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SAN JERÓNIMO, DOCTOR DE
LAS SAGRADAS ESCRITURAS |
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Autor: JESUS MARTI BALLESTER |
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30 DE SEPTIEMBRE |
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LOS
CUATRO PADRES LATINOS Entre los Padres de Occidente, San Jerónimo, San Agustín,
San Ambrosio y San Gregorio Magno, Jerónimo es el «príncipe de los
traductores» de la Biblia y el más ilustre exégeta.
Nace en Estridón, provincia romana de Dalmacia en
el seno de una familia cristiana. Sus padres le enviaron a Roma para que
adquiriera una formación superior, donde tuvo como profesor al célebre
gramático Donato, que le aficionó a Virgilio, Horacio, Quintiliano,
Séneca, y a los historiadores, aunque su verdadero maestro y modelo fue
Cicerón, de quien imitó su estilo elocuente y cincelado. En Roma,
durante los años 359-367, llevó una vida frívola y disipada, que le produjo
turbaciones de conciencia y tentaciones que él combatió con ásperas
penitencias y con su entrega al estudio de UN SUEÑO
ONIRICO Tuvo un sueño, que, cuando se escondió ene
el desierto de Calquis, descubrió a su hija
espiritual, Eustoquio, en una carta sobre POR TEMOR
AL INFIERNO En aquel exilio y prisión a los que, por temor al
infierno, yo me condené voluntariamente, sin más compañía que la de los
escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginé que contemplaba
las danzas de las bailarinas romanas, como si hubiese estado frente a ellas.
Tenía el rostro escuálido por el ayuno y, sin embargo, mi voluntad sentía los
ataques del deseo; en mi cuerpo frío y en mi carne enjuta, que parecía muerta
antes de morir, la pasión estaba viva. A solas con aquel enemigo, me arrojé a
los pies de Jesús, los bañé con mis lágrimas y, al fin, pude domar mi carne
con los ayunos durante semanas enteras. No me avergüenzo al revelar mis
tentaciones. Con mucha frecuencia velaba del ocaso al alba entre llantos y
golpes en el pecho, hasta que volvía la calma". De esta manera pone Dios
a prueba a sus siervos, de vez en cuando; pero sin duda que la existencia
diaria de San Jerónimo en el desierto, era regular, monótona y tranquila. Con
el fin de contener y prevenir las rebeliones de la carne, agregó a sus
mortificaciones corporales el trabajo del estudio constante y absorbente, con
el que esperaba frenar su imaginación desatada. Se propuso aprender el
hebreo. "Cuando mi alma ardía con los malos pensamientos", dijo en
una carta al monje Rústico, "como último recurso, me hice alumno de un
monje que había sido judío, para que me enseñara el hebreo. Así, de las
reglas de Quintiliano, la florida elocuencia de
Cicerón, y la dulce suavidad de Plinio, pasé a esta
lengua siseante de palabras entrecortadas. ¡Cuánto
trabajo me costó aprenderla y cuántas dificultades tuve que vencer! ¡Cuántas
veces dejé el estudio, desesperado y cuántas lo reanudé! Sólo yo que soporté
la carga puedo ser testigo, yo y también los que vivían junto a mí. Y ahora
doy gracias al Señor que me permite recoger los dulces frutos de la semilla
que sembré durante aquellos amargos estudios". No obstante su tenaz
aprendizaje del hebreo, de tanto en tanto releía a los clásicos paganos. VIDA
AGITADA Volvió, hacia el año POLEMISTA
NATO Las discusiones teológicas entre los monjes, le forzaron a
regresar a Antioquía, donde fue ordenado de presbítero por Paulino, Obispo de
Antioquía. Poco después, hacia el año 382, después de la celebración del II
Concilio Ecuménico (I de Constantinopla, año 381), Paulino, junto con
Jerónimo, se dirigió a Roma. Asistió como observador a los debates del
Concilio; y allí conoció a Gregorio Nacianceno, a quien llamó su «maestro»,
que le abrió la inteligencia de AÑORA
SABER LA BIBLIA Lo que Santa Teresita de Lisieux deseaba siglos más tarde,
para interpretar bien CENACULO
DE MUJERES En Roma San Jerónimo, dirigió espiritualmente a un grupo
de mujeres, de la aristocracia romana, entre ellas las viudas Marcela y
Paula, ésta, madre de HOSTILIDAD
DEL CLERO ROMANO Esta actividad de dirección espiritual de mujeres le valió
críticas de parte del clero romano, llegando, incluso, a la difamación y a DEFENSOR
DE También escribió el «De perpetua virginitate
beatae Mariae», contra Helvidio,
seglar romano, que sostenía que EL
FUNDADOR Al salir de Roma, dos de la mujeres dirigidas por él,
Paula y Eustoquio, se reunieron con él en Reggio Calabria para seguir el
viaje juntos hasta Chipre, en donde se encontraba su amigo Epifanio, y luego
a Antioquía. En esta ciudad encontraron a un antiguo conocido, Paulino, quien
con su cariñosa hospitalidad les retuvo un poco de tiempo. Luego emprendieron una peregrinación por los Santos
Lugares, por la calzada romana hasta Palestina, bordeando el litoral de Siria
y Fenicia. En Alejandría, cuyo Patriarca era el joven Obispo Teófilo, entró
en contacto con Dídimo el Ciego, extraordinariamente erudito y profundo
conocedor de Orígenes, quien le inició en el conocimiento de este gran exégeta y teólogo oriental. Hicieron también un recorrido
por Egipto, para conocer a los heroicos monjes y eremitas del desierto, a los
dos lados del Nilo. Por fin, se instalaron en Belén, donde constituyeron dos
comunidades, masculina y femenina. La construcción definitiva de los
edificios para albergar a las dos comunidades y para una hospedería de peregrinos
se pudo realizar gracias a la ayuda económica de Paula. Esta instalación, en
Belén, favoreció la intensa actividad intelectual de San Jerónimo. En este
tiempo, se dedicó, preferentemente, al Antiguo Testamento. CORRESPONDENCIA
CON SAN AGUSTIN En 397, el joven Obispo africano, Agustín de Hipona,
inició su correspondencia con San Jerónimo, manifestando aquél algunas
reservas a la labor de traductor bíblico de Jerónimo. Estas diferencias de
criterio no impidieron que, posteriormente, unieran sus fuerzas contra la
herejía de Pelagio. EL
TRADUCTOR DE LA BIBLIA La labor más importante de San Jerónimo como traductor de Volvió a corregir el Salterio, teniendo delante el texto
griego hexaplar de Orígenes, trabajo que realizó en
Cesarea, donde se conservaba el texto de Orígenes,
pero fue en Belén en donde lo publicó. Esta versión del Salterio, se llamó «Salterio Galicano»
porque fue recibida en las Galias en la época de
los Reyes Carolingios. El año 390, inició su tarea hercúlea de traducir del
hebreo los libros del Antiguo Testamento. Tradujo los dos libros de Samuel y
los dos de los Reyes y el libro de Tobías del arameo, en un sólo día. Tradujo
los libros de los Profetas, y las partes Deuterocanónicas
del Libro de Daniel. Terminó la traducción del libro de Job los libros de
Esdras y Nehemías, y la traducción directa del Salterio hebraico, aunque este
Salterio nunca fue utilizado por Y los libros 1-2 de Paralipómenos y los Proverbios,
Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. Se empeñó en la traducción del
Pentateuco y los libros de Josué, Jueces, Rut y Ester. El libro de Judit lo
tradujo del arameo, en una noche. Los Deuterocanónicos
de Baruc, Eclesiástico, Sabiduría y 1-2 Macabeos no los tradujo, porque no
estaban incluidos en el canon hebreo. Se puede afirmar, por tanto, que San
Jerónimo es el traductor del texto de En un primer momento, Jerónimo revisó los cuatro
evangelios y, al parecer, los otros libros del Nuevo Testamento, con el deseo
de cambiar lo menos posible de la versión latina tradicional; después revisó
también los salmos. Luego, cuando llegó a Belén, comenzó una revisión del
Antiguo Testamento, basada en la versión al griego de los Setenta
, consultando las Exaplas de Orígenes y el
texto hebreo que se usaba entonces en las sinagogas. Estos trabajos le fueron
robados, excepto el libro de Job y los salmos que, por haberse difundido
principalmente en Cuando hacía esta revisión decidió que sería mejor hacer
una traducción enteramente nueva y directa desde la lengua original, hebreo o
arameo, een vez de basarse en la versión de los
Setenta; pues si al principio, siguiendo una opinión que era relativamente
corriente, había considerado que la propia traducción como tal era inspirada,
había ido cambiando de parecer. Este trabajo, que duró hasta el 406, excluía
algunos de los libros deuterocanónicos. Su
traducción, importantísima, buscaba más la comprensión del lector que una
estricta literalidad, y en general resultaba muy esmerada. Su revisión del Nuevo Testamento es substancialmente
buena, aunque demasiado ligera. En el Antiguo Testamento, lo más conseguido
son los libros históricos que hizo al principio; la traducción del Pentateuco
y de Josué, hecha hacia el final, es menos cuidada. El texto griego
consultado a través de las Exaplas de Orígenes
influyó, sobre todo, en su revisión de los profetas; también la antigua
versión latina tuvo alguna influencia. Parece que el texto hebreo sobre el
que trabajó Jerónimo no era muy distinto del que ha llegado hasta nosotros. RESISTENCIA
A LA VERSION NUEVA La traducción de San Jerónimo tardó en imponerse, pues
chocaba a los que estaban acostumbrados a oír la versión tradicional. Hacia
el año 600, en tiempos de Gregorio Magno, ambas versiones se utilizaban por
un igual, y hacia los siglos viii-ix, RECONOCIMIENTO
DEL CONCILIO DE TRENTO El Concilio de Trento, en El Papa Pío Xll, en OTROS
ESCRITOS Pero la labor intelectual y doctrinal de San Jerónimo no
se agotó en las traducciones de los libros de El Evangelio de San Marcos, pertenece al género homilético. La traducción castellana se basa en el texto crítico
preparado por el monje benedictino G. Morin, que ha
realizado una excelente labor de reconstrucción del texto original del Santo
Doctor. Se trata de una serie de 10 homilías, algunas muy breves,
en las que el predicador desarrolla sólo algunos versículos. En ellas brilla
la enorme erudición, sagrada y profana, así como el conocimiento de las
costumbres y del ambiente palestino de San Jerónimo. Como exige el género homilético,
predominan las exhortaciones de carácter moral, aunque, tampoco faltan
referencia a errores heréticos y las advertencias sobre las artimañas del
Demonio contra Es característica de San Jerónimo sus comentarios a los
nombres judíos, y a las designaciones de la geografía palestinense,
que él estudió a fondo en sus libros «Onomastica»:
«Liber locorum», «Liber nominum», y a los cuales
alude espontáneamente en sus homilías y disertaciones. En otros escritos
dogmáticos y polémicos aborda temas clásicos como la virginidad, y combate en
ellos los errores de Orígenes y de Pelagio.
Escribió también una continuación a Sus cartas, de las cuales se conservan unas 120, resultan
de gran interés para MUERE
SANTA PAULA En 404, San Jerónimo vio morir a su inseparable amiga
Santa Paula y, pocos años después, cuando Roma fue saqueada por Alarico, gran número de romanos huyeron y se refugiaron
en el oriente. En aquella ocasión, San Jerónimo les escribió: ¿Quién hubiese
pensado que las hijas de esa poderosa ciudad tendrían que vagar un día, como
siervas o como esclavas, por las costas de Egipto y del Africa?
¿Quién se imaginaba que Belén iba a recibir a diario a nobles romanas, damas
distinguidas, criadas en la abundancia y reducidas a la miseria? No a todas
puedo ayudarlas, pero con todas me lamento y lloro y, completamente entregado
a los deberes que la caridad me impone para con ellas, he dejado a un lado
mis comentarios sobre Ezequiel y casi todos mis estudios. Porque ahora es
necesario traducir las palabras de MUERE SAN
EUSTOQUIO Y LE SIGUE SAN JERONIMO, TRADUCTOR, MONJE Y FUNDADOR Pocos días más tarde de morir Santa Eustoquio,
San Jerónimo la siguió a La literatura y la pintura han rodeado de fantasía y de
leyenda sus últimos momentos. El Padre Sigüenza, en su conocida biografía del
Santo y el pintor Domenichino, en su famoso cuadro,
han dado libre rienda a su fantasía en la descripción y pintura de su muerte.
Pero, con independencia de la leyenda, la persona de San Jerónimo emerge como
uno de los grandes Padres de Occidente, con su colosal e impresionante
cultura, sagrada y profana, su inmensa erudición, su capacidad de políglota,
su tenacidad y entrega al estudio y al trabajo, su devoción a las Sagradas
Escrituras, su espíritu ascético y contemplativo, su inquebrantable ansia de
verdad, su defensa de la virginidad, y su amor a |
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JESUS MARTI
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