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5 de
Sep 2005 |
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REFLEXION DESDE DE |
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SAN PIO DE PIETRELCINA |
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Dios
fue preparando a Pío de Pietrelcina. Los
acontecimientos vitales extraordinarios de tan gran alcance que él tuvo que
protagonizar, siempre llegan acompañados de una propedéutica anterior, como
ocurrió con los niños de Fátima con la visión primera del ángel, con Santa
Teresa de Jesús con su oración de unión, de quietud y éxtasis iniciales en
privado, hasta llegar a sus levitaciones y transverberación; con San
Francisco de Asís, quien antes de la impresión de las Llagas vivió dramas y
Noches oscuras preparatorias del enorme acontecimiento, el más parecido al
reservado para San Pío de Pietrelcina, que les hace
más semejantes a Cristo crucificado. En 1910, Pío de Pietrelcina
tuvo un éxtasis en el que sintió un dolor agudísimo en las manos y en los
pies. En 1912, después de la misa sintió que le herían el corazón con un
dardo de fuego, tan vivo y ardiente, que, según escribió a su director
espiritual, pensó que se moría. Estos trances eran seguidos de noches oscuras
del espíritu, profundas y negras, dolorosísimas.
Corresponden al estadio de las Sextas Moradas de Santa Teresa. El
30 de mayo de 1918, el Padre Pío recibe la herida de amor, que le hace
exclamar: "¡Dios mío! ¡Bien mío!, ¿dónde estás? No te encuentro, no te
conozco; pero no puedo dejar de buscarte, vida de mi alma, que se está
muriendo! ¡Mi Dios y mi Todo! No puedo decirte otra cosa que ésta: ¿Por qué
me has abandonado? Fuera de esto, yo ignoro todas las cosas. Hasta ignoro el
vivir ya mi propia vida". |
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UN PERSONAJE CELESTE
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PIES Y MANOS TRASPASADOS Y MANANDO
SANGRE El
20 de septiembre de 1918, estando en el coro después de misa, entró en un
sosiego como de un dulce sueño, envuelto en un silencio total; se apoderó de
él una gran paz y abandono en un despojo total. Se vio ante un misterioso
personaje de cuyos pies y manos manaba abundante sangre. Su vista le llenó de
terror. Se sintió morir y parecía que el corazón se le salía del pecho.
Desapareció el personaje y entonces se percató de que sus manos, pies y
costado estaban traspasados y manaban sangre a borbotones. El dolor, los
espasmos y la confusión que le acompañan, junto al derroche de sangre que
mana de sus heridas, le hacen temer morir desangrado. El
Padre Pío dice: "Oraba y el gozo y el contento crecían en mí. Un gran
resplandor golpeó mis ojos y se me apareció Cristo llagado. No me dijo nada y
desapareció. Cuando volví en mí, me encontré caído en tierra, llagado,
sangrando las manos y los pies y el corazón y no tenía fuerzas para
levantarme. Arrastrándome como pude logré llegar a mi celda, atravesando el
largo corredor. Todos los padres estaban fuera del convento; me acosté y pedí
ver de nuevo a Jesús. Cuando entré dentro de mí y me di cuenta, miré despacio
mis llagas y prorrumpí en himnos de adoración y acción de gracias". |
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A IMAGEN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS En
agosto de 1224, Francisco se retiró con tres compañeros para ayunar cuarenta
días. Durante el retiro los sufrimientos de Cristo se convirtieron en el tema
de sus meditaciones. Mientras oraba tuvo la visión del serafín, y aparecieron
en su cuerpo las señales visibles de las cinco llagas del Crucificado. Un día
se le apareció un ángel y le dijo: "Vengo a confortarte y avisarte para
que te prepares con humildad y paciencia a recibir lo que Dios quiere hacer
de ti". "Estoy preparado para lo que él quiera", respondió.
Por la mañana del 14 de septiembre, fiesta de Francisco
quedó absorto, sin entender nada, envuelto en la mirada bondadosa de aquel
ser, que le hacía sentirse alegre y triste a la vez. Y mientras se preguntaba
la razón de aquel misterio, se le fueron formando en las manos y pies los
signos de los clavos, tal como los había visto en el crucificado. No eran
llagas o estigmas, sino clavos, formados por la carne hinchada por ambos
lados y ennegrecida. En el costado se abrió una llaga sangrante, que le
manchaba la túnica y los calzones. Explicaba fray León que el fenómeno fue
más palpable y real de lo que muchos creen, y que estuvo acompañado de otros
signos extraordinarios corroborados por testigos, que creyeron ver el monte
en llamas, iluminando el contorno como si ya hubiese salido el sol. Algunos
pastores de la comarca se asustaron, y unos arrieros que dormían se
levantaron y aparejaron sus mulas para proseguir su viaje, creyendo que era
de día. El
Hermano León nos ha dejado con la bendición autógrafa del santo, que se
conserva en Asís, una narración simple y clara del milagro. Describe el
costado derecho del santo como mostrando una herida abierta por una lanza,
mientras que sus manos y pies estaban atravesados por clavos negros de carne,
cuyas puntas estaban dobladas hacia atrás. Después de recibir los estigmas
Francisco sufrió dolores cada vez mayores en todo su cuerpo frágil, ya de por
sí debilitado por la continua mortificación. La diferencia de época, inicios
del siglo XIII, creyente, religioso y sacralizado, le ahorrará a Francisco lo
que el positivismo racionalista del siglo XX atormentó a Pío de Pietrelcina. |
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EL AMOR AL REINO COMO FIN
Dicen
que para que no sucumban a las tentaciones de vanidad y es mentira, porque si
hay caridad de verdad hay que saber que son más numerosas las tentaciones de
desaliento que necesitan estímulo y reconocimiento, que las de vanidad. Y se
sumergen en el silencio. Silencio porque la palabra que alaba nos parece que
si la damos a los demás, nos la restamos a nosotros. Llega el ostracismo. Lo
que no se alaba no existe, y la indiferencia, si no la malquerencia y la
rivalidad, intentan eso infantilmente, que el mérito no exista. Y el
apostolado, en este caso, es sólo apariencia, no realidad. Y por ese camino
se acaba en el desierto. |
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SALVAR ALMAS Salvar
almas por el amor y con el sacrificio es muy lento costoso, angustioso y
doloroso. Hay que preparar el instrumento, pulirlo, purificarlo, sanarlo,
santificarlo. Sólo el instrumento identificado con el Agente de la salvación
por la gracia que es Dios, puede hacer las grandes obras de Dios. De no ser
así, sólo se consiguen chapuzas. Hacer milagros para atraer a la gente, u
organizar actos folklóricos para que nos sigan, sería tentar a Dios. Jesús,
frente a esta seducción, que tanto atraía a sus contemporáneos e incluso a
sus discípulos, acepta el plan del Padre: el mesianismo doliente, profetizado
por Isaías, con los medios humildes y pobres propios del Reino de Dios. Es la
tentación del exhibicionismo, tan frecuente en los que están empeñados en
algún apostolado. Manifestarse. Dispuestos a gestos brillantes y espectaculares,
a dejarse llevar en olor de popularidad; rehuirán
todo lo que sea trabajo oscuro, anónimo, abnegado, silencioso. Dispuestos a
llevar la bandera, pero remisos a cargar con la cruz. |
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NO A LOS ÉXITOS FÁCILES El
evangelio no es la promesa de éxitos fáciles. ¿Sal o azúcar? ¿Hay que
eliminar la cruz para hacer un cristianismo más fácil? "Cuando la
verdadera doctrina es impopular, no es lícito buscar una fácil
popularidad" (Juan Pablo II. Cruzando el umbral de la esperanza). Es la
tentación que sufrirá ya en la cruz: "Baja para que creamos en ti".
"Todo esto te daré"... Si te ven sentado en un trono de oro, te
seguirán los hombres mejor que si te ven en la cruz... Es la tentación de la
idolatría; y la del mesianismo triunfalista, humano y terreno. Si en las otras
tentaciones no ha conseguido Satanás que Cristo rebaje su mesianismo al
simple materialismo de un reformador social, o al brillo de un milagrero,
intenta ahora que se limite al puro poder humano. Que se contente con el
mundo y se olvide de las almas: Da mihi coetera, animas tolle".
Los reinos de la tierra están fundados en la fuerza y se mantienen con la
mentira. ¿Cuántas veces se ha creído que el poder, el dinero, el dinero, eran
caminos apostólicos? |
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PAGAR EL PRECIO Pero
no vamos a ser tan ingenuos de pensar que las multitudes que llenaban la
plaza de San Pedro hasta el Tíber eran movidas por
la veneración de las llagas del Padre Pío. Son los innumerables milagros
suyos, los favores que las almas han recibido y reciben. Después de
multiplicar los panes el pueblo de Israel quiso aclamar Rey a Jesús. Pero son
menos lo que le siguen desinteresadamente y se detienen a pensar que tantos
milagros y misericordia y frutos de su apostolado han sido comprados con
sangre humana, lágrimas de un hombre, sufrimientos indecibles de una persona
doliente durante su larga vida Me parece que son pocos los cristianos
dispuestos a pagar el precio de la extensión del reino de Dios, aunque no sea
tan alto como el que pagó San Pío de Pietrelcina y,
más aún, el Maestro, el Crucificado del Calvario. Quizá
se busca el Reino, pero también el éxito y el triunfo. ¿Somos capaces de
posponer nuestro medro personal al éxito del Reino? Nos hemos creado un
cristianismo fácil y acomodaticio, y esto ya viene de lejos. Cuando Lutero comienza en el siglo XVI |
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SUPLO EN MI CARNE Nunca
debemos olvidar que San Pablo nos enseña cómo supera él con alegría sus
tribulaciones: “Suplo en mi carne lo que le falta a la pasión de Cristo”. ¿Es
que no fue completa? –Superabundante. – Pero en la cabeza, y ahora es a
nosotros, los miembros de esa cabeza a quienes nos corresponde ayudarle a
corredimir las almas del pecado con nuestros propios padecimientos por su
amor y el de los hombres, que nos vendrán dados o que con generosidad
habremos de proporcionarnos nosotros de acuerdo con nuestro diligencia
amorosa. Los
dolores del Padre Pío, no son sólo fisiológicos e incómodos. Sus llagas no
estaban allí de adorno. Su sufrimiento misterioso, es una participación del
de Cristo agonizante. Es un miembro eminente de |
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EL CALVARIO Y
Con
los ojos de la fe la comunidad reconoce a Jesús vivo con los signos de su
pasión y, junto a Tomás, llena de maravilla, puede repetir: «Señor mío y Dios
mío» (Jn 20, 28). |
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LAS MISAS MISTERIOSAS DEL PADRE
PIO Nadie
mejor que María nos puede enseñar a comprender y a vivir con fe y amor la
santa Misa, uniéndonos al sacrificio redentor de Cristo. Cuando recibimos la
comunión, como María y unidos a ella, nos abrazamos al madero que Jesús con
su amor ha transformado en instrumento de salvación y pronunciamos nuestro «amén»,
nuestro «sí» al Amor crucificado y resucitado. Siempre eran impresionantes
las misas del Padre Pío. Duraban hasta tres o cuatro horas y |
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CALVARIO EXTERNO A
pesar de que el doctor Fiesta publica el libro: "Entre los misterios de
la ciencia y las luces de la fe", el carácter sobrenatural de los
estigmas de Padre Pío"... El Papa Benedicto XV y el Santo Oficio envían
a San Giovanni Rotondo, observadores de confianza.
El 20 de marzo de 1920, llega por orden de Papa, el arzobispo de Simla, Anselmo Eduardo Kenealy,
desconfiado de las manifestaciones místicas. Al término de la visita,
escribe: “He venido, he visto y he sido vencido”. En San Giovanni Rotondo tenemos un verdadero santo, privilegiado por Dios
con las cinco llagas de la pasión y con otros regalos que leemos en la vida
de los grandes santos. No hay la mínima afectación en el comportamiento o en
la conversación del Padre Pío. Es observante y laborioso, recibe grandes
regalos del Dios. Sabe sufrir, y también sabe sonreír. |
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Sobre
el estigmatizado se acumulan las nubes de la gran "Prueba". Satanás
se prepara a desencadenar un violento ataque sobre el débil, enfermo,
doliente Padre Pío. El 18 de abril de 1920 llega a San Giovanni Rotondo el padre Agustín Gemelli,
fraile franciscano, médico, psicólogo, científico de fama mundial, que ha
fundado en Milán, la universidad del Sagrado Corazón. Se encuentra con el
padre Pío y recibe una favorable impresión y escribe: "Cada día
constatamos que el árbol franciscano da nuevos frutos y esto es el consuelo
más grande para quien se alimenta y vive de este maravilloso árbol".
Pero su actitud cambia cuando no le dejan ver y examinar como médico, los
estigmas del padre Pío sin un permiso del Papa. Decepcionado e irritado,
vierte afirmaciones imprudentes en una publicación sobre los estigmas de San
Francisco, sobre el fraile estigmatizado de Pietrelcina
y manifiesta juicios discutibles sobre él, azuzando, durante años disputas,
polémicas, juicios superficiales, incredulidad y escepticismo sobre sus estigmas,
sus fenómenos de bilocación, el perfume de violeta, de rosas y otras flores
que le acompaña. Con las intervenciones del padre Gemelli,
la actitud de las autoridades eclesiásticas empieza a cambiar hacia el padre
Pío. En enero 1922, muere el Papa y le sucede Achille
Ratti, Pío XI, milanés, amigo del Padre Gemelli. Fue tal la prueba que el padre Pío confiesa:
“Estoy extremadamente amargado y si Jesús no viene pronto en mi ayuda veo que
tendré que sucumbir bajo la prueba" |
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SUSPENDIDO A DIVINIS
El
Papa encarga al cardenal Silj, amigo y admirador de
padre Pío, que pregunte al superior del convento de San Giovanni Rotondo, si tal día y la misma y a tal hora el padre Pío
ha salido del convento. El Padre Pío no ha dejado el convento ni un instante.
Al oírlo el Papa dice: "Aquí está el dedo de Dios". A pesar de
ello, el 23 mayo de 1931 el Santo Oficio dicta: "Al Padre Pío de Pietrelcina le son retiradas todas las facultades
ministeriales menos la de celebrar Se
manifiesta: sereno y tranquilo. Come poco y no cena nunca, por la mañana no
desayuna ni toma el café. Los estigmas le causan pérdida continua de sangre,
un vaso pierde cada día. Le resulta doloroso caminar por los estigmas de los
pies. Le ven en el coro rezar, y que a menudo se seca las lágrimas. La figura
dulce y tierna de su hija espiritual predilecta, Cleonice
Morcaldi, que renunció al matrimonio dirigida por
el Padre Pío a la santidad, es su consuelo Durante el período del castigo del
Padre Pío, una de las pocas personas que pudo verlo cada día era Pedro el
ciego, a quien Cleonice le entregó una carta para
el Padre, confirmándole que ella y sus otras hijas espirituales están serenas
y llevan con paz la cruz de su separación. Cleonice
Morcaldi describe la desolación en que viven por la
separación del Padre Pío: Le destituyeron del cargo de Director de |
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MEDIO MILLÓN ASITEN A Para
Juan Pablo II canonizar al padre Pío fue una satisfacción personal, pues
siendo joven sacerdote en 1947, visitó al capuchino y se confesó con él; le
visitó otras dos veces en San Giovanni Rotondo,
siendo cardenal de Cracovia en 1974 y siendo Papa, el 23 de mayo de 1987.
Desde Cracovia le había escrito dos cartas, pidiéndole oraciones para que Wanda Poltawska, conocida suya
y madre de familia, fuera curada de cáncer; y agradeciéndole la "gracia
recibida". El domingo 16 de junio de 2002, el Sumo Pontífice pronunció,
con emoción y dificultad, la fórmula de la canonización: «Declaramos y
definimos que el Beato Pío de Pietrelcina es Santo
y le inscribimos en el catálogo de los santos». Su fiesta será celebrada en
toda Pero
no vamos a ser tan ingenuos de pensar que las multitudes que llenaban la
plaza de San Pedro hasta el Tíber lo hacían movidas
por la veneración de las llagas del Padre Pío. Eran los innumerables milagros
suyos, los favores que las almas habían recibido y reciben. Insisto; ¿cala el
pensamiento de que tantos milagros y misericordia y frutos de su apostolado
han sido comprados con sangre humana, lágrimas de un hombre, sufrimientos
indecibles de una persona doliente durante su larga vida? ¿Estamos los
cristianos dispuestos a pagar el precio de la extensión del reino de Dios,
aunque no sea tan alto como el que pagó San Pío de Pietrelcina
y, más aún, el Maestro, el Crucificado del Calvario? ¿O, por el contrario,
buscamos el Reino, pero también nuestro éxito y nuestro triunfo? ¿Somos
capaces de posponer nuestro medro personal al éxito del Reino? De todas
formas, su apoteosis fue un plebiscito de cariño al que tanto debían y de
cuyo dolor sigue viviendo |
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