|
|
|
SAN MATEO APOSTOL Y
EVANGELISTA |
|
Autor: JESUS MARTI BALLESTER |
|
21 DE SEPTIEMBRE |
|
JESÚS empezaba a llamar discípulos. El Reino de Dios no es
obra exclusiva de él. Se ha dignado trabajar en equipo, participar a los
hombres tan gran dignidad. Ha querido que compartamos los sudores con él como
quiere que llevemos la cruz con él. Los elegidos le acompañaban por los
pueblos de Galilea y del mundo y participaban sus más íntimos secretos. Ya
tenía seis elegidos, frutos de su oración al Padre: los dos hijos de Jonás,
los Bar-Jona, los dos
hijos del Zebedeo, Felipe y Bartolomé; todos pobres, sencillos, rudos e
ignorantes. Vivieron junto al Verbo de vida, escucharon sus palabras,
recogieron sus latidos. Eran simples pescadores galileos. Ningún sacerdote,
ningún escriba, ningún fariseo, ningún rabino. Hubo, en cambio, un publicano;
despreciable y odioso. Los evangelistas dan a San Mateo el nombre de Leví,
sólo Marcos lo llama, "hijo de Alfeo". Posiblemente Leví era su
nombre original y adoptó el mismo el nombre de Mateo cuando se convirtió en
seguidor de Jesús. Era galileo predicó la doctrina
de Cristo en oriente, pero nada cierto se sabe de ese periodo de su
existencia. La Iglesia también lo venera como mártir, aunque hasta la fecha,
se desconocen las causas y el lugar de su muerte. LOS PUBLICANOS Los .publicanos del Evangelio no tenían la categoría propia
de los recaudadores de Roma. Eran simples subordinados, cobraban, vigilaban y
exigían en nombre de las grandes compañías, que por estos empleados extendían
sus redes en todo el Imperio. Todos eran mirados con desprecio y ojeriza.
Nadie escogía ese oficio, o muy mal tenía que estar para ganarse la vida
ejerciéndolo. Por eso tenían que buscar a gente sin prestigio que perder y
sin escrúpulos que sufrir. Gente con entrañas duras, para que no se apiadasen
de las lágrimas ni de SACRILEGOS En Judea, el cobrador tenía un estigma más infamante aún,
porque el pago del tributo a los romanos estaba prohibido por la Ley, era un
sacrilegio; el que colaboraba en ese sacrilegio, hacía traición a su patria,
se vendía a los gentiles. Jerusalén era una teocracia. Es el pueblo de
Dios. Al ser invadida por los romanos, Jerusalén deja de pertenecer a Dios
convertida en provincia romana, gobernada por el emperador de Roma. Así es
como la condición de los publicanos sólo podía compararse con la de los
criminales y las prostitutas. Por eso una de las acusaciones que dirigían
contra Jesús, es que andaba con los publicanos y comía con ellos. Y no solamente
comía con ellos, sino que sacó de entre ellos a uno de sus apóstoles. EN CAFARNAUM. “SIGUEME” Fue en Cafarnaún, después de sus primeras excursiones a
través de Galilea, después de su encuentro con Baja Jesús hacia el puerto. Ha visto a Leví, sentado en el
telonio, banco de la recaudación de la contribución, se acerca y le dice:
"Sígueme." Y él, dejándolo todo, se levantó y echó a andar con el
Señor. La llamada la hace el Señor. “No me habéis elegido vosotros, soy yo
quien os he elegido". Nuestra vocación desciende de Dios. Seámosle
fieles, que es una llamada de predilección. Para Leví fue una llamada
inesperada y su respuesta fue una adhesión tan espontánea como Odiaba su pasado. Ya no se llamará Leví, sino Mateo, don
de Dios. En actitud humilde sigue a Jesús por los caminos, admira a Pedro,
que había sido un pescador honrado, mira a Juan con envidia porque halló al
Nazareno tan joven. Camina en silencio, casi avergonzado de si mismo; no
habla, ni se exhibe, ni promete. Escucha atento las parábolas del Salvador, y la rumia y las pesa, con el cuidado que antes ponía en pesar los
dineros. Más tarde las recogerá en un libro; escribirá la historia de
aquellos dos años de vida misionera; una historia en que él se oculta, como
antes se ocultaba entre el grupo de los doce. Sólo una vez hablará de si
mismo, y precisamente para decir que era publicano; para recordar la
dignación infinita de Jesús al levantarlo desde el abismo de la miseria
hasta las cimas de la gloria. EVANGELISTA Además de apóstol, Mateo fue evangelista. A él le debemos,
según San Papías, discípulo de los discípulos de
Jesús, la más antigua recopilación de dichos y hechos memorables del Señor,
que constituirán el primer Evangelio. Antes de separarse de sus compañeros
para predicar en tierras lejanas la doctrina que había escuchado con tanta
avidez, quiso dejarnos un gran tesoro. Debemos estar agradecidos a este
recaudador amable. Acostumbrado a los números, hecho a extender letras y
recibos, era casi un letrado al lado de Pedro, y tal vez se distinguía
también entre los demás por sus relatos de la vida de Jesús, por la facilidad
de la palabra, y por el arte de llevar el evangelio a las inteligencias y a
los corazones de los hijos de Israel. Pero un día tuvo que alejarse, como los
demás, y entonces fue cuando los primeros cristianos de Mateo la escribió en la lengua de sus compatriotas, en
arameo, la lengua en que Cristo había pronunciado sus discursos y sus
parábolas. Hoy sólo tenemos la traducción griega, un griego correcto y casi
clásico: pero delata su origen semita, desde las primeras palabras, desde las
genealogías del primer capitulo. Entre los ritmos de los oradores del ágora saltan de vez
en cuando las palabras rudas de los pescadores del lago de Genesaret -raca, córbona, gábbata-: y cuando nos parece oír a un discípulo del
Museo alejandrino, nos encontramos sumergidos en aquella Judea orgullosa de
sus tradiciones mosaicas y de su ciudad sagrada, en aquella Jerusalén
orgullosa de su templo y de sus sacerdotes, en aquel templo donde se pagaba
el diezmo de la menta y el comino, donde los descendientes de Aarón se
paseaban arrogantes, ostentando sus filacterias de pergamino ante la multitud
devota que les rodea y les aclama: "Rabbi, rabbi." Es la Jerusalén
de Agripa y de Gamaliel, la que vivía ya entre los
primeros presagios de la tormenta, pero aún no presentía el castigo del
deicidio. La memoria de Cristo estaba fresca todavía: apenas quince años
habían pasado desde que expiró en la cruz, cuando el antiguo publicano
recogía en un libro sus hechos y sus discursos. CONSERVAR LA DOCTRINA El único objeto que le guiaba era fijar la predicación
oral, que, al dispersarse por el mundo los Apóstoles, podría perder la
uniformidad y aquella autoridad que habla tenido hasta entonces. Lucas,
Marcos y Juan, se propondrán la misma finalidad. Los tres escribirán la vida
de Jesús, reproduciendo la enseñanza apostólica y recogiendo las expresiones
consagradas durante quince años. Esto explica sus concordancias y
divergencias. El Cristo de San Mateo, se nos figura menos familiar que
el de San Marcos, tan indulgente siempre frente a la rudeza de sus
discípulos: En Lucas aparece el Salvador dé los hombres; y Juan nos dará a
conocer más tarde el Verbo de Dios. Juan es el revelador de la vida interior
de Jesús y empieza a destacar la familia de Jesús que en su Evangelio
aparece ya con el nombre de DIFERENTES ESTILOS Pero lo que San Mateo se propone, ante todo, es enseñar,
recogiendo fielmente los discursos de su Maestro. No tiene el realismo expresivo que Marcos sabe dar a su
narración, ni la gracia conmovedora de San Lucas, ni la mirada penetrante de
San Juan, pero es más abundante; nos ha conservado más palabras de Jesús,
palabras sencillas y directas, y tan vivas, que nos parece oírlas con el
acento, con la entonación que tenían al salir de los labios del Hombre-Dios.
Sin el sentido cronológico de Lucas, Mateo tiene en la composición una
lucidez que no tiene Marcos; menos vida, pero más orden, más lógica, más
claridad. Antes de que Cristo le llamase a ocupar uno de los
primeros puestos en el reino de los Cielos, según su expresión favorita,
debió de ser apreciado por sus jefes por el cuidado y la regularidad con que
llevaba sus cuentas y sus papeles. |
|
JESUS MARTI
BALLESTER |
--