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22 DE FEBRERO

SANTA MARGARITA DE CORTONA (1247-1297)

Nueva María Magdalena, Santa Margarita es un ejemplo más de que nunca  es tarde para empezar en el camino de la santidad. Era hija de un labrador de la Toscana y perdió a su madre a los seis años. Una madrastra amargó su niñez por culpa de los celos, y parece ser que en ella está la causa de su vida licenciosa. Deseando abandonar el hogar y empleando su enorme belleza, conquistó a un marqués de Montepulciano que juró hacerla algún día su esposa. Huyó con él y le dio un hijo, sin que sus promesas de matrimonio llegaran nunca a hacerse realidad.

En 1273 su amante muere apuñalado y Margarita vuelve arrepentida a casa de sus padres, quienes, según algunas versiones, le cerraron la puerta. Guiada por unas piadosas damas, acudió a la parroquia con una soga al cuello y pidió perdón público por sus pecados. Después fue a Cortona, donde se dirigió a los padres franciscanos, los cuales le guiaron en una larga penitencia de tres años. Por fin fue admitida entre las penitentes de la tercera orden de San Francisco.

El resto de su vida estuvo dedicada casi por completo a la penitencia. Son famosos los relatos de sus austeridades y de las mortificaciones a las que sometía su cuerpo. Fundó un hospital, cuidó a las parturientas, a los enfermos y trabajó para los pobres, mientras a su alrededor se la seguía calumniando por su pasado pecador. Margarita acogía con gozo esta humillación continua que le recordaba constantemente cuál era el buen camino.

Hacia finales del año 1290, Margarita, baldada por el reuma y consumida por la fiebre, estaba visiblemente en el ocaso de su vida. Durante diecisiete días no pudo tomar ningún alimento. La ciudad entera vino a visitar a la enferma en su lecho de sarmientos. A todos  decía con sonrisa angélica: ”La salvación no es difícil; basta con amar”. Cuando le administraron la santa Unción, Margarita adoró profundamente a Aquel que muy pronto iba a contemplar en la gloria, y en los primeros albores de la mañana, según predicción suya, entregó su alma a Dios, diciendo: “¡Dios mío, os amo!”Murió a los cincuenta años, agotada por las austeridades. Fue canonizada después de la prueba de muchos milagros.