, ni en lo físico, ni en lo moral, ni en las circunstancias de la vida, ni en la vocación. Familiaridad, cariño, cuidado, atención, aunque nos lleve por cañadas de tiniebla. Aunque no lo comprendamos. Su amor no es dulzón ni romántico, sino fuerte y que busca nuestro bien supremo. Amor que siempre en busca de nuestro amor, que no necesita de nosotros más que nuestro amor, porque quiere engrandecernos, que seamos más que nosotros mismos, que nos identifiquemos con él, que sólo se consigue con el amor, porque sólo el amor es capaz de igualarnos con él, porque sólo el amor encuentra iguales o los hace. Sumergidos en el misterio, dejemos nuestro cuidado en sus manos.

 

7. Dios Padre providente está cerca de los hombres en todo el curso de su vida. Y "rige y apacienta acomodándose a la necesidad de cada uno, pues el mejor gobernante no es el menos flexible", dice Fray Luís de León, citando a Platón. "El nos llama y nos corrige, y nos lava y nos sana y nos santifica y nos deleita y nos viste de gloria. El administra lo que a su grey conviene; que él la apasta y abreva y la trasquila y la castiga y la reposa y la recrea y hace música y la ampara y defiende". "Su gobierno es maternal más que paternal" (Vaticano II).

 

8. Pero Jesús, el Pastor bueno, no solamente "conoce" a sus ovejas,  sino que por ellas "también da su vida". Esto manifestará que su amor por ellas llega "hasta el fin, hasta el extremo".

 

9. Pedro, con toda claridad ha proclamado Pedro ante Anás, Caifás, Juan, Alejandro y ante cuantos eran del linaje de los sumos sacerdotes, que le piden cuentas por la curación del paralítico. "No tengo plata ni oro; te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, anda... de un salto se puso en pie. Esto no lo he hecho yo. Lo he hecho en nombre de Jesucristo, el Nazareno, a quien vosotros crucificasteis, y Dios resucitó de entre los muertos "Hechos 4,8. Es la profesión del primer credo de la Iglesia: Creo en Jesucristo crucificado, resucitado y actuante en el mundo. El es la piedra que despreciasteis y que se ha convertido en piedra angular, y nadie puede salvarnos sino sólo El.

 

10. El hombre, todos los hombres, son impotentes para resolver sus problemas más esenciales: el hambre, el desarrollo, el cáncer, el sida, la guerra, la muerte, la pandemia, la paz y la comprensión y convivencia pacífica entre los distintos pueblos, razas y naciones humanas. Sólo aceptando vivir según Jesucristo avanzaríamos en la solución de los más graves y grandes problemas y en el humanismo progresista y enriquecedor.

 

11. "El es el Buen Pastor. El que defiende del lobo a las ovejas" Juan 10,11. Cuando el filisteo desafió a Israel, todo el pueblo se atemorizó. El joven David se presentó ante Saúl y se ofreció para enfrentarse a Goliat. Saúl consideró altivo y con risotadas, desproporcionada la propuesta de David porque era un jovencito, y Goliat un hombre de guerra gigante. Pero David insiste y le relata a Saúl su "curriculum": "Cuando yo apacentaba las ovejas de mi padre y venía un león o un oso y se llevaba una oveja del rebaño, yo lo perseguía y lo golpeaba y se la arrancaba de su boca. Si venía contra mí, le agarraba por la melena del mentón, le golpeaba y le mataba. Tu siervo ha matado al león y al oso..."(1 Sam 17,34).

 

12. El asalariado ve venir al lobo y huye, y el lobo hace estragos en la presa. Como David, Jesús hace frente al lobo y no deja que devore las ovejas, porque no quiere que mueran con la muerte eterna, sino que vivan con la vida del Padre. "He venido para que tengan vida y vida abundante" (Jn 10,10). Todas las ovejas; no sólo vosotros, sino todas las que no son aún de mi redil. Las tengo que traer y oirán mi voz. El deseo de Jesús es que sus ovejas, nosotros, vivamos una vida sana, vigorosa, pujante, y no enfermiza, raquítica o anémica. Plenamente realizada en todas sus posibilidades: Vida celestial y eterna en su hogar.

 

13. Para eso, "cargado con nuestros pecados subió al leño para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados, pero ahora habéis vuelto al Pastor y guardián de vuestras vidas" (1 Pe 2,24). "Y ese es el amor con que nos ha amado el Padre. Llamarnos para ser hijos de Dios" 1 Juan 3,1. Divina Misericordia de Dios que te has abajado a nuestra miseria.

 

14. "Demos gracias al Señor porque es bueno, y refugiémonos en él, que es mejor que refugiarse en los hombres y confiar en ellos, y en los jefes. Y bendigamos al que viene en el nombre del Señor" Salmo 117, que es el mismo Jesús, Buen Pastor.  Los hombres y los jefes pueden ser amigos nuestros y tener la voluntad de promocionar nuestro crecimiento y entonces serán signos del buen Pastor que se visibiliza en su ayuda y protección; pero otras, no pocas, por desidia o no buena voluntad, o por desconocimiento profundo o información descuidada o malintencionada, o por una impresión ligera, pueden convertirse en indiferentes o en enemigos abiertos; ese es el momento de ejercitar la fe ¡y qué fe!, para ver por arriba la caricia del Buen Pastor. Al cardenal Wiszynsky, Primado de Polonia, le preguntaron por Woytyla, unos años antes de que Woytyla fuera elegido Papa, y respondió: “Es un poeta”. Cuando le conoció más fue el que le decidió a aceptar la elección de los Cardenales.

 

15."Tengo otras ovejas que no son de este aprisco; a ésas también es preciso que yo las guíe, y oirán mí voz; y se hará un solo rebaño un solo pastor". Esta palabra de Jesús anuncia el universalismo de su misión y la evangelización de los gentiles. La salvación se ofrece a la humanidad entera; todos los hombres son propiedad de Jesús.

 

16. "Por eso el Padre me ama, porque Yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, si no que Yo la doy por mí mismo. Tengo poder para darla y tengo poder para tomarla de nuevo. Este mandato recibí de mi Padre". Jesús entrega su vida para tomarla de nuevo. Esa entrega es voluntaria y soberanamente libre: nadie se la quita, él la da por sí mismo. Más aún, Jesús tiene poder de entregarla y tomarla nuevamente, obedeciendo a un mandato recibido del Padre. El cumplimiento de esa orden hace brotar en el Padre amor hacia Jesús: "Por eso el Padre me ama, porque entrego mi vida, para volverla a tomar". Maravillosa armonía entre la obediencia a una orden que es necesario cumplir y la libertad plena que permanece sin ser vulnerada. Estos versículos son una clara alusión a la muerte y resurrección de Jesús; ambas constituyen un único mandato divino y consiguientemente una misma necesidad divina; entre todas las obras que el Padre le ha encomendado, éstas serán "la obra por excelencia". En el pensamiento de Juan la pasión, la muerte, la resurrección, la ascensión y la donación del Espíritu constituyen la grande obra salvífica de Jesús. "La resurrección es la inevitable consecuencia de la obediencia de Jesús y la salvación humana depende de la resurrección de Jesús, sólo porque ella responde a su obediencia", anota Hoskyns. La resurrección es presentada como una acción de Jesús mismo, como un acto de obediencia al Padre. El resto del Nuevo Testamento, habla de la resurrección de Jesús como de una obra realizada por Dios: (Jn 2,22).

 

17. No nos cansemos de pertenecer a su rebaño. Seamos agradecidos. Adelantémonos a sus deseos, cumpliendo fielmente sus mandatos e insinuaciones, permanezcamos a la escucha, alimentándonos con su Cuerpo y Sangre eucarísticos, que él quiere que comamos para acrecentar su vida en nosotros.

 

Jesús Martí Ballester

jmartib@planalfa.es